29-03-2025, 01:40 AM
Alejándome un poco del tumulto de los tenderos, los feriantes y demás vendedores o timadores ambulantes de la zona, el ruido se relajó sobremanera. Era mucho más cómodo pensar cuando el ruido no abarrotaba mi sesera y, sinceramente, teníamos demasiado en lo que pensar. Después de haber conseguido algo de acero de buena calidad y de cuero grueso y maleable, solo quedaba abastecerse de madera de buena condición y densidad para poder realizar los mangos o agarres de las armas o herramientas que se precien. Y por suerte, habíamos atracado en el astillero que seguramente tuviera a bien venderme algún tronco o ramas cuya materia prima fuera suficiente para saciar mis necesidades de forja. Atrás iba quedando poco a poco la zona de tiendas y mis bolsillos pesaban por la cantidad de materiales en ellos. Mi abrigo, que quizá también merecía una mejora de calidad, o al menos unos remiendos, era casi un chaleco de lastre de proporciones bíblicas. Supongo que así entrenaba, de alguna manera, o eso es lo que mi ilusa mente divagante quería pensar mientras volvía a la zona donde teníamos atracado el barco. Estaba disfrutando del día que, pese al gentío que me abrumaba algunas veces, especialmente después de tanto tiempo con la única compañía del gremio, estaba siendo terriblemente satisfactorio y productivo.
— Bien… ¿y dónde puedo preguntar por algo de madera? — murmuré en voz baja mientras me acercaba al astillero. Unos hombres cargaban leños enormes de lado a lado y supuse que la mejor forma de saber de primera mano dónde conseguir maderas nobles era con ellos, ya que cargaban y descargaban para arreglar barcos. — Amigos, disculpad. — dije llamando su atención mientras me acercaba a la zona donde cargaban los troncos con esmero, ignorando prácticamente cualquier otra cosa. — Estoy buscando madera para fabricación. Densa y de buena calidad. ¿No venderéis aquí al por menor? — cuestioné a los dos hombres que parecían no inmutarse con mi presencia. Pasaron unos segundos largos y tensos hasta que uno de ellos, aun sin mirarme, se dirigió a mí con una voz ronca de fumador empedernido. — No vendemos, no. — espetó para, acto seguido, carraspear profundamente y escupir al suelo una cantidad de moco que bien podría sostener una espada si se lo plantease. — Pero se nos caen muchos trozos de madera que no nos sirven. Si te los llevas, eso que nos ahorras de trabajar. — concretó el fornido hombre mientras continuaba con su trabajo. — Me sirve. — pensé mientras observaba el suelo, lleno de ramas de mediano calibre que eran totalmente ignoradas por los hombres. Comencé a agacharme varias veces para recoger del suelo dos o tres ramas de buen tamaño y grosor que pudieran servir incluso para fundas de armas si fuera menester. — Muy agradecido, caballeros. — dije mientras abandonaba la escena con mi botín, de camino al Panzer, donde esperaba poder darle un buen uso a todo lo que había conseguido recolectar en un solo día. — Creo que mañana intentaré ir a otra zona, a ver si puedo conseguir alguna aleación distinta para hacer refuerzos a los trajes del gremio. Quizá incluso mejore el casco del jefe, si es que le da por quitárselo el suficiente tiempo como para que lo trabaje adecuadamente. — pensaba en voz alta mientras dejaba todo en la forja y volvía a la cocina. — Y ahora, un café. —
— Bien… ¿y dónde puedo preguntar por algo de madera? — murmuré en voz baja mientras me acercaba al astillero. Unos hombres cargaban leños enormes de lado a lado y supuse que la mejor forma de saber de primera mano dónde conseguir maderas nobles era con ellos, ya que cargaban y descargaban para arreglar barcos. — Amigos, disculpad. — dije llamando su atención mientras me acercaba a la zona donde cargaban los troncos con esmero, ignorando prácticamente cualquier otra cosa. — Estoy buscando madera para fabricación. Densa y de buena calidad. ¿No venderéis aquí al por menor? — cuestioné a los dos hombres que parecían no inmutarse con mi presencia. Pasaron unos segundos largos y tensos hasta que uno de ellos, aun sin mirarme, se dirigió a mí con una voz ronca de fumador empedernido. — No vendemos, no. — espetó para, acto seguido, carraspear profundamente y escupir al suelo una cantidad de moco que bien podría sostener una espada si se lo plantease. — Pero se nos caen muchos trozos de madera que no nos sirven. Si te los llevas, eso que nos ahorras de trabajar. — concretó el fornido hombre mientras continuaba con su trabajo. — Me sirve. — pensé mientras observaba el suelo, lleno de ramas de mediano calibre que eran totalmente ignoradas por los hombres. Comencé a agacharme varias veces para recoger del suelo dos o tres ramas de buen tamaño y grosor que pudieran servir incluso para fundas de armas si fuera menester. — Muy agradecido, caballeros. — dije mientras abandonaba la escena con mi botín, de camino al Panzer, donde esperaba poder darle un buen uso a todo lo que había conseguido recolectar en un solo día. — Creo que mañana intentaré ir a otra zona, a ver si puedo conseguir alguna aleación distinta para hacer refuerzos a los trajes del gremio. Quizá incluso mejore el casco del jefe, si es que le da por quitárselo el suficiente tiempo como para que lo trabaje adecuadamente. — pensaba en voz alta mientras dejaba todo en la forja y volvía a la cocina. — Y ahora, un café. —
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