23-02-2025, 05:50 PM
Por un momento, todo mi mundo se detiene. La sensación de expectativa se convierte en un incómodo vacío cuando me doy cuenta de que nada ha salido de mi cuerpo. Cero. Ni una gota. No hay ráfaga de alcohol, ni el característico aroma que suele acompañarlo. Solo aire. Un torpe suspiro de nada. El calor me sube al rostro en cuestión de segundos en cuanto escucho las burlas de Garnet. Siento cómo mis mejillas arden, no por el esfuerzo, sino por la vergüenza. "¿Cómo es posible que, después de todo este tiempo, el poder de mi fruta me falle en el peor momento? ¿Habré perdido el control sobre mi habilidad? ¿Mi cuerpo ha decidido traicionarme en el instante más inoportuno?12 Es un pensamiento aterrador, pero no tengo tiempo para preocuparme demasiado porque, aunque mi ataque inicial haya sido un desastre absoluto, el resultado es lo que cuenta. Garnet, por alguna razón, cayó en aquella "distracción". Quizá porque esperaba un torrente de líquido y no una ridícula exhalación vacía. Sea como sea, esa mínima duda en su mirada fue suficiente para darle aquellos dos puñetazos en su costado. El impacto es sólido, satisfactorio. Siento la resistencia de su cuerpo bajo mis nudillos, el peso de la carne y el músculo absorbiendo el golpe. Y ahí está, la otra cara de la moneda. Puede que mi fruta me haya fallado, pero mi instinto, mi determinación, mi propia fuerza siguen intactos. Y eso me llena de una emoción inesperada, una especie de euforia. Tal vez no haya salido como planeaba, pero lo he conseguido. De alguna manera, lo he conseguido.
El instante de euforia apenas dura un suspiro. Justo cuando me dispongo a seguir con mi ofensiva, sintiendo la adrenalina arder en mis venas, un impacto seco y brutal me golpea en el hombro izquierdo. Es como si una maza de hierro hubiera caído sobre mí con una precisión quirúrgica. No tengo tiempo de ver venir el ataque ni de reaccionar; simplemente lo siento. Un estruendo sordo resuena en mi carne, un eco de dolor que se expande por toda mi extremidad. La fuerza del golpe es tal que mi visión se sacude, como si el mundo entero hubiera dado un vuelco momentáneo. Me desoriento por un instante, apenas tres segundos, pero se sienten como una eternidad. Un cosquilleo desagradable comienza a extenderse por la zona impactada, un hormigueo persistente que amenaza con convertir mi brazo en un peso muerto. Trato de moverlo de inmediato, de comprobar si sigo teniendo control sobre él, y aunque lo consigo, el entumecimiento me frustra.
Garnet… Este tipo es una verdadera bestia. Su fuerza no solo es impresionante, sino que también sabe cuándo y cómo usarla. Me supera en poder físico, y eso es algo que debo aceptar. Pero en lugar de frustrarme, una idea me golpea con tanta fuerza como su puño, y es que es esto exactamente lo que necesito. Si quiero mejorar, si quiero convertirme en alguien realmente fuerte, necesito entrenar contra oponentes como él. Alguien que no se contenga, que me haga sentir cada golpe, que me haga comprender mis límites y me obligue a superarlos. El dolor en mi hombro es una prueba de que todavía hay mucho por hacer, mucho por aprender. Y eso me emociona. La batalla, la lucha, el dolor… todo se convierte en un rugido ensordecedor en mi pecho. Esto no me detendrá. No puede detenerme. Porque este es el tipo de desafío que me hará crecer, el fuego que templará mi espíritu hasta convertirme en alguien digno de ser llamado fuerte. Y no pienso retroceder ni un solo paso.
Cada fibra de mi ser se tensa, cada músculo arde con la intensidad de una forja encendida. No puedo permitirme dudar, no puedo permitirme fallar. Mi cuerpo aún resiente el golpe de Garnet, el entumecimiento en mi hombro izquierdo es una punzada latente, pero en lugar de debilitarme, aviva el fuego dentro de mí. La adrenalina fluye por mis venas como un torrente indomable, empapando cada pensamiento, cada movimiento, con la sola certeza de que este es el momento en el que debo superar mis propios límites. Mis ojos se clavan en Garnet, analizando cada movimiento, cada leve tensión en sus músculos. Sé que es fuerte, sé que me superaría sin esfuerzo si me enfrentara con miedo o vacilación. Pero yo no soy alguien que retrocede. No soy alguien que acepta el destino sin desafiarlo.
Hago un amague con mi brazo izquierdo, moviéndolo en un arco veloz como si fuera a lanzar un golpe devastador. Es un cebo, una trampa meticulosamente calculada. Siento el aire temblar con la expectativa del impacto, pero en el último instante, giro mi cadera con toda la potencia que puedo reunir. Mi brazo derecho se carga de una energía visceral, un ímpetu explosivo que nace desde lo más profundo de mi ser. -¡RYUKEN!- Ruge mi voz, vibrando con cada gramo de determinación y furia acumulada. El golpe no es solo un ataque, es una declaración. Una demostración absoluta de que puedo seguir creciendo, de que mis límites están hechos para ser destrozados. El puño surca el aire con la violencia de un trueno, con la potencia de un dragón alzando el vuelo. No es solo mi fuerza física la que lo impulsa, sino mi voluntad inquebrantable, mi deseo de convertirme en algo más grande, más fuerte, más imparable. Este golpe no es como los demás. Es el que definirá hasta dónde soy capaz de llegar.
El instante de euforia apenas dura un suspiro. Justo cuando me dispongo a seguir con mi ofensiva, sintiendo la adrenalina arder en mis venas, un impacto seco y brutal me golpea en el hombro izquierdo. Es como si una maza de hierro hubiera caído sobre mí con una precisión quirúrgica. No tengo tiempo de ver venir el ataque ni de reaccionar; simplemente lo siento. Un estruendo sordo resuena en mi carne, un eco de dolor que se expande por toda mi extremidad. La fuerza del golpe es tal que mi visión se sacude, como si el mundo entero hubiera dado un vuelco momentáneo. Me desoriento por un instante, apenas tres segundos, pero se sienten como una eternidad. Un cosquilleo desagradable comienza a extenderse por la zona impactada, un hormigueo persistente que amenaza con convertir mi brazo en un peso muerto. Trato de moverlo de inmediato, de comprobar si sigo teniendo control sobre él, y aunque lo consigo, el entumecimiento me frustra.
Garnet… Este tipo es una verdadera bestia. Su fuerza no solo es impresionante, sino que también sabe cuándo y cómo usarla. Me supera en poder físico, y eso es algo que debo aceptar. Pero en lugar de frustrarme, una idea me golpea con tanta fuerza como su puño, y es que es esto exactamente lo que necesito. Si quiero mejorar, si quiero convertirme en alguien realmente fuerte, necesito entrenar contra oponentes como él. Alguien que no se contenga, que me haga sentir cada golpe, que me haga comprender mis límites y me obligue a superarlos. El dolor en mi hombro es una prueba de que todavía hay mucho por hacer, mucho por aprender. Y eso me emociona. La batalla, la lucha, el dolor… todo se convierte en un rugido ensordecedor en mi pecho. Esto no me detendrá. No puede detenerme. Porque este es el tipo de desafío que me hará crecer, el fuego que templará mi espíritu hasta convertirme en alguien digno de ser llamado fuerte. Y no pienso retroceder ni un solo paso.
OST del momento
Cada fibra de mi ser se tensa, cada músculo arde con la intensidad de una forja encendida. No puedo permitirme dudar, no puedo permitirme fallar. Mi cuerpo aún resiente el golpe de Garnet, el entumecimiento en mi hombro izquierdo es una punzada latente, pero en lugar de debilitarme, aviva el fuego dentro de mí. La adrenalina fluye por mis venas como un torrente indomable, empapando cada pensamiento, cada movimiento, con la sola certeza de que este es el momento en el que debo superar mis propios límites. Mis ojos se clavan en Garnet, analizando cada movimiento, cada leve tensión en sus músculos. Sé que es fuerte, sé que me superaría sin esfuerzo si me enfrentara con miedo o vacilación. Pero yo no soy alguien que retrocede. No soy alguien que acepta el destino sin desafiarlo.
Hago un amague con mi brazo izquierdo, moviéndolo en un arco veloz como si fuera a lanzar un golpe devastador. Es un cebo, una trampa meticulosamente calculada. Siento el aire temblar con la expectativa del impacto, pero en el último instante, giro mi cadera con toda la potencia que puedo reunir. Mi brazo derecho se carga de una energía visceral, un ímpetu explosivo que nace desde lo más profundo de mi ser. -¡RYUKEN!- Ruge mi voz, vibrando con cada gramo de determinación y furia acumulada. El golpe no es solo un ataque, es una declaración. Una demostración absoluta de que puedo seguir creciendo, de que mis límites están hechos para ser destrozados. El puño surca el aire con la violencia de un trueno, con la potencia de un dragón alzando el vuelo. No es solo mi fuerza física la que lo impulsa, sino mi voluntad inquebrantable, mi deseo de convertirme en algo más grande, más fuerte, más imparable. Este golpe no es como los demás. Es el que definirá hasta dónde soy capaz de llegar.
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![[Imagen: oSgdXs8.png]](https://imgur.com/oSgdXs8.png)
Alas Negras
- Narro - Hablo -"Pienso" -
