RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 48
#8
Desde las alturas, con el viento enredando mi cabello y la pompa de licor manteniéndome suspendido en el aire, escudriñé el terreno con atención. La humedad del ambiente hacía que la brisa se sintiera pegajosa contra mi piel, pero no me desconcentré. Buscaba cualquier señal de refuerzos, cualquier destello de uniformes blancos entre la espesura del paisaje. Pero, aparentemente, no había nada, ningún movimiento ni ninguna sombra sospechosa.

La marine diminuta seguía ahí abajo, parloteando sobre algo que no me molesté en escuchar. Su voz, monótona y aburrida, se deslizaba como un murmullo sin importancia en el fondo de mi consciencia. No me interesaba lo que tuviera que decir. No me importaba. Alcé brevemente mi puño izquierdo, haciéndole un gesto a Jolyne, señalandole que no había marines en la zona. No al menos a simple vista. No había trampas, ni refuerzos ocultos esperando emboscarnos. Aún así, no bajé la guardia. No podía fiarme. Con los marines nunca se sabe.

Escuché entonces cómo la tontatta mencionaba mi fruta. Supongo que le intrigaba. No era raro; después de todo, no todos los días se ve a alguien flotando en una pompa de licor como si fuera lo más natural del mundo. Pero, honestamente, me daba igual lo que pensara. Aquí no se conversa con marines. No se les escucha. No se les da la oportunidad de hacerse los simpáticos o de encontrar un punto en común. Ellos capturaron a Yojimbo, y era por eso que iban a pagar por ello.

La sorpresa se dibujó en mi rostro en cuanto escuché mi nombre salir de los labios de la tontatta. Por un momento, un escalofrío recorrió mi espalda, aunque no por miedo, sino por la emoción de saber que mi nombre ya empezaba a resonar en el mundo. Que mi camino hacia la grandeza ya había comenzado. No era un don nadie, no era un simple grumete perdido en la inmensidad del mar, estaba dejando mi marca. Pero la emoción no duró mucho. Mi mirada se endureció.

Por muy inofensiva que pareciera, por mucho que su diminuta figura pudiera engañar a los incautos, seguía siendo una marine. Y los marines no eran amigos. Los marines eran obstáculos. Cadenas. Fuerzas que mantenían el mundo tal como estaba, impidiendo que aquellos como yo o mis compañeros, los que realmente tenían ambición, pudieran alcanzar el cielo. Mi mandíbula se tensó. Iba a responderle, quizá con sarcasmo, quizá con frialdad, cuando el disparo de Jolyne me sacó de golpe de mis pensamientos.

No dudé, no pensé, simplemente actué una vez escuché el disparo de mi nakama. Si Jolyne disparaba, significaba peligro. Y si había peligro, yo debía moverme. Sin perder un segundo, deslicé el índice de mi mano izquierda y la pompa de alcohol se movió con precisión en dirección a la marine. La hice avanzar con rapidez, para preparar mi ataque, para reducir su espacio, para quitarle cualquier oportunidad de respuesta antes de que pudiera convertirse en una amenaza real. Porque aunque fuera pequeña, aunque pareciera inofensiva, la historia me había enseñado algo muy claro, y era que cualquier marine, por diminuto que fuera, era capaz de convertirse en un problema.

El mundo pareció ralentizarse por un instante. No me fijé si aquella bala iba a la cabeza, al ojo o a cualquier otra parte del diminuto cuerpo de la marine. No tenía tiempo para detalles insignificantes. Solo importaba el golpe que vendría después.

Mi sangre rugió en mis venas. Mi cuerpo se tensó con una ferocidad que sólo se desataba en los momentos clave, cuando todo lo que importaba era el siguiente movimiento. La siguiente decisión. Y en ese momento, la decisión era aplastarla. Destruirla con un solo golpe. Salté de mi burbuja, el viento golpeó mi rostro mientras descendía como un meteoro, la burbuja de alcohol siguiendo mi dirección, que aunque más lento, iba como un cometa etéreo orbitando mi voluntad. El suelo se acercaba y mi objetivo se hacía cada vez más claro, más tangible.

Mi puño derecho se cerró con fuerza. Sentí la tensión en cada fibra de mi brazo, cada músculo preparándose para liberar toda su potencia. No era sólo un golpe. Era un juicio. Un estallido de poder que reduciría a la marine a nada más que un eco olvidado en la historia. Todo lo que nos envolvía quedó en un segundo plano. En ese instante, sólo existíamos ella y yo. Con un rugido que reverberó como el trueno en mitad de una tormenta, mi voz estalló en el aire. –¡¡¡¡¡RYUKEN!!!!!– Desaté mi ataque. El puño descendió como la furia de un dios vengador mientras ella estaba siendo empujada a causa del disparo. La fuerza de mi golpe era la de un titán decidido a aplastar cualquier obstáculo en su camino. El aire se comprimió, el impacto era inminente, sabiendo que este era un golpe que resonaría en la historia.

El impacto fue brutal. Mi puño chocó contra la cabeza de la marine con la fuerza de un cañón desatado. El golpe fue seco, contundente, el sonido del impacto resonó como un trueno en mitad del campo de batalla. Sin perder el ritmo, sentí el temblor recorrer mis nudillos, la vibración del choque disipándose por mi brazo como una descarga de pura intensidad. Pero no había tiempo para quedarme a observar los resultados. Así que sin dudarlo un segundo, aprovechando que paré su recorrido con el golpe, apoyé la palma izquierda contra el suelo y, con un giro ágil, lancé mi cuerpo hacia arriba, y utilizando la inercia del movimiento en caida, le proyecté otro potente puñetazo con mi zurda, en la cabeza otra vez. 

Hice una leve voltereta para caer bien en el terreno, y cuando puse los pies en el suelo, me impulsé hacia arriba, saltando hacia mi burbuja. En cuanto mis pies tocaron la superficie etérea y fluctuante de la esfera, extendí mi mano derecha y dejé que la burbuja respondiera a mi voluntad. La sentí como si fuera una extensión de mí mismo. Con un pequeño gesto, la guié hacia arriba, elevándome otra vez hasta alcanzar los tres metros de altura, pendiente por si la marine hacía algún gesto. Mis ojos no se desviaron ni un segundo de la marine. Mi respiración seguía acelerada, la adrenalina seguía en mis venas. Sin girar la cabeza, sin siquiera mirar a Jolyne, solté la pregunta, mi voz marcada por la tensión del momento. -¿Todo bien? ¿Qué ha hecho? ¿Estaba haciendo algo que no debería hacer?- Pregunté, siendo obvio que Jolyne al ser nuestra tiradora, tenía una visión mucho mejor que la de cualquiera de la tripulación. Hice una pausa, apretando los dientes. -¡Malditos marines! ¡ESTO ES POR HABER CAPTURADO AL FUTURO REY DE LOS PIRATAS! ¡SOMOS LOS ALAS NEGRAS! ¡VAMOS A POR TODOS VOSOTROS!- Estallé, completamente enfadado, sintiendo que el ardor de la rabia seguía prendiendo fuego en mi pecho.


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Alas Negras
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RE: RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 48 - por Kenzo D. Fujiwara - 10-03-2025, 02:41 AM

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