RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 46
#7
La respuesta del marine no se hizo esperar. La oferta sonaba tentadora, decía. Max sabía muy bien a dónde llegaría con aquellas palabras, pero decidió seguir escuchando con un respetuoso silencio. El choque de ideales no era raro tampoco en la Revolución, pero la idea general que perseguían todos era la misma. Los había más pacifistas y más radicales, pero trabajaban juntos en pos del mismo objetivo. Hizo una mueca de desagrado ante la idea de la marina como un símbolo de esperanza para la gente aterrorizada por los criminales. Entendía que el señor Don Manuel podía sentirse más seguro con dos marines patrullando las calles si sólo pensaba en la posibilidad de que un par de piratas sanguinolentos fuesen a llegar y a matarle mientras dormía. Después de todo, los piratas NO eran aliados de la Revolución como tal. Había piratas pacíficos, personas en busca de ociosa aventura al margen de la ley, pero también los había sanguinarios y despiadados como los Mushoku, que agredieron a Zorak sin motivo alguno. Los piratas, sin embargo, no eran el único enemigo de Don Manuel. ¿Quién le daría consuelo al pobre hombre ya jubilado cuando un trozo de inmundicia humana se presentase en su casa una buena tarde de primavera y decidiese que su hija tenía un precio? ¿Quién protegería a Don Manuel cuando las altas esferas de la marina, podridas hasta las trancas de desmedida corrupción, optasen por privarle de sus terrenos bajo la excusa de una pequeña pero importante expansión de los cuarteles que no sería otra cosa que una operación encubierta de blanqueo de capitales? ¿Quién protege, maldita sea, a Don Manuel del protector?

Apolo proponía algo curioso. Luchar contra el sistema desde dentro. Había conocido a mucha gente así en le pasado. —Hm —Un sencillo sonido fue su contestación ante la idea de pertenecer a un sistema pero disociarse lo suficiente como para no sentirse partícipe del mismo al tiempo que se pretende cambiarlo. —Para eso tendrías que ser incorruptible, Apolo. No estoy seguro de que el sistema te beneficie lo suficiente como para que logres algo así mientras mantienes tus principios. —Razonó. Ya es difícil ascender en una organización si no acometes las empresas hacia las que la misma se orienta, pero ascender mientras te opones abiertamente a ellas es imposible. Asintió ante su declaración de que no le detendría si se dirigía a la casa de subastas ahora mismo. —En ese caso no será necesario que nos enfrentemos. Tú por tu camino y yo por el mío, ¿no? —Lamentaba no haber podido persuadir al muchacho de que se uniera. Tenía una fuerza equiparable a la suya y la de Kisuke. Podría ostentar un rango importante en el ejército y luchar por sus ideales con total libertad... Pero sus decisiones eran suyas. —Antes de irme, eso sí, te haré un regalo. Debes de ser el primer marine que conozco que no es un imbécil incurable, lo cual no quiere decir que me caigas especialmente bien, pero por lo menos tienes algo de cabeza. —Se acercó un metro para salir del barrizal en el que se encontraba, ya que le venía mejor la tierra más o menos seca para lo que pretendía. Se agachó flexionando sus rodillas y llevando su cadera hacia atrás, como si se sentase sobre sus talones, y con su mano derecha empezó a hacer trazos en el suelo. El suelo se deformaba a su voluntad, como si ni siquiera estuviera hecho de suelo. Estaba escribiendo un número sobre el mismo. Su propio número. —He escrito aquí mi número de contacto, aunque actualmente no estoy en posesión del den den mushi al que pertenece. Espero recuperarlo pronto. Si en algún momento cambias de opinión, ya sabes a quién llamar. —Se irguió de nuevo cuando alto era y metió con desgarbo las manos en sus bolsillos. —Mas he de advertirte, Apolo, de que poseo una muy escasa tolerancia contra la traición. Si alguna vez empleas este número para tenderme a mí o a mis compañeros una trampa, te buscaré. —Decidió no concretar qué pasaría si le encontraba, pero supuso que el muchacho ya se lo podía imaginar. —Este es mi regalo. —Sentenció.

Acto seguido, echó una mirada al cielo y a sus alrededores. No le costó encontrar el norte gracias a la posición del sol y al reconocimiento del terreno que había visto en su frenético viaje aéreo. El sur, el camino hacia la casa de subastas, se encontraba a su izquierda, de modo que no tendría que acercarse más de la cuenta ni rodear a Apolo para marcharse. Eso lo hacía todo más sencillo. Se giró hacia esa dirección y empezó a caminar lentamente. —Si no te importa, me voy marchando... —Se excusó el panda, pero entonces recordó algo que había pasado por alto en su ansia por escuchar la respuesta del marine a su propuesta. —Y sí, me cargué a esa cosa. Espero poder encontrarme algún día con su creador para poder explicarle un par de cosas. —Se acordó de nuevo del profesor Utakata. Si aquellas máquinas no eran obra suya, que no lo parecían, acababa de añadir a otra persona a su lista negra. Dicho aquello, el panda continuó su camino.

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RE: RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 46 - por Max D. Bambú - 10-03-2025, 08:37 PM

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