28-02-2025, 09:06 PM
Todos parecían encantados con mis habilidades curativas. - Mirad y aprended. Así es como se cura de verdad - les dije a todos. No sabía si llegaría al punto de regenerar un brazo, pero podría intentarlo. Con un sonoro gargajo, empecé a preparar uno de mis mejores escupitajos para Garnet, que había sacado su pecho para probarlo. Su cara cambió de un momento a otro volviéndose más serio y dejando de estar tan predispuesto a que le escupiera. Al parecer, se había dado cuenta de que alguien venía hacia nosotros. No podía saber si se trataba de algún enemigo o no, pero viendo la que se había montado hace nada con la chatarra esa, volví a camuflarme por si las moscas.
Para cuando me quise dar cuenta, teníamos ante nosotros a un grupo enorme de marines mangurrianes en formación y a una mujer al fondo que parecía la líder pidiendo nuestra rendición. Al primer grito que pegó aquella mujer, me dio un sobresalto y se me pusieron las escamas de punta. No habíamos terminado de recuperarnos por completo de la anterior pelea y ahora nos encontrábamos con esto. Era con diferencia nuestro peor día en las islas, y seguro que Triana estaba por ahí de juerga ella sola. Volviendo a nuestro problema, bastó con echar un vistazo para darme cuenta de que teníamos a varios cientos de marines situados a unos siete burros de distancia, y a no mucho más de unos doce, a la mujer que nos había estado amenazando. Empecé a preocuparme. No me hacía falta sacar cuentas para saber que no tenía balas ni para empezar con ellos, y encima hablaba de refuerzos en el Archipiélago. ¿Seria el momento de escapar por patas simulando ser un simple e inocente camaleón de Sabaody que apareció ahí por casualidad? No lo descartaba, pero tal vez más tarde. De un momento a otro, Garnet había desaparecido de nuestro lado a una velocidad que no era capaz de percibir. Sasha y Kenzo tampoco se quedaron atrás, y se lanzaron a por el grupo sin pensárselo dos veces. Tobías parecía que iba a hacer lo mismo. - Bueno, de perdidos al río - pensé dejándome llevar. Aunque la mujer que parecía la mandamás estaba dentro de mi rango, tenía a su cargo a demasiada gente que podría ser un gran dolor de cabeza. No me quedaba otra opción que colaborar para deshacernos del tumulto y esperar que Garnet se encargara de ella.
Primavera del año 7
Eran las finales del campeonato de béisbol en las fiestas del pueblo. Tan solo una primavera atrás, Sam "el rarito de las cabras", Mery "la comemocos", los gemelos Bill y Will "los siameses siniestros", mi perro "el recogepelotas", y yo, solo éramos unos novatos que acababan de fundar el equipo que les llevaría a directos a las semifinales tras ganar su primer torneo. No fue fácil llegar hasta allí, pero con mucho esfuerzo lo conseguimos. El día de la final llovía, la tierra estaba mojada y resbalaba. Estábamos a tan solo una carrera de conseguir la victoria contra el equipo de Helen. Por desgracia, Sam "el rarito de las cabras" se había comido doce chocolatinas de golpe y no podía recorrer todas las bases. "Jolyne Jones de los Gatos Salvajes se posiciona para batear" dijo el comentarista a través de uno de los den den mushis repartidos por el descampado. Aunque eran rápidos, los movimientos del lanzador no eran ningún secreto para mí. Yo era la última esperanza para el equipo. La gente del pueblo mantenía la expectación y se podía escuchar algún grito por encima de otro. Al primer lanzamiento, apreté con fuerza el bate y...
Eso sería otra historia que contar. Corrí camuflada unos trece metros hacia el grupo de marines que quedaban entre Tobias y Kenzo. Situándome a unos dos metros de su formación, desenrollé mi lengua y agarré a uno de los marines por las piernas. No tenía balas suficientes para todos, pero todavía tenía mis recursos. Empecé a zarandearlo y a usarlo de bate para golpear al resto de sus compañeros, mientras lo usaba como escudo para bloquear sus ataques. También movía mi cola para golpear a lo que se pusiera a mi espalda. Tampoco es que me dieran pena, porque al fin y al cabo, ellos fueron los que atraparon a Yojimbo.
Ah, y para los curiosos, el partido acabó suspendiéndose por la lluvia.
Para cuando me quise dar cuenta, teníamos ante nosotros a un grupo enorme de marines mangurrianes en formación y a una mujer al fondo que parecía la líder pidiendo nuestra rendición. Al primer grito que pegó aquella mujer, me dio un sobresalto y se me pusieron las escamas de punta. No habíamos terminado de recuperarnos por completo de la anterior pelea y ahora nos encontrábamos con esto. Era con diferencia nuestro peor día en las islas, y seguro que Triana estaba por ahí de juerga ella sola. Volviendo a nuestro problema, bastó con echar un vistazo para darme cuenta de que teníamos a varios cientos de marines situados a unos siete burros de distancia, y a no mucho más de unos doce, a la mujer que nos había estado amenazando. Empecé a preocuparme. No me hacía falta sacar cuentas para saber que no tenía balas ni para empezar con ellos, y encima hablaba de refuerzos en el Archipiélago. ¿Seria el momento de escapar por patas simulando ser un simple e inocente camaleón de Sabaody que apareció ahí por casualidad? No lo descartaba, pero tal vez más tarde. De un momento a otro, Garnet había desaparecido de nuestro lado a una velocidad que no era capaz de percibir. Sasha y Kenzo tampoco se quedaron atrás, y se lanzaron a por el grupo sin pensárselo dos veces. Tobías parecía que iba a hacer lo mismo. - Bueno, de perdidos al río - pensé dejándome llevar. Aunque la mujer que parecía la mandamás estaba dentro de mi rango, tenía a su cargo a demasiada gente que podría ser un gran dolor de cabeza. No me quedaba otra opción que colaborar para deshacernos del tumulto y esperar que Garnet se encargara de ella.
Primavera del año 7
Eran las finales del campeonato de béisbol en las fiestas del pueblo. Tan solo una primavera atrás, Sam "el rarito de las cabras", Mery "la comemocos", los gemelos Bill y Will "los siameses siniestros", mi perro "el recogepelotas", y yo, solo éramos unos novatos que acababan de fundar el equipo que les llevaría a directos a las semifinales tras ganar su primer torneo. No fue fácil llegar hasta allí, pero con mucho esfuerzo lo conseguimos. El día de la final llovía, la tierra estaba mojada y resbalaba. Estábamos a tan solo una carrera de conseguir la victoria contra el equipo de Helen. Por desgracia, Sam "el rarito de las cabras" se había comido doce chocolatinas de golpe y no podía recorrer todas las bases. "Jolyne Jones de los Gatos Salvajes se posiciona para batear" dijo el comentarista a través de uno de los den den mushis repartidos por el descampado. Aunque eran rápidos, los movimientos del lanzador no eran ningún secreto para mí. Yo era la última esperanza para el equipo. La gente del pueblo mantenía la expectación y se podía escuchar algún grito por encima de otro. Al primer lanzamiento, apreté con fuerza el bate y...
Eso sería otra historia que contar. Corrí camuflada unos trece metros hacia el grupo de marines que quedaban entre Tobias y Kenzo. Situándome a unos dos metros de su formación, desenrollé mi lengua y agarré a uno de los marines por las piernas. No tenía balas suficientes para todos, pero todavía tenía mis recursos. Empecé a zarandearlo y a usarlo de bate para golpear al resto de sus compañeros, mientras lo usaba como escudo para bloquear sus ataques. También movía mi cola para golpear a lo que se pusiera a mi espalda. Tampoco es que me dieran pena, porque al fin y al cabo, ellos fueron los que atraparon a Yojimbo.
Ah, y para los curiosos, el partido acabó suspendiéndose por la lluvia.
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