04-04-2025, 04:23 PM
Kiuske estaba un poco frustrado. No acaba de terminar de conectar con Onikiba. Era como una bestia salvaje que acepta a regañadientes ser domesticado, y a la mínima te lanza una dentellada. Aún tenía que domarla y no sabía como iba a hacer para hacerlo antes de las batallas que aún estaban por venir, porque sin lugar a dudas, cuando una espada y su portador consiguen enlazarse es a través de la experiencia en combate real. Y eso era una ley que aplicaba a cualquier espadachín, más allá de que fuese alguien que prestase atención a esos detalles o no.
"¿Qué es lo que podría hacer?"
Llevaba mucho tiempo entrenando con Onikiba, y no podía llegar al nivel de sincronía que tenía con sus otras katanas. Realmente no era algo alarmante, pero si suponía una molestia en la mente perfeccionista del antiguo pescador. Paro unos minutos y se acercó al árbol para comer y beber un poco, aprovechando para cavilar un poco sobre lo que estaba haciendo. Tras comer un poco, encendió un cigarro y dio un par de caladas tratando de dejar la mente en blanco para desconectar unos minutos y relajarse, quizá así fuese capaz de encontrar una respuesta a la pregunta etérea que se había hecho minutos atrás.
Se sentó con la espalda apoyada contra la raíz del árbol mangroove, con Onikiba desenvainada apoyada en su regazo. Estaba con la mente en blanco, huyendo de los agobios y las preocupaciones mundanas, simplemente fumando gracias a su memoria muscular, puesto que era un acto que hacía a diario muchísimas veces. Y sin darse cuenta, a Kisuke se le cerraron los ojos, cayendo sin quererlo en un sueño profundo, o algo parecido. De repente, se vio envuelto en una negrura absoluta pero no era capaz de abrir los ojos. Y escuchó una voz profunda y cazallera, como la de un anciano que lleva toda la vida desayunando con aguardiente de orujo.
-Me sorprende que hayas venido hasta aquí, lanzacañas...
Kisuke al fin, ante el insulto, pudo abrir los ojos y vio ante si a una figura enorme, de unos cuatro metros de alto, envuelto en un manto raído y oscuro, con una capucha calada hasta la nariz de la que solo se adivinaban unos colmillos inferiores muy largos y afilados, como dagas, y el brillo rojizo de unos ojos que reflejaban un ansia enorme de pelea. El capitán revolucionario no recordaba haber visto nunca a nadie así.
-¿Quién coño eres tú?
"¿Qué es lo que podría hacer?"
Llevaba mucho tiempo entrenando con Onikiba, y no podía llegar al nivel de sincronía que tenía con sus otras katanas. Realmente no era algo alarmante, pero si suponía una molestia en la mente perfeccionista del antiguo pescador. Paro unos minutos y se acercó al árbol para comer y beber un poco, aprovechando para cavilar un poco sobre lo que estaba haciendo. Tras comer un poco, encendió un cigarro y dio un par de caladas tratando de dejar la mente en blanco para desconectar unos minutos y relajarse, quizá así fuese capaz de encontrar una respuesta a la pregunta etérea que se había hecho minutos atrás.
Se sentó con la espalda apoyada contra la raíz del árbol mangroove, con Onikiba desenvainada apoyada en su regazo. Estaba con la mente en blanco, huyendo de los agobios y las preocupaciones mundanas, simplemente fumando gracias a su memoria muscular, puesto que era un acto que hacía a diario muchísimas veces. Y sin darse cuenta, a Kisuke se le cerraron los ojos, cayendo sin quererlo en un sueño profundo, o algo parecido. De repente, se vio envuelto en una negrura absoluta pero no era capaz de abrir los ojos. Y escuchó una voz profunda y cazallera, como la de un anciano que lleva toda la vida desayunando con aguardiente de orujo.
-Me sorprende que hayas venido hasta aquí, lanzacañas...
Kisuke al fin, ante el insulto, pudo abrir los ojos y vio ante si a una figura enorme, de unos cuatro metros de alto, envuelto en un manto raído y oscuro, con una capucha calada hasta la nariz de la que solo se adivinaban unos colmillos inferiores muy largos y afilados, como dagas, y el brillo rojizo de unos ojos que reflejaban un ansia enorme de pelea. El capitán revolucionario no recordaba haber visto nunca a nadie así.
-¿Quién coño eres tú?
