07-03-2025, 03:50 PM
[personajeinvalido=1588]
El devenir de mis pasos me condujo de un manglar a otro en el transcurso de los siguientes minutos después de mi partida frente a mis dos compañeros, finalmente haciéndome llegar hasta el manglar cuarenta. Caminaba, aun con cierto resquemor por las palabras del Vicealmirante Joe Joestar, con Ein Hauch sujeto con la mano izquierda y colocado sobre el hombro del mismo flanco, con la mano derecha en el bolsillo de la chaqueta y con mi nuevo abrigo morado oscuro cubriéndome los hombros y ondeando ligeramente al viento en aquella mañana de invierno, mientras la poca escarcha que aun quedaba en las zonas de sombra sin pisotear, se derretía con mi paso cercano fruto de mi incipiente carácter ardiente y el enfado que arrastraba conmigo, como si de una pesada losa se tratase, alimentando las brasas de mi fácilmente irascible psique y manteniéndome rumiando la contestación del marine — Ni si cintimpli ini binificiin pir diñis i prijiciis — dije por lo bajo, con un tono infantil, y chasqueé la lengua con sonora furia — La puta que te parió, Joe Joestar... — finalicé moviendo el hombro derecho en círculos dos veces, para destensar el cuello y tratar de relajarme.
Aparentemente el caos del archipiélago se había extendido por todas partes, y no sólo en el manglar del astillero donde nosotros nos habíamos topado con aquella hojalata débil y mal construida, si no que por aquí, por lo que parecía al ver a las personas corriendo y escapando a diestro y siniestro, también tendrían que estarse dando situaciones de conflicto. De hecho, una de ellas chocó su hombro con el mío y cayó al suelo, resultándole imposible moverme de mi posición debido a mi propia fuerza, y sólo obteniendo una mirada asesina desde detrás de mi inexpresivo yelmo agujereado, librándose de mi castigo visual, que acontecería al verbal y al físico, pero fue interrumpido por las disculpas de aquel hombre, que se levantó y siguió corriendo, aumentando aun más mi enfado al no sólo haberme tratado de empujar, si no haberse ido sin permitirme descargar mi verborrea con él. Mas cuando intenté abrir la boca para gritar una referencia escatológica hacia su árbol genealógico, un vendaval que sacudió mi abrigo con fiereza y me hizo prestar atención. Mi sentido del oído se vio avasallado por el zumbar del viento y sólo pude ver personas, animales y cosas volando en todas direcciones, todas provenientes de una explosión de corrientes de viento que partía desde el centro del archipiélago - aproximadamente, por lo que parecía indicar la extensión de la masa de tierra y vegetación alrededor - y te obligaba a obrar en consecuencia. Por lo visto, los huracanados vientos que llegaban a mi eran los resquicios y los remanentes de la explosión previa, pero no era lo suficiente como para hacerme volar en ninguna dirección.
Contrario a esto, un hombre quedó atorado de una de las ramas bajas del manglar, colgando de estas por su ropa interior, haciendo que arquease la ceja izquierda en señal de incredulidad, pero mayor fue esta cuando decidió cortar la tira que lo sostenía para caer al suelo y mostrar completamente sus desarrolladas partes íntimas, con los brazos en jarra y mirando en derredor. Chasqueé la lengua mientras negaba con la cabeza. Estaba rodeado de idiotas... pero por aquí no había Matrioscas de esos del Gobierno, así que seguí caminando ignorando todo lo demás. O eso me habría gustado que sucediera.
En algún momento un mink tigre pelirrojo se había acercado hacia mi de frente, quedando a diez metros de distancia, y me estaba llamando por mi nombre, preguntándome una obviedad — Es — respondí seco, clavando mi mirada en él. ¿Quién cojones era este y qué quería?. La duda pronto se solucionó, pues no tardó en presentarse y en decir que me conocía bastante bien. No era una sorpresa para mi que a estas alturas mi nombre o mi apariencia - o la apariencia de mi casco, mejor dicho - fueran reconocidas en uno u otro lugar, pues ya estaba empezando a labrarme una reputación, pero a mi su nombre no me decía nada y no tenía ningún tipo de interés en entablar una conversación con un mink nudista - y lampiño, pues tenía zonas sin pelo - con una severa urgencia de ortodoncia así que conteniendo la ira en las venas que bombeaban en mi sien y mi cuello, chasqueé la lengua antes de abrir la boca — Escucha Carmen Malo, no sé quién cojones eres y... — empecé a excusarme visiblemente molesto queriendo quitármelo de encima mientras adoptaba una postura atlética y remataba su presentación retándome abiertamente a un duelo.
Mis ojos se abrieron como platos ante tales palabras — ¿Un duelo? — pregunté abiertamente, incrédulo. Si me conocía - y reconocía - no tenía mucho sentido que me retase abiertamente a un duelo a no ser que confiase plenamente en sus habilidades. Alguien que quisiera mi mal, me abordaría de sorpresa para tener algún tipo de ventaja. Pero ¿quién podría querer mi mal?. Obviamente algún pirata resentido, algún miembro de un gremio de cazadores que buscaba afectar a Magna, o... ¿quizá un miembro del Gobierno Mundial siguiendo órdenes de mi familia? No, lo descarté al poco. Si fuera el caso no me habría llamado por el acrónimo que usaba como nombre, si no que habría usado mi nombre real. Pero fuera cual fuera el caso, este tipo había elegido el peor día y el peor momento para venir a tocarme los cojones - y a enseñármelos - e iba a pagar por los platos rotos de los demás. Por la vajilla entera, de hecho.
— Ven — ordené sin variar mi posición ni un ápice.
El devenir de mis pasos me condujo de un manglar a otro en el transcurso de los siguientes minutos después de mi partida frente a mis dos compañeros, finalmente haciéndome llegar hasta el manglar cuarenta. Caminaba, aun con cierto resquemor por las palabras del Vicealmirante Joe Joestar, con Ein Hauch sujeto con la mano izquierda y colocado sobre el hombro del mismo flanco, con la mano derecha en el bolsillo de la chaqueta y con mi nuevo abrigo morado oscuro cubriéndome los hombros y ondeando ligeramente al viento en aquella mañana de invierno, mientras la poca escarcha que aun quedaba en las zonas de sombra sin pisotear, se derretía con mi paso cercano fruto de mi incipiente carácter ardiente y el enfado que arrastraba conmigo, como si de una pesada losa se tratase, alimentando las brasas de mi fácilmente irascible psique y manteniéndome rumiando la contestación del marine — Ni si cintimpli ini binificiin pir diñis i prijiciis — dije por lo bajo, con un tono infantil, y chasqueé la lengua con sonora furia — La puta que te parió, Joe Joestar... — finalicé moviendo el hombro derecho en círculos dos veces, para destensar el cuello y tratar de relajarme.
Aparentemente el caos del archipiélago se había extendido por todas partes, y no sólo en el manglar del astillero donde nosotros nos habíamos topado con aquella hojalata débil y mal construida, si no que por aquí, por lo que parecía al ver a las personas corriendo y escapando a diestro y siniestro, también tendrían que estarse dando situaciones de conflicto. De hecho, una de ellas chocó su hombro con el mío y cayó al suelo, resultándole imposible moverme de mi posición debido a mi propia fuerza, y sólo obteniendo una mirada asesina desde detrás de mi inexpresivo yelmo agujereado, librándose de mi castigo visual, que acontecería al verbal y al físico, pero fue interrumpido por las disculpas de aquel hombre, que se levantó y siguió corriendo, aumentando aun más mi enfado al no sólo haberme tratado de empujar, si no haberse ido sin permitirme descargar mi verborrea con él. Mas cuando intenté abrir la boca para gritar una referencia escatológica hacia su árbol genealógico, un vendaval que sacudió mi abrigo con fiereza y me hizo prestar atención. Mi sentido del oído se vio avasallado por el zumbar del viento y sólo pude ver personas, animales y cosas volando en todas direcciones, todas provenientes de una explosión de corrientes de viento que partía desde el centro del archipiélago - aproximadamente, por lo que parecía indicar la extensión de la masa de tierra y vegetación alrededor - y te obligaba a obrar en consecuencia. Por lo visto, los huracanados vientos que llegaban a mi eran los resquicios y los remanentes de la explosión previa, pero no era lo suficiente como para hacerme volar en ninguna dirección.
Contrario a esto, un hombre quedó atorado de una de las ramas bajas del manglar, colgando de estas por su ropa interior, haciendo que arquease la ceja izquierda en señal de incredulidad, pero mayor fue esta cuando decidió cortar la tira que lo sostenía para caer al suelo y mostrar completamente sus desarrolladas partes íntimas, con los brazos en jarra y mirando en derredor. Chasqueé la lengua mientras negaba con la cabeza. Estaba rodeado de idiotas... pero por aquí no había Matrioscas de esos del Gobierno, así que seguí caminando ignorando todo lo demás. O eso me habría gustado que sucediera.
En algún momento un mink tigre pelirrojo se había acercado hacia mi de frente, quedando a diez metros de distancia, y me estaba llamando por mi nombre, preguntándome una obviedad — Es — respondí seco, clavando mi mirada en él. ¿Quién cojones era este y qué quería?. La duda pronto se solucionó, pues no tardó en presentarse y en decir que me conocía bastante bien. No era una sorpresa para mi que a estas alturas mi nombre o mi apariencia - o la apariencia de mi casco, mejor dicho - fueran reconocidas en uno u otro lugar, pues ya estaba empezando a labrarme una reputación, pero a mi su nombre no me decía nada y no tenía ningún tipo de interés en entablar una conversación con un mink nudista - y lampiño, pues tenía zonas sin pelo - con una severa urgencia de ortodoncia así que conteniendo la ira en las venas que bombeaban en mi sien y mi cuello, chasqueé la lengua antes de abrir la boca — Escucha Carmen Malo, no sé quién cojones eres y... — empecé a excusarme visiblemente molesto queriendo quitármelo de encima mientras adoptaba una postura atlética y remataba su presentación retándome abiertamente a un duelo.
Mis ojos se abrieron como platos ante tales palabras — ¿Un duelo? — pregunté abiertamente, incrédulo. Si me conocía - y reconocía - no tenía mucho sentido que me retase abiertamente a un duelo a no ser que confiase plenamente en sus habilidades. Alguien que quisiera mi mal, me abordaría de sorpresa para tener algún tipo de ventaja. Pero ¿quién podría querer mi mal?. Obviamente algún pirata resentido, algún miembro de un gremio de cazadores que buscaba afectar a Magna, o... ¿quizá un miembro del Gobierno Mundial siguiendo órdenes de mi familia? No, lo descarté al poco. Si fuera el caso no me habría llamado por el acrónimo que usaba como nombre, si no que habría usado mi nombre real. Pero fuera cual fuera el caso, este tipo había elegido el peor día y el peor momento para venir a tocarme los cojones - y a enseñármelos - e iba a pagar por los platos rotos de los demás. Por la vajilla entera, de hecho.
— Ven — ordené sin variar mi posición ni un ápice.
Anotación
Resumen
Gasto y daño
Karmas
Inventario
Contenido Oculto
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![[Imagen: mz3XEoL.png]](https://i.imgur.com/mz3XEoL.png)