23-02-2025, 11:44 PM
Me disponía a abalanzarme cuando vi a Rapax saltar a por el gimnasta azulado de metal. El consejo que me había dado en la playa de Kyodaina resonó en mi cabeza una vez más: “No saltes en medio de las peleas.” Pero, ¿cómo cojones íbamos a luchar contra el bicharraco volador, que ya bastante grande era, sin saltar para pegarle? Esta vez, como con Artur, tendría que hacer una excepción. O cambiar la norma a “No saltes en medio de una pelea, excepto que el hijo de puta al que quieres matar vuele.” En fin, vi cómo el feo peli blanco se despegaba del suelo, pero no llegó mucho más lejos. Un haz de luz salió de la palma derecha del ciborg e impactó de lleno en mi impulsivo compañero. La explosión que siguió estuvo muy cerca de alcanzarme, al punto que mis brazos se pusieron instintivamente ante mi rostro mientras el calor azotaba la zona. Rapax tendría serias quemaduras a partir de ahora. Otro paciente, como si no fuese suficiente con la rana de tres patas. Por si no fuera poco, el fuego también alcanzó al enmascarado Quetzalli Jr. Que se encontraba poco más cerca del terremoto humano que yo. Más pacientes para la consulta. Iba a tener que empezar a cobrar a mis compañeros de tripulación también por las consultas.
El hombre metálico aterrizó y se fijó esta vez en el pequeño tirador. No iba a permitir que siguiera atacando a los míos. Salí detrás de él corriendo, pero me paré a mitad de camino. Dos explosiones más se oyeron y el cuerpo azul cayó al suelo. El enemigo era rápido, pero nuestro tirador lo era más. La rana también se abalanzó a por él, seguido de Rapax, tan impulsivo como siempre. Perece que la adrenalina hacía que no parase de luchar pese a las quemaduras tan graves. El otro herido por quemaduras también corrió hacia el que yacía en el suelo con la cabeza en el barro y volvió a atacar. Yo me había alejado sin darme cuenta, seguramente de forma inconsciente conociendo el alcance de los ataques de Gin. Me encontraba ahora, mientras los demás atacaban, a doce metros del cuerpo tendido del enemigo. Mi temperamento tranquilo por naturaleza no quitaba que la sangre me hirviera llenando mi alma del deseo de abalanzarme a por el ser que nos había separado de Ashura por el momento y darle el golpe de gracia. Esperaría paciente mi turno, pero nadie me quitaría darle una buena hostia al gimnasta con voz metálica.
Artur había alzado el vuelo. Sentía como si un ángel de la guarda cubriese nuestros destinos y nos avisaría si algo más se acercaba. Ahora era mi turno de atacar. Todos habían hecho su movimiento y el rival estaba en el suelo. Corrí ahora a por él y salté paralelo al suelo, con el puño cerrado, mirando los dedos enfundados en guante en la dirección que apuntaba mi cabeza. En cuanto estuve a la altura del cuerpo del hombre metálico, mi brazo salió disparado, girando la mano e imprimiendo toda mi fuerza en aquel golpe que me habían enseñado cuando era solo un osezno, impactando en el ciborg y lanzándome a mí haca arriba. Giré en el aire y caí a cinco metros del que había recibido la lluvia de golpes quedando en su lado derecho. Acto seguido me aparté otros diez metros, sabiendo el potencial de ataque de este, y preparé mis puños para el siguiente ataque.
El hombre metálico aterrizó y se fijó esta vez en el pequeño tirador. No iba a permitir que siguiera atacando a los míos. Salí detrás de él corriendo, pero me paré a mitad de camino. Dos explosiones más se oyeron y el cuerpo azul cayó al suelo. El enemigo era rápido, pero nuestro tirador lo era más. La rana también se abalanzó a por él, seguido de Rapax, tan impulsivo como siempre. Perece que la adrenalina hacía que no parase de luchar pese a las quemaduras tan graves. El otro herido por quemaduras también corrió hacia el que yacía en el suelo con la cabeza en el barro y volvió a atacar. Yo me había alejado sin darme cuenta, seguramente de forma inconsciente conociendo el alcance de los ataques de Gin. Me encontraba ahora, mientras los demás atacaban, a doce metros del cuerpo tendido del enemigo. Mi temperamento tranquilo por naturaleza no quitaba que la sangre me hirviera llenando mi alma del deseo de abalanzarme a por el ser que nos había separado de Ashura por el momento y darle el golpe de gracia. Esperaría paciente mi turno, pero nadie me quitaría darle una buena hostia al gimnasta con voz metálica.
Artur había alzado el vuelo. Sentía como si un ángel de la guarda cubriese nuestros destinos y nos avisaría si algo más se acercaba. Ahora era mi turno de atacar. Todos habían hecho su movimiento y el rival estaba en el suelo. Corrí ahora a por él y salté paralelo al suelo, con el puño cerrado, mirando los dedos enfundados en guante en la dirección que apuntaba mi cabeza. En cuanto estuve a la altura del cuerpo del hombre metálico, mi brazo salió disparado, girando la mano e imprimiendo toda mi fuerza en aquel golpe que me habían enseñado cuando era solo un osezno, impactando en el ciborg y lanzándome a mí haca arriba. Giré en el aire y caí a cinco metros del que había recibido la lluvia de golpes quedando en su lado derecho. Acto seguido me aparté otros diez metros, sabiendo el potencial de ataque de este, y preparé mis puños para el siguiente ataque.
Información del turno
![[Imagen: 6BbPnnH.png]](https://i.imgur.com/6BbPnnH.png)
