01-03-2025, 02:41 AM
El eterno agradecimiento del dueño de la sucursal del banco Red Natnas era algo que tentaba en demasía al codicioso y ávaro espíritu del gran jefe de Magna pues, que una filial de la mayor entidad bancaria a escala mundial te debiera un favor no era cosa menor, o dicho de otra manera, era cosa mayor. Pero lejos de llevarse por la tentación de usar en ese mismo instante sus servicios, la cautela de Sohem fue mayor pues, ¿y si los Tenryubitos tenían controlada la sucursal? Podía resultar en un movimiento peligroso que acabara con la revelación de la identidad que se escondía tras el enmascarado. Una contrariedad, desde luego.
Por otro lado, intentando sacar provecho a dicho favor, el birkaniano Shoto, en pos de intentar saciar su sed de conocimiento e información, preguntó al mismo dueño - antes de que este entrara de nuevo en el edificio - si conocía algo sobre los Patriotas y si era allí, en el Archipiélago Sabaody, dónde la Marina realizaba sus pertinentes pruebas para poner a punto a estas obras de la ingeniería. El hombre, que se quedó pensativo durante algunos segundos, se encogió de hombros a la vez que negaba con la cabeza.- Témome que no conozco la respuesta a sus preguntas, señor. - Cesó de negar con la cabeza y se cruzó de brazos.- Desgraciadamente, todo lo que sé y recuerdo es lo que en su día salió en el periódico. - Descruzó los brazos y se inclinó con rectitud hacia el brillante genio.- Ruego que me perdone, señor. - Se dio la media vuelta y se dirigió - ahora sí - hacia el edificio.
Tras eso, todo el ajetreo que había en los astilleros debido al ataque del Patriota, volvería paulatinamente a la normalidad. Sus gentes volvían a pesar con tranquilidad, al igual que los comercios seguían tomando el curso que correspondiente. Y lo poco que había sido destruido, al estar en una zona en la que se aglomeraban grandes cantidades de carpinteros de toda índole, se repararía al cabo de los minutos. Todo volvía a la normalidad, sí, pero Magna no era precisamente un grupo caracterizado por estar conforme con la normalidad, para nada. Por ello, con todo resuelto y todas las posibles opciones planteadas, la idea de dar caza a algún criminal con una jugosa recompensa por su cabeza era apetecible. El Patriota les había sabido a poco y Viktor declaraba haber reconocido sendas banderas en su estancia en el archipiélago, facilitando considerablemente la identificación y seguimiento de criminales. Lo tenían todo a favor para dar una buena caza y, sin embargo, al caber la posibilidad de que otro de los Patriotas salidos de control pudieran irrumpir y jugársela a los cazadores, debían ir a por una opción mucho más segura, una que les diera el mayor beneficio con el menor de los riesgos. Con aquello en mente, Sohem movió ficha, sugiriendo que llamaran al vicealmirante de la marina y buen amigo suyo, Joe Joestar, en pos de reclamarles dinero por daños y perjuicios y, de paso, ofrecerles su ayuda a cambio de una suculenta tarifa. Casi que se podía escuchar el delicado y grácil sonido de una máquina registradora abrir y cerrarse ante la propuesta del enmascarado pero, ¿qué opinarían su segundo al mando y el científico? ¿Sería tan fácil convencer al que era ahora el hombre del momento en la marina?
Por otro lado, intentando sacar provecho a dicho favor, el birkaniano Shoto, en pos de intentar saciar su sed de conocimiento e información, preguntó al mismo dueño - antes de que este entrara de nuevo en el edificio - si conocía algo sobre los Patriotas y si era allí, en el Archipiélago Sabaody, dónde la Marina realizaba sus pertinentes pruebas para poner a punto a estas obras de la ingeniería. El hombre, que se quedó pensativo durante algunos segundos, se encogió de hombros a la vez que negaba con la cabeza.- Témome que no conozco la respuesta a sus preguntas, señor. - Cesó de negar con la cabeza y se cruzó de brazos.- Desgraciadamente, todo lo que sé y recuerdo es lo que en su día salió en el periódico. - Descruzó los brazos y se inclinó con rectitud hacia el brillante genio.- Ruego que me perdone, señor. - Se dio la media vuelta y se dirigió - ahora sí - hacia el edificio.
Tras eso, todo el ajetreo que había en los astilleros debido al ataque del Patriota, volvería paulatinamente a la normalidad. Sus gentes volvían a pesar con tranquilidad, al igual que los comercios seguían tomando el curso que correspondiente. Y lo poco que había sido destruido, al estar en una zona en la que se aglomeraban grandes cantidades de carpinteros de toda índole, se repararía al cabo de los minutos. Todo volvía a la normalidad, sí, pero Magna no era precisamente un grupo caracterizado por estar conforme con la normalidad, para nada. Por ello, con todo resuelto y todas las posibles opciones planteadas, la idea de dar caza a algún criminal con una jugosa recompensa por su cabeza era apetecible. El Patriota les había sabido a poco y Viktor declaraba haber reconocido sendas banderas en su estancia en el archipiélago, facilitando considerablemente la identificación y seguimiento de criminales. Lo tenían todo a favor para dar una buena caza y, sin embargo, al caber la posibilidad de que otro de los Patriotas salidos de control pudieran irrumpir y jugársela a los cazadores, debían ir a por una opción mucho más segura, una que les diera el mayor beneficio con el menor de los riesgos. Con aquello en mente, Sohem movió ficha, sugiriendo que llamaran al vicealmirante de la marina y buen amigo suyo, Joe Joestar, en pos de reclamarles dinero por daños y perjuicios y, de paso, ofrecerles su ayuda a cambio de una suculenta tarifa. Casi que se podía escuchar el delicado y grácil sonido de una máquina registradora abrir y cerrarse ante la propuesta del enmascarado pero, ¿qué opinarían su segundo al mando y el científico? ¿Sería tan fácil convencer al que era ahora el hombre del momento en la marina?
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