Bodega de Carga
13:30hrs
¿Felicidades?
De una u otra forma han llegado a la penúltima área del galeón, la Bodega de Carga, la cual parece tener solo la mitad de largo que debería, sospechoso ¿no es así? Casi pueden saborear la victoria en la aventura, están llegando a la zona final, aunque cuidado con apresurarse. Aun les separa un acertijo de la Cámara el Tesoro el cual podría ser indescifrable.
Sin embargo, no han salido del todo ilesos. Una ventana rota había herido la mano derecha de Pralder y ninguno de sus compañeros se había inmutado ante tal hecho. Incluso el mismo Pralder había pasado olímpicamente de este evento, aplicandose las vendas que había encontrado en aquel camarote del capitán como si de un simple corte se tratara. Quizás la herida era mínima, pero espero no sea un error que luego le cueste caro al grupo de cazadores. Lo peor estaba por venir, y esto se mostraba en la psique de Pralder y Charel quienes con un poco de paranoia comentaban que no estaban solos, lamentablemente Casca no logra oír aquellas tribulaciones pues tras encontrar la clave que cerraba el candado había bajado a la bodega sin consultar con sus compañeros si se encontraban bien.
Charel sigue a Casca por la trampilla luego de observar con la lámpara de aceite que el camino era seguro, pero sirviendo para poco más aquella lámpara. Al momento en que esta desaparece por la trampilla, se escucha un crujido fuerte proveniente del piso del camarote el cual inevitablemente colapsa bajo el peso del semigigante haciéndole perder el reloj de arena que había tomado y cayendo con fuerza alado de Casca y Charel quienes podrían observar los huecos que se habían formado entre la bodega de carga y el camarote del capitán. No obstante, la resistencia de Pralder era un reflejo de su raza, y aquella caída no significaba nada para él, no era mas que un atajo para llegar a la bodega.
Al ingresar a la bodega de carga, un aire más frío y denso golpea la piel, impregnado con un leve olor a moho y humedad. El sonido más constante es el goteo lejano del agua que se filtra por las grietas del casco, un ritmo suave y persistente que parece marcar el tiempo dentro de este espacio oscuro y cerrado. Las cadenas de hierro y las barricas seguramente vacías se mueven lentamente, produciendo un sonido metálico bajo el agua, mientras que el crujir de la madera envejecida resuena débilmente en las paredes. El suelo está cubierto de charcos de agua estancada que reflejan la tenue luz que entra por las rendijas.
A medida que avanzan, los crujidos y el goteo se mezclan en una sinfonía de desolación, acompañados por la sensación de estar bajo la superficie, atrapado entre las paredes de este antiguo barco. En el piso encuentran una nota de papel mojado la cual reza: ‘el flujo correcto es la clave’, enfatizando que el orden adecuado en el que se abren las válvulas es importante, ¿o quizás lo sea mantener el caudal necesario de agua en cada apertura? Eso tendrán que averiguarlo por su cuenta.
La bodega, la cual mide 30 metros de largo por 3 de ancho y 7 de alto, está parcialmente inundada, con agua que normalmente llegaría hasta los tobillos, para los que miden en promedio 180cm. Las paredes están cubiertas de un brillo verdoso por el musgo, y las cajas flotan a la deriva, chocando suavemente unas contra otras. El espacio es poco claustrofóbico, con el techo relativamente alto (de 7 metros) y vigas que parecen estar a punto de colapsar.
Cuatro válvulas están colocadas en una pared que parece oxidada, cada una marcada con un símbolo distinto: una ola, un pez, un barco y un ancla. Al girar cada válvula pueden ver cómo cambia el símbolo de las mismas confirmando que los cuatro símbolos se repiten en cada válvula (es decir, cada válvula cuenta con un pez, un barco, una ola y un ancla).
En una de las paredes del camarote, a alguien (quizás el capitán, quizás otro loco) le dio por escribir lo siguiente:
“Atiende colega, que este texto va sin pegas.
El que come y canta, loco se levanta, así como el ancla pintada toa’ blanca.
Al barco mantiene firme a las corrientes, excepto de gente que ni remedio tienen.
Las olas te mueven y deberás ser fuerte, para aguantar sus embates, para aguantar sus vaivenes.
Los peces recorren el mar a su encanto, felices ignorantes, que acabaran, por tanto, en las fauces del lobo, en los dominios del santo.
Como me dijo mi abuela, aquí el que no corre vuela, así que apura colega, y continúa con cautela.”
13:30hrs
¿Felicidades?
De una u otra forma han llegado a la penúltima área del galeón, la Bodega de Carga, la cual parece tener solo la mitad de largo que debería, sospechoso ¿no es así? Casi pueden saborear la victoria en la aventura, están llegando a la zona final, aunque cuidado con apresurarse. Aun les separa un acertijo de la Cámara el Tesoro el cual podría ser indescifrable.
Sin embargo, no han salido del todo ilesos. Una ventana rota había herido la mano derecha de Pralder y ninguno de sus compañeros se había inmutado ante tal hecho. Incluso el mismo Pralder había pasado olímpicamente de este evento, aplicandose las vendas que había encontrado en aquel camarote del capitán como si de un simple corte se tratara. Quizás la herida era mínima, pero espero no sea un error que luego le cueste caro al grupo de cazadores. Lo peor estaba por venir, y esto se mostraba en la psique de Pralder y Charel quienes con un poco de paranoia comentaban que no estaban solos, lamentablemente Casca no logra oír aquellas tribulaciones pues tras encontrar la clave que cerraba el candado había bajado a la bodega sin consultar con sus compañeros si se encontraban bien.
Charel sigue a Casca por la trampilla luego de observar con la lámpara de aceite que el camino era seguro, pero sirviendo para poco más aquella lámpara. Al momento en que esta desaparece por la trampilla, se escucha un crujido fuerte proveniente del piso del camarote el cual inevitablemente colapsa bajo el peso del semigigante haciéndole perder el reloj de arena que había tomado y cayendo con fuerza alado de Casca y Charel quienes podrían observar los huecos que se habían formado entre la bodega de carga y el camarote del capitán. No obstante, la resistencia de Pralder era un reflejo de su raza, y aquella caída no significaba nada para él, no era mas que un atajo para llegar a la bodega.
Al ingresar a la bodega de carga, un aire más frío y denso golpea la piel, impregnado con un leve olor a moho y humedad. El sonido más constante es el goteo lejano del agua que se filtra por las grietas del casco, un ritmo suave y persistente que parece marcar el tiempo dentro de este espacio oscuro y cerrado. Las cadenas de hierro y las barricas seguramente vacías se mueven lentamente, produciendo un sonido metálico bajo el agua, mientras que el crujir de la madera envejecida resuena débilmente en las paredes. El suelo está cubierto de charcos de agua estancada que reflejan la tenue luz que entra por las rendijas.
Contenido Oculto
A medida que avanzan, los crujidos y el goteo se mezclan en una sinfonía de desolación, acompañados por la sensación de estar bajo la superficie, atrapado entre las paredes de este antiguo barco. En el piso encuentran una nota de papel mojado la cual reza: ‘el flujo correcto es la clave’, enfatizando que el orden adecuado en el que se abren las válvulas es importante, ¿o quizás lo sea mantener el caudal necesario de agua en cada apertura? Eso tendrán que averiguarlo por su cuenta.
La bodega, la cual mide 30 metros de largo por 3 de ancho y 7 de alto, está parcialmente inundada, con agua que normalmente llegaría hasta los tobillos, para los que miden en promedio 180cm. Las paredes están cubiertas de un brillo verdoso por el musgo, y las cajas flotan a la deriva, chocando suavemente unas contra otras. El espacio es poco claustrofóbico, con el techo relativamente alto (de 7 metros) y vigas que parecen estar a punto de colapsar.
Cuatro válvulas están colocadas en una pared que parece oxidada, cada una marcada con un símbolo distinto: una ola, un pez, un barco y un ancla. Al girar cada válvula pueden ver cómo cambia el símbolo de las mismas confirmando que los cuatro símbolos se repiten en cada válvula (es decir, cada válvula cuenta con un pez, un barco, una ola y un ancla).
En una de las paredes del camarote, a alguien (quizás el capitán, quizás otro loco) le dio por escribir lo siguiente:
“Atiende colega, que este texto va sin pegas.
El que come y canta, loco se levanta, así como el ancla pintada toa’ blanca.
Al barco mantiene firme a las corrientes, excepto de gente que ni remedio tienen.
Las olas te mueven y deberás ser fuerte, para aguantar sus embates, para aguantar sus vaivenes.
Los peces recorren el mar a su encanto, felices ignorantes, que acabaran, por tanto, en las fauces del lobo, en los dominios del santo.
Como me dijo mi abuela, aquí el que no corre vuela, así que apura colega, y continúa con cautela.”
Contenido Oculto
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