[Pasado] - Descansar es entrenar
#10
El peso de las palabras de Garnet disipó la tensión que había estado acumulándose en mi pecho. No quería ser el que removiera recuerdos dolorosos, el que trajera fantasmas del pasado sin permiso. Pero su tono, su expresión, me dijeron que no era así. No era una herida que sangrara con facilidad, sino una cicatriz firme, testimonio de lo que había vivido. -Efectivamente, mi madre nunca morirá porque nunca la olvidaré. Y quien me diga lo contrario, probará el sabor de mis puños.- Crucé los brazos, sintiendo cómo una brasa de determinación ardía en mi interior.

No era una amenaza al aire. Lo decía con la misma convicción con la que había enfrentado la vida desde que la perdí. Mi madre no estaba en este mundo, pero vivía en cada recuerdo, en cada lección que me dejó, en cada gesto que hacía sin darme cuenta. ¿Acaso no era eso lo que la mantenía viva? Garnet no dijo nada de inmediato. La conversación siguió su curso, pero mi mente permaneció un momento en mis propias palabras. Recordar no era lo mismo que aferrarse al pasado. Era un acto de resistencia, de amor. Era mi forma de asegurarme de que, aunque la vida avanzara, ella siempre tendría un lugar en aquí.

Mis ojos se abrieron de par en par mientras Garnet relataba la historia de Finn Slingerland. No era solo un pirata más, ni siquiera un enemigo común; el tipo tenía una akuma no mi que le permitía hacer explotar cosas y, según sus palabras, podía transformarse en una especie de monstruo negro descomunal. Un demonio envuelto en llamas de destrucción, un rival que había llevado al límite a toda la tripulación. -¿Cómo conseguisteis los que quedabais derrotarlo?- Pregunté, sintiendo cómo la emoción trepaba por mi pecho. Imaginaba el caos, el estruendo de las explosiones, el fragor de la batalla. No esperé respuesta y continué soltando preguntas sin freno, casi sin pensar en lo que decía. -¿Cuál fue vuestra táctica? ¿Crees que yo podría haberlo vencido?- Mi mente ya maquinaba diferentes escenarios, diferentes estrategias. ¿Me habrían bastado mis reflejos? ¿Mi velocidad? ¿Habría podido esquivar sus explosiones, cerrar la distancia y asestar el golpe decisivo? Mi entusiasmo siguió desbordándose sin control. -¿Y Yojimbo? ¿Cómo habría salido parado contra ese tío? ¿Qué aprendiste de esa batalla?- Las palabras fluían sin que le diera tiempo a responder. Me detuve de golpe y cerré la boca con fuerza, mordiéndome la lengua antes de seguir atropellándolo con más preguntas. Había dejado que mi emoción hablara por mí, pero ahora necesitaba escuchar. Cada experiencia, cada estrategia, cada error y acierto que Garnet compartiera sería oro puro para mí. No solo quería saber, quería aprender. Si alguna vez me cruzaba con un enemigo así, no sería con los ojos cerrados.

La idea de entrenar con Sasha era interesante, pero había algo en su carácter que me hacía pensar que no se lo tomaría con ligereza. No era alguien que hiciera las cosas a medias, y si aceptaba mi propuesta, estaba casi seguro de que se ensañaría conmigo, exigiéndome más de lo que yo mismo esperaba. Eso no me molestaba. Al contrario, me gustaba la idea de un desafío. Cuando Garnet confirmó que Sasha aceptaría si se lo proponía, mi mente ya empezó a visualizar las sesiones de entrenamiento. Imaginaba su mirada severa, el tono exigente en su voz, sus ataques veloces forzándome a reaccionar con todo lo que tuviera. No iba a ser fácil, pero tampoco me asustaba. Porque si había algo que de verdad endurecía el espíritu, eran los entrenamientos con Kumatetsu. Eso sí era un infierno.

Recordé los días interminables corriendo bajo el sol abrasador, con el cuerpo cubierto de heridas y moretones, mis músculos temblando de agotamiento mientras Kumatetsu se burlaba de mi falta de resistencia. El dolor de sus golpes cuando me hacía fallar, la brutalidad con la que me exigía perfeccionar cada movimiento, como si mi vida dependiera de ello. Y en cierto modo, así era. Kumatetsu nunca tuvo piedad, nunca dejó que la debilidad fuera una opción. Comparado con eso, cualquier entrenamiento con Sasha sería un juego de niños. Podía exigirme lo que quisiera, que yo lo aguantaría. El infierno ya lo había vivido.

Ver a Garnet enfadarse por lo de Hinata me hizo recordar cuánto me dolía ese asunto. Su reacción era tan visceral, tan honesta, que me hizo sentir menos solo en mi frustración. Yo también había sentido rabia cuando me impusieron aquella absurda espera de cincuenta y siete años, pero en ese momento era un crío que no sabía qué hacer más allá de respetar la decisión de su familia. No quería ser el forastero que rompiera sus reglas, aunque en el fondo, me doliera cada segundo de esa condena disfrazada de tradición. Las palabras de Garnet, en cambio, tenían la fuerza de quien había vivido más, de quien entendía que el amor no se doblegaba ante normas arbitrarias. Decía que cuando volviera me declarara, que el amor no entendía de fronteras ni reglas. Sus palabras eran simples, pero en su tono había una convicción tan firme que por un momento creí que tenía razón.

Fue entonces cuando solté algo que había guardado durante demasiado tiempo. Sonreí, pero fue una sonrisa tímida, casi avergonzada, y confesé lo que en su momento nunca le dije a nadie. -Pues Garnet, escondidas en mi camarote tenía al menos veinte cartas que quería enviarle. Le contaba mis aventuras, lo que había visto, lo que había aprendido… Pero se perdieron cuando el barco se hundió.- Hice una pausa, sintiendo el peso de aquellas palabras en mi pecho. -¿Crees que debería habérselas enviado?- No sabía qué respuesta quería escuchar. Quizá esperaba que me dijera que hice bien en guardarlas, o quizá que fui un idiota por no haberlas mandado. Pero lo que más me aterraba era la idea de que, aunque las hubiera enviado, el resultado hubiera sido el mismo.
[Imagen: oSgdXs8.png]
Alas Negras
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RE: [Pasado] - Descansar es entrenar - por Kenzo D. Fujiwara - 19-03-2025, 05:15 PM

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