03-04-2025, 02:12 AM
Una vez más, la distancia no iba a ser una molestia para la comodoro. Tobías estaba lo más alerta que sabía estar, pendiente de cada pestañeo de la marine, pero su velocidad era ridícula comparada con la de aquella agente de la Marina. Previendo que Karl se iba a abalanzar sobre él sin pensárselo dos veces, Tobías contrajo su dedo índice izquierdo hacia la culata del Finn-Lock, aquella maldita arma, de la cual debería haberse desecho hace mucho tiempo. El dolor arañaba su corazón cada vez que la miraba, solo en combate, ese dolor se dirigía a todos sus músculos, proveyéndolo de la fuerza necesaria para hacer lo imposible y evitar que más tragedia lo alimentara. Quizás esas gotas de valor compensaran el mar de sufrimiento. Una bala avanzaba hacia el suelo mientras se daba cuenta que la marine no venía exactamente por el frente, se había desviado hacia su derecha antes de arremeter contra él. Tobías aproximó su mentón al cuello, posicionando el ala de su sombrero en posición vertical, cubriendo sus ojos del fogonazo que iba a aparecer frente a él. La marine estaba demasiado cerca ya, se movía como un rayo, por mucho que pudiera sentirla, los músculos del pirata no eran suficientemente fuertes como para reaccionar a tiempo. El salto hacia atrás que pretendía el joven barba naranja fue disuelto en un leve instante.
Un fuerte golpe en su brazo que melló más su psique que su físico. El Finn-Lock se precipitó hacia el suelo, al mismo tiempo que su voluntad quedaba enterrada bajo sus pies. Cada vez estaba más cansado y más magullado. La balanza se decantaba rauda hacia el lado de la marine, no podría aguantar mucho más. Tenía que ser drástico, rendirse significaba abandonar a sus compañeros, cosa que jamás harían con él. Un instante fuera de si, eclipso el momento en el que Karl había agarrado el torso de Tobías sus garras. De vuelta en el mundo terrenal, el vaquero trató de asir su revolver con gran dificultad, mientras la marine, fuera de si, lo golpeaba fuertemente en la frente, despojándolo de su sombrero. Parecía ida, sin cesar de repetir que pretendía acabar con la vida de barba naranja. Un segundo golpe igual de potente en su desnuda cabeza. "¡Pascal! Mierda, tengo que protegerlo como sea." El pequeño reptil se quedó aferrado al interior del sombrero, y recodó al pistolero otra razón para no rendirse. Su mano había alcanzado el mango de su arma y comenzaba a alzarla, temblorosa. Tenía que apuntar a su cabeza, la parte de medir fuerzas había terminado, solo uno iba a salir con vida de allí. Eso hastiaba al vaquero, si por el fuera no habría habido ni una gota de sangre, aunque aquella situación no valoraba mucho esa opción, y aún así, no solo uno puede decidir. Con el codo pegado a sus costillas, el codo a cuarenta y cinco grados, apuntando con el revólver hacia la frente de la marine y el índice en el gatillo, una potente voz acaparó toda atención.
Provenía de muy lejos, sin perder demasiada intensidad a lo largo de su avance. Dos cortas palabras invocaron una tremenda explosión en uno de los manglares del archipiélago. El instante que utilizó Tobías para analizar que acababa de suceder, fue interrumpido por el tono de llamada de un Den Den Mushi que cargaba la marine. Algo gordo acababa de suceder y esa llamada lo confirmaba. El joven barba naranja no sabía que mensaje trataba de llegar a la comodoro, pero había altas probabilidades de que estuviera relacionado con aquella inmensa y desproporcionada explosión. El tiempo parecía haberse detenido y con él aquella afrenta. Fue el vaquero el que dio un pequeño empujón para que retomara su curso.
- Te apuesto un millón de Berries a que esa llamada es importante y está relacionada con la explosión. - Para el pirata, aquella marine se había convertido en una rival a futuro, si ambos salían con vida de allí, claro. El odio y el respeto se habían equilibrado. Por una parte, esa desmedida violencia y falta de raciocinio le asqueaban, pero su determinación y capacidades eran dignas de elogio. Si la marine no contestaba la llamada y volvía a centrarse en eliminar al vaquero, poca cosa podría hacer éste, lo único que tenía claro, era que la opción de rendirse estaba descartada. Esa llamada era el tablón más grande en el que agarrarse en aquel naufragio.
Un fuerte golpe en su brazo que melló más su psique que su físico. El Finn-Lock se precipitó hacia el suelo, al mismo tiempo que su voluntad quedaba enterrada bajo sus pies. Cada vez estaba más cansado y más magullado. La balanza se decantaba rauda hacia el lado de la marine, no podría aguantar mucho más. Tenía que ser drástico, rendirse significaba abandonar a sus compañeros, cosa que jamás harían con él. Un instante fuera de si, eclipso el momento en el que Karl había agarrado el torso de Tobías sus garras. De vuelta en el mundo terrenal, el vaquero trató de asir su revolver con gran dificultad, mientras la marine, fuera de si, lo golpeaba fuertemente en la frente, despojándolo de su sombrero. Parecía ida, sin cesar de repetir que pretendía acabar con la vida de barba naranja. Un segundo golpe igual de potente en su desnuda cabeza. "¡Pascal! Mierda, tengo que protegerlo como sea." El pequeño reptil se quedó aferrado al interior del sombrero, y recodó al pistolero otra razón para no rendirse. Su mano había alcanzado el mango de su arma y comenzaba a alzarla, temblorosa. Tenía que apuntar a su cabeza, la parte de medir fuerzas había terminado, solo uno iba a salir con vida de allí. Eso hastiaba al vaquero, si por el fuera no habría habido ni una gota de sangre, aunque aquella situación no valoraba mucho esa opción, y aún así, no solo uno puede decidir. Con el codo pegado a sus costillas, el codo a cuarenta y cinco grados, apuntando con el revólver hacia la frente de la marine y el índice en el gatillo, una potente voz acaparó toda atención.
Provenía de muy lejos, sin perder demasiada intensidad a lo largo de su avance. Dos cortas palabras invocaron una tremenda explosión en uno de los manglares del archipiélago. El instante que utilizó Tobías para analizar que acababa de suceder, fue interrumpido por el tono de llamada de un Den Den Mushi que cargaba la marine. Algo gordo acababa de suceder y esa llamada lo confirmaba. El joven barba naranja no sabía que mensaje trataba de llegar a la comodoro, pero había altas probabilidades de que estuviera relacionado con aquella inmensa y desproporcionada explosión. El tiempo parecía haberse detenido y con él aquella afrenta. Fue el vaquero el que dio un pequeño empujón para que retomara su curso.
- Te apuesto un millón de Berries a que esa llamada es importante y está relacionada con la explosión. - Para el pirata, aquella marine se había convertido en una rival a futuro, si ambos salían con vida de allí, claro. El odio y el respeto se habían equilibrado. Por una parte, esa desmedida violencia y falta de raciocinio le asqueaban, pero su determinación y capacidades eran dignas de elogio. Si la marine no contestaba la llamada y volvía a centrarse en eliminar al vaquero, poca cosa podría hacer éste, lo único que tenía claro, era que la opción de rendirse estaba descartada. Esa llamada era el tablón más grande en el que agarrarse en aquel naufragio.
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![[Imagen: l47Ucve.png]](https://imgur.com/l47Ucve.png)
