[PRESENTE RELATIVO] El tigre borracho
#5
Todo sucedió en un abrir y cerrar de ojos, aunque para mí, cada instante pareció alargarse como si el tiempo se burlara de mi lentitud. Mis dos ataques, ejecutados con fuerza y precisión, cortaron únicamente el aire mientras Garnet, como un espectro escarlata, retrocedía con una zancada elegante y certera. Ni el primer intento, cargado de impulso, ni el segundo, con el giro añadido que buscaba sorprenderlo, lograron siquiera rozarlo. Apenas tuve tiempo de reajustar mi postura, aún con el cuerpo girando y los músculos tensos por el esfuerzo, cuando una presión en el aire me golpeó como un presagio funesto. La onda cortante no fue como cualquier otra que hubiera sentido antes. Venía moldeada con la forma de unas fauces, y su silueta parecía mordisquear la realidad misma mientras se abalanzaba hacia mí. No logré apartarme. La mandíbula etérea me alcanzó de lleno en la cabeza. Un crujido sordo retumbó en mi cráneo, aunque no supe si era real o simplemente el eco de mi percepción fracturada. El dolor fue inmediato y punzante, un latigazo que me cruzó de frente a nuca. Sentí cómo algo cálido comenzaba a resbalar por mi frente, un fino hilillo de sangre que se mezclaba con el sudor y se colaba por el lateral de mi ceja.

La peor parte no fue la herida, sino lo que vino después. Tres segundos. Tal vez menos. Pero en ese tiempo, todo giraba. El mundo, mis sentidos, incluso mi voluntad se tambaleaban como si hubieran sido empujados desde dentro. Mis pies se mantuvieron anclados por puro instinto, pero el vértigo me atrapó con la fuerza de una marea traicionera. Cerré los ojos un instante, buscando tierra firme en mi propia mente, luchando por no perder el foco, por no dejarme caer. -Maldito sea… No puedo… No puedo flaquear nada más empezar el entrenamiento...- Y aunque me costara, aunque cada latido me recordara el golpe, me forcé a mantenerme en pie. Garnet aún estaba ahí. Y esto no había terminado. Es más, sólo había empezado.

El vértigo se disolvió como la espuma de una ola que rompe y se desvanece en la arena. Tragué saliva con fuerza, recuperando al fin el control sobre mi cuerpo y mis sentidos. El zumbido en mis oídos persistía como un eco sordo, pero mis ojos volvieron a fijarse en el mundo con claridad, y lo primero que vi fue la silueta de Garnet, firme, arrogante, como si supiera que había ganado algo con ese golpe. No tan rápido, me dije, y una chispa de rabia encendió el motor que me empujaba a seguir en pie. No podía quedarme quieto, no después de ese impacto. Tenía que devolverle el golpe, de una forma u otra. Sin perder tiempo en pensar demasiado, porque, siendo realistas, pensar a veces sólo me estorba, dejé que mi instinto tomara el timón. Sentí cómo la presión en mi interior crecía, ese familiar ardor burbujeante que nacía desde lo más profundo de mi pecho y que siempre estaba listo para salir cuando más lo necesitaba. Abrí la boca y expulsé un chorro potente de alcohol, directo hacia el pecho de Garnet. El líquido salió con fuerza, brillante bajo la luz, describiendo una curva peligrosa en el aire, como un latigazo etéreo que buscaba engañar, más que dañar.

No esperé a ver el resultado. Apenas lancé el chorro, eché a correr hacia él en línea recta, cada zancada firme, cada paso cargado con la tensión acumulada de quien sabe que un solo error puede costarle más que un diente roto. Mi brazo derecho se tensó a mitad del camino, con el puño ya apretado, esperando el momento justo. Que mire el alcohol, que crea que eso es todo, esa es la idea. El sudor me resbalaba por la sien, y mi respiración se aceleraba, pero en mi cabeza sólo cabía una idea: hundirle el puño en la boca del estómago con todo lo que tenía. -¡¡¡RYUKEN!!!- Grité con todas mis fuerzas mientras le lanzaba mi puño en dirección a la boca de su estómago. Si el engaño funcionaba, si mi carrera no era detenida… entonces ese golpe iba a doler. Y mucho.

Es verdad que él era más rápido, más fuerte y más preciso. Cada movimiento suyo parecía medido, exacto, como si supiera de antemano lo que iba a hacer yo antes de que siquiera lo pensara. Garnet no era simplemente un rival difícil. Era una muralla de acero que me hacía sentir, por momentos, como un niño jugando a ser guerrero. Pero entonces, ¿Qué hacía yo aquí? ¿Por qué seguía de pie, con los nudillos colorados, los músculos ardiendo y el pecho agitado como un tambor de guerra? Porque esta era mi misión. Vencerlo. Así de simple. Y así de jodidamente imposible.  Pero imposible no significa rendirse. Jamás. Si algo me enseñó Kumatetsu fue que el tamaño de un obstáculo no dictaba el tamaño de mi voluntad.

Me lo repetía mientras lo observaba y me ponía en guardia tras mi último golpe, bajando el centro de gravedad, analizando sus gestos, sus pies, su respiración. ¿Dónde está su punto débil? No era invencible. Nadie lo es. Todo gigante tiene un talón, todo muro una grieta, aunque sea invisible al ojo desnudo. No podía superarlo en fuerza. Ni en velocidad. Así que tendría que hacerlo en astucia. En terquedad. En locura. Porque, a fin de cuentas, esa era mi ventaja: yo no tenía miedo de perder. No tenía orgullo que proteger. Sólo tenía un objetivo. Y me aferraría a él con uñas y dientes. Le dediqué una sonrisa torcida que no podía ocultar el temblor de mis piernas, no se si eran las ganas, los nervios o que, pero realmente, estaba deseoso de ganarle.

INFO

[Imagen: oSgdXs8.png]
Alas Negras
- Narro - Hablo -"Pienso" -
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5537 - 686 = 4851
Energia: 3376 - 408 = 2968
Espiritu: 546 + 0 = 546


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RE: [PRESENTE RELATIVO] El tigre borracho - por Kenzo D. Fujiwara - 09-04-2025, 08:07 PM
RE: [PRESENTE RELATIVO] El tigre borracho - por PX-2 - 14-05-2025, 12:40 PM

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