[Aventura T2 - Presente absoluto] - Desastre en las minas
#7
El silencio que siguió a la batalla era espeso, pesado como una losa de granito sobre los hombros de quien aún se mantenía en pie. El aire olía a sangre caliente, sudor y tierra removida. Y lo peor de todo, es que ahora ella estaba sola. Sus tres compañeros, valientes pero desafortunados, yacían tendidos en el suelo: uno inconsciente, otro gimiendo de dolor con una pierna claramente fracturada, y el tercero… bueno, el tercero no se movía. Y entonces, sin previo aviso, apareció él.-¡¿Qué demonios has hecho?!- Rugió una voz masculina, potente y llena de rabia. El grito no fue una pregunta, sino una acusación, y venía acompañado del reflejo metálico de un arma. Un hombre, de complexión robusta y con la mirada inyectada de ira, emergió entre una de las salidas de la cueva. Su arma, una katana, parecía una extensión de su brazo. No titubeó al apuntarla hacia ella. Le lanzó una mirada llena de ira y completamente desafiante. ¿Quién era ese hombre? ¿Otro enemigo? ¿Un aliado de los bandidos? ¿O alguien que había perdido algo por culpa del enfrentamiento? Todo en él parecía temblar de rabia… excepto sus ojos, que buscaban justicia. O venganza.

Dumati


El hombre no tardó en acortar distancias hasta quedarse a unos diez metros, sus pasos firmes y cargados de determinación removían el suelo bajo sus botas como si cada pisada fuese un juramento de violencia. Su presencia era imponente, no solo por su estatura o la musculatura tallada por años de batalla, sino por la intensidad de sus ojos. Eran oscuros, profundos, como pozos sin fondo donde se ocultaban secretos terribles y una furia apenas contenida. Su voz, cuando volvió a rugir, fue tan cortante como el filo que empuñaba. -Me llamo Dumati.- Dijo, con una dureza que pesaba más que el acero. -Y si no desapareces por donde has venido… juro que no dejaré piedra sobre piedra de este lugar. Ni tú, ni los tuyos, ni ningún otro perro con chaqueta marina se interpondrá en mi camino.- No era una amenaza lanzada al viento. Había una certeza cruda en cada palabra, como si ya hubiese derribado a decenas antes, y hacerlo una vez más fuera simplemente cuestión de tiempo. No parecía cansado, ni siquiera molesto, hablaba como alguien que ya ha decidido el desenlace de la historia. Un juicio, una sentencia. Su presencia llenaba aquella cueva con una tensión espesa, como si el aire mismo supiera que podía cortarse de un momento a otro. El eco de sus palabras se incrustó en la mente de Jean como espinas. Seguramente había oído su nombre en informes clasificados, quizás alguna vez en boca de algunos compañeros temerosos que hablaban de una sombra que caminaba entre ruinas y dejaba solo cenizas. Su amenaza no era vana.Dumati no se movió de su sitio, pero bastó con un paso más hacia adelante para que la atmósfera se tensara hasta volverse irrespirable. Un murcielago rompió por un segundo el silencio que se había formado tras las palabras del lider de aquella banda de bandidos que acababa de caer. Con una lentitud calculada, el hombre alzó de nuevo su espada, apuntando directamente al pecho de Jean, sin ocultar la amenaza en su gesto. Su rostro permanecía inmutable, pero en sus ojos, que eran como dos carbones encendidos de odio, ardía una advertencia tan clara como el filo de su arma. -No me hagas repetirlo otra vez, marine. De verdad que no quiero hacerte daño.- Gruñó, con una voz grave que parecía nacer desde lo más profundo de su pecho, como si cada palabra fuese arrancada a la fuerza de un alma ya condenada. -Esta no es tu guerra. Ni tu territorio. Da media vuelta y desaparece, o juro que hundiré esta hoja en tu corazón antes de que puedas pestañear.- El acero tembló con un reflejo opaco, manchado de antiguos combates. No era una amenaza vacía, y ambos lo sabían.


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[Imagen: oSgdXs8.png]
Alas Negras
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RE: [Aventura T2 - Presente absoluto] - Desastre en las minas - por Kenzo D. Fujiwara - 08-04-2025, 04:39 AM

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