RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 48
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[personajeinvalido=1574]

Íbamos de camino a la casa de subastas, con Garnet manteniendo a nuestra rehén entre sus brazos y con Kenzo intentando emborracharla. ¿Qué más podía salir mal? Cuando di otro paso al frente, el viento empezó a levantarse. Todo era normal hasta que me di cuenta de que la ráfaga de viento me despegó los pies del suelo. Intente recobrar el equilibrio en medio de este torbellino como pude, moviendo los brazos y los pies como si nadara en un pantano, pero el viento me movía con fuerza y al final y no pude hacer otra cosa que dejarme llevar. - ¿Esto es lo que sintió la vieja vaca Betty cuando desapareció en aquella noche de tormenta? - pensé. En algún punto de ese vaivén, sentí un tirón en mi cola. Cuando miré hacia atrás, ahí estaba Kenzo agarrado a mí con la fuerza con la que un cochinillo recién nacido se aferraba a la vida.

El problema de estas subidas, es que después tendríamos que bajar, y si caíamos en el mar, estaríamos irremediablemente perdidos. Mientras gritaba del susto, unas lágrimas brotaron incontrolablemente de mis ojos. Por el viento, claro estaba. No porque fuéramos a morir ahogados, aplastados o muertos por inanición al acabar en el tejado de un campanario. Para cuando el tornado nos escupió, usé mi cola flexible y mi lengua para minimizar el impacto, pero acabé rodando unos cuantos metros por detrás de Kenzo. No teníamos suficiente con habernos separado de Triana, que ahora nosotros también andábamos perdidos por el Archipiélago.

El muchacho tampoco entendía cómo habíamos llegado hasta allí ni por qué todo había pasado tan rápido, pero ya que me preguntó, aproveché para sacar mi gran conocimiento popular. - Claro que me hago una idea, Kenzo. Es uno de los típicos tornados del sur que azotan con fuerza las cosechas. Uno de estos se llevó a mi vaca - afirmé convencida mientras me sacudía el polvo y la tierra de la ropa, y me recomponía del susto. También parecía preocupado por la presencia de marines en el Archipiélago, y con eso le respondí con sinceridad. - Con lo aburridos que están, no me extrañaría que apareciera otro millar de ellos. Pero no tienes nada que temer. Si nos los encontramos, yo te cubro aunque no me veas. Me llevé el pulgar al pecho para señalarme.

Estábamos tan expuestos en aquel lugar, que eché un vistazo rápido en todas las direcciones en busca de algún sitio en el que escondernos hasta conseguir hablar con el resto y reorganizarnos, pero un movimiento en el suelo llamó mi atención al mismo tiempo que Kenzo me avisaba de que venían más marines. Agudizando un poco más la vista, me percaté de que algo pequeño se acercaba al muchacho. Desconfiada, volví a mi estado de camuflaje, y aprovechando mi distancia, desenfundé mi rifle y apunté hacia el ser desconocido sin perderlo de vista. Parecía que estaba sola, pero con el día que estábamos teniendo, no me sorprendería otra emboscada. En aquel claro, a unos veinte metros detrás de Kenzo y a unos treinta de la enanita, me quedé esperando por lo que pudiera pasar. Era un ser pequeñito como una rata y de la misma belleza, pero andando a dos patas. ¿Sería un familiar directo de los topos? No sabía que la marina tuviera tal revoltijo de bichos, pero con todo el percal del que veníamos, no era de extrañar que el diminuto ser formara parte de los refuerzos que mencionó aquella mujer cuando nos rodearon.

En mi granja ya había tenido experiencias similares con seres así. Al principio solo es uno, y hasta te puede parecer gracioso encontrártelo por casa. Lo aceptas y, si haces buenas migas, hasta le pones algo de quesito para alimentarlo. Con el tiempo serán una docena, después cincuenta y, para cuando te quieres dar cuenta, tienes más de un centenar de esos bigotudos campando a sus anchas por el granero, royendo los calcetines y todo lo que se les ponga por delante. Aún así, no dejaban de ser agradables al no dejarme nunca sola.

No había mucho más que tener en cuenta a nuestro alrededor. Habíamos caído en un sitio desconocido para mí, prácticamente vacío y sin señales de vida ni de actividad salvo por la enanita. Seguramente todos los demás habrían conseguido huir del robot o del ejército de marines que asustaría hasta a un oso. Me sorprendió ver que ella, a diferencia de los marines que nos atacaron hace nada, se acercaba a nosotros con total naturalidad. ¿Qué querría de Kenzo? O se estaba haciendo la tonta, o no nos había reconocido. Tal vez haya venido aquí volando igual que nosotros.

Sin tener a Triana cerca, era difícil saber qué hacer para no liarla y que no me echara la bronca. Aunque bien sabía lo que me diría si estuviera por aquí. Aprovechando que se dirigía hacia el muchacho, me quedé vigilándola en silencio por si se le ocurría hacer cualquier cosa en su contra. Si se daba media vuelta y seguía por su camino, mejor para todos.

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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli

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RE: RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 48 - por Jolyne Jones - 07-03-2025, 03:11 PM

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