23-03-2025, 06:04 PM
El agua fría empapa mis botas cuando doy los primeros pasos en la bodega. La sensación pegajosa del musgo bajo la suela me provoca un escalofrío, y el hedor a moho y madera podrida impregna mis sentidos, metiéndose en la ropa y la piel como un recordatorio constante de lo inhóspito del lugar.
El sonido del agua goteando desde las vigas, mezclado con el vaivén de cajas flotando a la deriva, genera una sinfonía monótona y perturbadora. Este lugar ha estado abandonado por demasiado tiempo, y el estado en el que se encuentra lo deja claro.
El estrépito de la caída de Pralder aún resuena en mis oídos. Ha sido un golpe seco, madera astillada y un eco que se ha extendido por toda la bodega. Me giro rápidamente, esperando ver algún desastre, pero en su lugar me encuentro con la silueta imponente de Pralder incorporándose como si nada. Ni un rasguño. Menos mal que está bien.
Casca resopla con fastidio mientras se sacude el agua de la ropa. La luz tenue que se filtra por las rendijas del casco apenas ilumina su expresión, pero puedo notar la irritación en su postura.
—Podrías haber usado la escalera como el resto… —murmura Casca, y no puedo evitar alzar una ceja.
—No creo que hubiera podido aunque hubiera querido.
Mis ojos recorren la habitación, fijándose en las válvulas alineadas en la pared oxidada. La canción escrita en la pared es la clave; lo sabemos los tres. El ancla ha sido la primera, y Pralder ya la ha girado con su habitual entusiasmo. Ahora es mi turno.
Me acerco, pasando la mano por la superficie metálica. La humedad ha hecho estragos en la estructura, pero aún funcionan.
—Si seguimos la lógica de la canción… después del ancla debería ir el barco —razono en voz alta—. "Al barco mantiene firme a las corrientes, excepto de gente que ni remedio tienen."
Agarro la válvula con el símbolo del barco y la giro con firmeza. Un sonido gutural resuena por las tuberías ocultas tras la pared, y por un momento contengo la respiración, esperando algún desastre. Pero nada sucede.
—Bien, sigue la ola —digo, para mí misma.
—"Las olas te mueven y deberás ser fuerte…" —murmuro, citando la canción. Giro la siguiente válvula.
Un nuevo chirrido mecánico, y el nivel del agua en la bodega parece moverse ligeramente.
Finalmente, me acerco a la última válvula. La del pez.
—"Los peces recorren el mar a su encanto…"
Tomo aire y la giro.
El sistema parece reaccionar en su totalidad. Un sonido sordo, como si algo se desbloqueara en el interior de las paredes, vibra en el aire cargado de humedad. Por un momento, solo escuchamos el eco del agua goteando desde las vigas podridas.
Respiro profundo. Ya está hecho.
Pero antes de seguir adelante, dejo que mi vista se desplace por la habitación, analizando lo que tenemos alrededor. Algo sigue sin cuadrar.
El espacio es más pequeño de lo que debería ser para una bodega de carga en un galeón de este tamaño. Hay algo que no hemos descubierto aún.
Veo las cajas en la sala, veo que algunas flotan, símbolo inequívoco de que su contenido es liviano o inexistente, intento buscar a ver si hay alguna que no se deje llevar por la corriente.
El verdadero final de este acertijo aún nos espera.
El sonido del agua goteando desde las vigas, mezclado con el vaivén de cajas flotando a la deriva, genera una sinfonía monótona y perturbadora. Este lugar ha estado abandonado por demasiado tiempo, y el estado en el que se encuentra lo deja claro.
El estrépito de la caída de Pralder aún resuena en mis oídos. Ha sido un golpe seco, madera astillada y un eco que se ha extendido por toda la bodega. Me giro rápidamente, esperando ver algún desastre, pero en su lugar me encuentro con la silueta imponente de Pralder incorporándose como si nada. Ni un rasguño. Menos mal que está bien.
Casca resopla con fastidio mientras se sacude el agua de la ropa. La luz tenue que se filtra por las rendijas del casco apenas ilumina su expresión, pero puedo notar la irritación en su postura.
—Podrías haber usado la escalera como el resto… —murmura Casca, y no puedo evitar alzar una ceja.
—No creo que hubiera podido aunque hubiera querido.
Mis ojos recorren la habitación, fijándose en las válvulas alineadas en la pared oxidada. La canción escrita en la pared es la clave; lo sabemos los tres. El ancla ha sido la primera, y Pralder ya la ha girado con su habitual entusiasmo. Ahora es mi turno.
Me acerco, pasando la mano por la superficie metálica. La humedad ha hecho estragos en la estructura, pero aún funcionan.
—Si seguimos la lógica de la canción… después del ancla debería ir el barco —razono en voz alta—. "Al barco mantiene firme a las corrientes, excepto de gente que ni remedio tienen."
Agarro la válvula con el símbolo del barco y la giro con firmeza. Un sonido gutural resuena por las tuberías ocultas tras la pared, y por un momento contengo la respiración, esperando algún desastre. Pero nada sucede.
—Bien, sigue la ola —digo, para mí misma.
—"Las olas te mueven y deberás ser fuerte…" —murmuro, citando la canción. Giro la siguiente válvula.
Un nuevo chirrido mecánico, y el nivel del agua en la bodega parece moverse ligeramente.
Finalmente, me acerco a la última válvula. La del pez.
—"Los peces recorren el mar a su encanto…"
Tomo aire y la giro.
El sistema parece reaccionar en su totalidad. Un sonido sordo, como si algo se desbloqueara en el interior de las paredes, vibra en el aire cargado de humedad. Por un momento, solo escuchamos el eco del agua goteando desde las vigas podridas.
Respiro profundo. Ya está hecho.
Pero antes de seguir adelante, dejo que mi vista se desplace por la habitación, analizando lo que tenemos alrededor. Algo sigue sin cuadrar.
El espacio es más pequeño de lo que debería ser para una bodega de carga en un galeón de este tamaño. Hay algo que no hemos descubierto aún.
Veo las cajas en la sala, veo que algunas flotan, símbolo inequívoco de que su contenido es liviano o inexistente, intento buscar a ver si hay alguna que no se deje llevar por la corriente.
El verdadero final de este acertijo aún nos espera.
