13-03-2025, 08:23 PM
La voz de Garnet no tardó en superponerse al constante sonido de los diales de calor y agua funcionando al mismo tiempo. Le agradó saber que ya se había levantado y que estaba camino de la ducha. Podría poner al día a sus compañeros acerca de lo ocurrido al final del torneo después del desayuno. Con toda la tranquilidad del mundo, pues no había prisa alguna, Don Bambú continuó tomándose su café skypieano sorbito a sorbito. Mientras aquel néctar químico, fundamento del asfalto moderno, descendía por su garganta y ponía en marcha sus sistemas, el panda trataba de entender él mismo qué había ocurrido exactamente. ¿Por qué mantuvo la consciencia cuando casi todo el mundo se había caído? No podía ser una cuestión de fuerza, porque había visto pelear a Garnet y bien sabía que le había superado con creces. También Karl había peleado, probablemente, mucho mejor de lo que habría peleado el panda. Aquella semioni con poderes extraordinarios procedentes de algún tipo de fruta de tipo zoan no tendría problemas en barrer el suelo con él. Y sin embargo, ambos habían caído mientras que Don Bambú permanecía en pie.
Le dedicó su atención a las tostadas, porque de café no vive un mink, y desvió sus recuerdos hacia sus antiguos compañeros revolucionarios. ¿Qué habría pensado Kovashi de aquella isla celestial? Nadja y Enma lo estarían pasando en grande, sin lugar a dudas. Khruner, por su parte, estaría ofendiendo a todos los habitantes de esta tierra mitológica lavándose los huevardos en un el río cercano. Probablemente incluso en el área designada para la pesca o la recolección de agua potable. Quizás el peliblanco se hubiera dedicado a probar los bares y los prostíbulos prohibidos de la civilización perdida de Shandora sólo para poder volver a Shimotsuki y gritar a los cuatro vientos que había catado licores y mujeres fuera del alcance de los meros mortales. Todos sin lugar a dudas habrían disfrutado de la experiencia al máximo, pero Don Bambú no se sentía como para experiencias en aquel momento.
Hace unos meses hubiera jurado a cualquiera que le preguntase que se encerraría en la biblioteca más cercana y trataría de absorber todos los conocimientos de aquella civilización lo más rápido posible. Hubiera visitado mercados autóctonos y adquirido extraños materiales. Hubiera pensado incluso en escribirle a aquellos autores que el mundo tachó de soñadores incurables por escribir sobre una isla en el cielo que sólo podía ser producto de vívidas fantasías. Pero allí estaba, una mañana de invierno sin ningún plan por delante ni ganas de acometer aventura alguna. Esta vez se contentaba con saber que sus amigos estaban bien, lejos de los peligros del mundo exterior.
Le dedicó su atención a las tostadas, porque de café no vive un mink, y desvió sus recuerdos hacia sus antiguos compañeros revolucionarios. ¿Qué habría pensado Kovashi de aquella isla celestial? Nadja y Enma lo estarían pasando en grande, sin lugar a dudas. Khruner, por su parte, estaría ofendiendo a todos los habitantes de esta tierra mitológica lavándose los huevardos en un el río cercano. Probablemente incluso en el área designada para la pesca o la recolección de agua potable. Quizás el peliblanco se hubiera dedicado a probar los bares y los prostíbulos prohibidos de la civilización perdida de Shandora sólo para poder volver a Shimotsuki y gritar a los cuatro vientos que había catado licores y mujeres fuera del alcance de los meros mortales. Todos sin lugar a dudas habrían disfrutado de la experiencia al máximo, pero Don Bambú no se sentía como para experiencias en aquel momento.
Hace unos meses hubiera jurado a cualquiera que le preguntase que se encerraría en la biblioteca más cercana y trataría de absorber todos los conocimientos de aquella civilización lo más rápido posible. Hubiera visitado mercados autóctonos y adquirido extraños materiales. Hubiera pensado incluso en escribirle a aquellos autores que el mundo tachó de soñadores incurables por escribir sobre una isla en el cielo que sólo podía ser producto de vívidas fantasías. Pero allí estaba, una mañana de invierno sin ningún plan por delante ni ganas de acometer aventura alguna. Esta vez se contentaba con saber que sus amigos estaban bien, lejos de los peligros del mundo exterior.
