[PRESENTE RELATIVO] - Aprendiendo un poquito más.
#15
El instante previo al mordisco fue como un parpadeo. Mis dientes estaban a punto de cerrarse sobre aquella cola cuando, de repente, sentí cómo la presión que me mantenía atrapado desaparecía de golpe. Mi cuerpo se elevó unos centímetros en el aire, un instante de ingravidez que me pilló desprevenido. No tuve tiempo de reaccionar. Antes de que pudiera comprender qué estaba ocurriendo, vi su puño dirigirse hacia mí con una velocidad brutal. No fue un golpe cualquiera. Fue como si el mundo entero se condensara en aquel impacto, un peso descomunal concentrado en un solo punto. Su puño chocó contra mi mandíbula con una fuerza tan devastadora que por un segundo todo se volvió blanco. No escuché nada, no sentí nada, solo una sacudida feroz que atravesó mi cráneo como un trueno.

El dolor fue inmediato, un ardor intenso que se propagó por toda mi cabeza, como si mi mandíbula estuviera a punto de partirse en dos. Mi cuello se dobló hacia atrás de manera violenta, y una corriente de electricidad recorrió mi columna, apagando mis sentidos por una fracción de segundo. El sabor metálico de la sangre inundó mi boca, caliente y espeso, y cuando mi cuerpo finalmente tocó el suelo, un impacto seco reverberó en mis huesos, expulsando todo el aire de mis pulmones. Por un instante, el mundo giró a mi alrededor. Mi vista se nubló y los sonidos se volvieron distantes, amortiguados. Sentí el suelo bajo mi espalda, frío y áspero, pero me costó reconocerlo. La adrenalina todavía latía en mi interior, diciéndome que me levantara, que no podía quedarme así. Pero mi cuerpo tenía otros planes. A pesar de que mi mente luchaba por mantenerse firme, mis extremidades se sentían pesadas, torpes. Traté de incorporarme, pero un latigazo de dolor en la mandíbula me hizo gruñir entre dientes.

El mareo era como una bruma espesa que envolvía mi mente, dificultando cada pensamiento, cada intento de reacción. Sentía la cabeza pesada, como si estuviera atrapado en un remolino de dolor que no dejaba de girar. No era solo la mandíbula, que aún latía con la intensidad de un tambor de guerra, sino todo mi cuerpo, una masa de músculos adoloridos que protestaban con cada pequeño movimiento. Mi respiración era irregular, entrecortada, mientras intentaba recuperar el aliento que aquel golpe brutal me había robado. Fue entonces cuando escuché la voz de Garnet, firme y llena de un matiz que no esperaba, y no era otra que admiración. Decía que estaba impresionado conmigo, que mi resistencia era digna de reconocimiento. Sus palabras encendieron una chispa dentro de mí, un fuego que el dolor no podía apagar. A pesar del cansancio, de la sensación de que mi cuerpo estaba hecho trizas, una sonrisa se dibujó en mi rostro. Me dolió incluso eso, pero no me importó. Garnet continuó, asegurando que me entrenaría hasta que Yojimbo llegara. Algo en su tono me hizo sentir un extraño orgullo, una satisfacción que iba más allá del simple reconocimiento.

Me pidió que me subiera a su espalda, y sin pensarlo demasiado, obedecí. Cada movimiento fue una pequeña batalla contra el dolor, pero no me quejé. Me aferré a su cuello con firmeza, sintiendo su fuerza, su presencia inquebrantable. Con un suspiro profundo, dejé que mis músculos se relajaran ligeramente, aunque sin soltarme del todo. Aún estaba débil, pero no derrotado. Mientras comenzábamos a marchar, el balanceo de su paso firme me hizo sentir una mezcla de seguridad y agotamiento. Cerré los ojos un instante, dejando que el viento me acariciara el rostro, y por primera vez desde que aquella pelea comenzó, sentí que el peor momento había pasado.

El vaivén rítmico de sus pasos hacía que mi cuerpo, agotado pero aún aferrado a su cuello, se meciera ligeramente con cada movimiento. A pesar del dolor que recorría cada fibra de mis músculos, mi espíritu seguía encendido, alimentado por la adrenalina y la emoción del combate. Garnet rompió el silencio con su tono imponente, diciéndome que debía tomarme unos días para recuperarme. Su consejo tenía sentido; después de todo, no estaba en las mejores condiciones, pero la idea de descansar me resultaba insoportable. -¡No, no, no, Garnet! Mañana a primera hora estaré entrenando nuevas técnicas y métodos de combate. ¡El descanso no existe en mi vocabulario!- Repliqué de inmediato, con una determinación feroz en mi voz.

Las palabras salieron de mi boca con la misma intensidad con la que latía mi corazón. En mi mente, ya visualizaba la próxima sesión de entrenamiento, imaginaba nuevas estrategias, golpes más certeros, movimientos más veloces. Había tanto por mejorar, tanto por aprender. No podía permitirme detenerme ni un segundo. Pero mi cuerpo tenía otros planes. Antes de que pudiera continuar con mi discurso lleno de determinación, un peso invisible se apoderó de mis párpados, haciéndolos caer como si estuvieran hechos de plomo. Mi mente seguía repasando la pelea, la emoción del combate, la satisfacción de haber resistido... y sin darme cuenta, me sumergí en la inconsciencia. Mientras el sueño me envolvía, una última idea atravesó mi mente con la fuerza de un relámpago: este entrenamiento había sido increíble. Sonreí levemente, incluso en mi estado de agotamiento absoluto. Sí, definitivamente había valido la pena.

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Alas Negras
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RE: [PRESENTE RELATIVO] - Aprendiendo un poquito más. - por Kenzo D. Fujiwara - 26-02-2025, 01:38 PM

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