05-03-2025, 03:54 PM
Gideon sacudió un poco su katana, como para limpiarla, y la envainó, miró a su alrededor. Habían acabado con todos sus oponentes, cada vez eran más fuertes y eso le hizo sentirse muy orgullosa. Kevin y Gideon estaban llegando poco a poco a un buen nivel, quizás algún día podrían atrapar a un gran pirata y llevarse a casa una buena recompensa con la que darse algún que otro capricho. La skypiean soñaba con poder comprar material que utilizar en sus grabaciones, pero no les sobraba tanto. Dejó caer esa ensoñación y miró hacia la pequeña criatura, la cual se lamía las heridas y se acercó hasta ella para restregarse contra su pierna como si de un gato se tratara. De fondo podía escuchar al pobre Kevin disculpándose hacia los cuerpos que yacían en el suelo.
— Pero qué cosita más adorable eres, illo, si pudiera te llevaba con nosotros, pero Omi es un celoso… —se agachó para acariciar la cabecita del animalillo con una sonrisa. Notó cómo intentaba llevarla hacia la casa. El animalito cayó al suelo por los tirones que daba al pantalón, pero no tardó nada en volver a la carga, esta vez se dirigió hasta la puerta y comenzó a pedir con ruidos que le siguieran. Kevin también parecía haberse dado cuenta y le había pedido que fuera ella primero.
— Está bien, pero vamos con cuidado, no te alejes mucho Kevin.
El pequeño animal entró y Gideon lo siguió. La mansión era enorme, recordaba los pasillos de las imágenes que le había traído su amigo fantasmagórico. Su poder era algo que le hacía sentir extraña. Tenía recuerdos de cosas y sitios que no había visto por sus propios ojos, pero que lo parecían. Sus propios recuerdos se mezclaban con los de los fantasmas. Volvió a ver las paredes marrones menos gastadas por el sol que las del exterior, la decoración y las alfombras, tanto la arquitectura como el interiorismo de Arabasta era algo que Gideon disfrutaba mucho de contemplar, era tan distinto a su ciudad natal. Las formas, las alturas, los colores… no tenía nada que ver y aún así podía ver la belleza. La skypiean amaba lo diferente, lo otro, lo desconocido, le hacían sentir mejor, le mostraban las distintas realidades que existían. Aquello hacía que amase sus propia disidencia.
Kevin había empezado a curiosear uno de los jarrones, que tenía pinta de ser caro, y comentaba que no le importaría vivir en un lugar como aquel.
— A mi tampoco, algún día tendremos una mansión como esta illo, estoy segura —le tendió una sonrisa—. Sigamos a la criaturita, a ver qué encontramos. Eso sí, no bajes la guardia.
Gideon colocó la mano en su katana, era tan familiar la empuñadura que a veces pensaba que era una extensión de su propio brazo. Una vez subieron hasta lo más alto, pudieron ver cómo el animalillo buscaba el rastro que había seguido hasta ahora, pero no pareció encontrarlo y corrió a refugiarse entre los pies de Gideon. La skypiean le sonrió y se fijó mejor en lo que tenían frente a ellos. En aquel pasillo había tres puertas de madera y cada una de ellas tenía un símbolo distinto tallado en ellas. Todas le llamaban la atención, el sol era precioso con esas líneas curvas; el niño pescando en la luna le inspiró nostalgia y las dos estrellas le cautivaron a pesar de su sencillez. Había que escoger una de ellas y Kevin ya estaba repasando la de opciones que tenían a partir de ahí. Gideon sabía que Kevin no quería que se separaran y ella tampoco lo quería así. No era viable defender a alguien que se encontrase en otra habitación. Sus fantasmas, como bien había dicho su compañero trajeado, tampoco eran muy buena idea, pues ya había causado problema utilizando uno de ellos. Quizás había que jugársela y ya. Tampoco les quedaba otra. Entonces, Kevin sugirió la primera de ellas, la del sol que tan precioso le había parecido a Gideon. Su justificación le sacó una pequeña sonrisa y pensó que si ella hubiese estado ahí para él todos los días habrían sido soleados, aunque hubiese tronado.
— Me parece bien, no sabemos que nos deparará ninguna, así que mejor seguir nuestro instinto. A mi también me inspira confianza —avanzó un poco hasta llegar a la puerta y colocó su mano libre en el pomo—. ¿Pequeñín vienes con nosotros?
El animalillo seguía con ellos, no sabía si les seguiría pero quería preguntar en caso de que así fuera. Sin más dilación abrió la puerta, aún con su otra mano en el mango de Blockbuster. Mentiría si dijera que en ese momento su corazón no iba a mil por hora, al igual que sus párpados.
— Pero qué cosita más adorable eres, illo, si pudiera te llevaba con nosotros, pero Omi es un celoso… —se agachó para acariciar la cabecita del animalillo con una sonrisa. Notó cómo intentaba llevarla hacia la casa. El animalito cayó al suelo por los tirones que daba al pantalón, pero no tardó nada en volver a la carga, esta vez se dirigió hasta la puerta y comenzó a pedir con ruidos que le siguieran. Kevin también parecía haberse dado cuenta y le había pedido que fuera ella primero.
— Está bien, pero vamos con cuidado, no te alejes mucho Kevin.
El pequeño animal entró y Gideon lo siguió. La mansión era enorme, recordaba los pasillos de las imágenes que le había traído su amigo fantasmagórico. Su poder era algo que le hacía sentir extraña. Tenía recuerdos de cosas y sitios que no había visto por sus propios ojos, pero que lo parecían. Sus propios recuerdos se mezclaban con los de los fantasmas. Volvió a ver las paredes marrones menos gastadas por el sol que las del exterior, la decoración y las alfombras, tanto la arquitectura como el interiorismo de Arabasta era algo que Gideon disfrutaba mucho de contemplar, era tan distinto a su ciudad natal. Las formas, las alturas, los colores… no tenía nada que ver y aún así podía ver la belleza. La skypiean amaba lo diferente, lo otro, lo desconocido, le hacían sentir mejor, le mostraban las distintas realidades que existían. Aquello hacía que amase sus propia disidencia.
Kevin había empezado a curiosear uno de los jarrones, que tenía pinta de ser caro, y comentaba que no le importaría vivir en un lugar como aquel.
— A mi tampoco, algún día tendremos una mansión como esta illo, estoy segura —le tendió una sonrisa—. Sigamos a la criaturita, a ver qué encontramos. Eso sí, no bajes la guardia.
Gideon colocó la mano en su katana, era tan familiar la empuñadura que a veces pensaba que era una extensión de su propio brazo. Una vez subieron hasta lo más alto, pudieron ver cómo el animalillo buscaba el rastro que había seguido hasta ahora, pero no pareció encontrarlo y corrió a refugiarse entre los pies de Gideon. La skypiean le sonrió y se fijó mejor en lo que tenían frente a ellos. En aquel pasillo había tres puertas de madera y cada una de ellas tenía un símbolo distinto tallado en ellas. Todas le llamaban la atención, el sol era precioso con esas líneas curvas; el niño pescando en la luna le inspiró nostalgia y las dos estrellas le cautivaron a pesar de su sencillez. Había que escoger una de ellas y Kevin ya estaba repasando la de opciones que tenían a partir de ahí. Gideon sabía que Kevin no quería que se separaran y ella tampoco lo quería así. No era viable defender a alguien que se encontrase en otra habitación. Sus fantasmas, como bien había dicho su compañero trajeado, tampoco eran muy buena idea, pues ya había causado problema utilizando uno de ellos. Quizás había que jugársela y ya. Tampoco les quedaba otra. Entonces, Kevin sugirió la primera de ellas, la del sol que tan precioso le había parecido a Gideon. Su justificación le sacó una pequeña sonrisa y pensó que si ella hubiese estado ahí para él todos los días habrían sido soleados, aunque hubiese tronado.
— Me parece bien, no sabemos que nos deparará ninguna, así que mejor seguir nuestro instinto. A mi también me inspira confianza —avanzó un poco hasta llegar a la puerta y colocó su mano libre en el pomo—. ¿Pequeñín vienes con nosotros?
El animalillo seguía con ellos, no sabía si les seguiría pero quería preguntar en caso de que así fuera. Sin más dilación abrió la puerta, aún con su otra mano en el mango de Blockbuster. Mentiría si dijera que en ese momento su corazón no iba a mil por hora, al igual que sus párpados.
RESUMEN
KARMAS
BÉLICO
INVENTARIO
OFF

<3