12-04-2025, 10:02 AM
(Última modificación: 12-04-2025, 10:04 AM por Kisuke Kageyama.)
[personajeinvalido=1593]
ost
Como era habitual, nadie contestaba al den den mushi. Kisuke soltó un gruñido de frustración y se encendió un cigarro, dando una calada mientras intentaba salir de aquel dichoso manglar 50. Ya que nadie le contestaba, lo más lógico era ir al punto que tenían establecido como base, su barco, el Saint Fermín, por lo que se iba a encaminar al manglar 0, cuando la silueta de un oso enorme apareció en el lugar. Panda había ido a buscarlo, a fin de cuentas. Parecía estar igual que antes de que se separasen lo cual no dejó de sorprenderle y el antiguo pescador se preguntaba cuan fuerte podía haberse hecho su compañero en aquel tiempo en ese condenado archipiélago. Tras saludarle con un gesto, observó como Panda miraba un momento con curiosidad aquel lugar.
-Apareció un puto Almirante de la Marina y aún no sé como he logrado sobrevivir... aunque casi me saca las tripas... kuhahahaha.
Señaló con un gesto el manchurrón de sangre que la herida del costado le había dejado, y que, poco a poco, seguía aumentando, tenía que cortar esa hemorragia cuanto antes, pero lo primero era encontrar al mega marrano y llegar al barco. Una vez allí no sabía que era lo que podían hacer puesto que el barco necesitaba un recubrimiento especial para poder llegar a la isla Gyojin ya que esta se encontraba en el lecho marino, pero no tenía la cabeza tan despejada como para pararse a pensar en ello en aquel momento.
Un rato después, que a Kisuke le parecieron horas, dada su impaciencia natural y el estado en el que se encontraba, se encontraron con el cerdo gigante, que estaba ileso y los tres se encaminaron hacia el manglar 0, donde estaba anclado su hogar, el Saint Fermín. En cuanto llegaron a los astilleros, unos tipos que parecían artesanos, se abalanzaron sobre ellos, ofreciéndose a recubrirles el barco, por el "módico" precio de cinco millones de berries. Kisuke arrugó el ceño, el ni siquiera tenía un millón de berries, y por lo que vio tras la "inspección" de Panda, sus compañeros andaban poco más o menos de dinero que él. Suspiró sacando de nuevo un cigarro y prendiéndolo.
-Estamos jodidos... Tenemos que salir de esta isla, lo que haya sido lo que ha provocado esa explosión es lo suficientemente importante como para que un almirante ignore a tres "criminales" buscados y peligrosos.
Miró en los alrededores por si era capaz de encontrar a algo (o alguien) que les pudiese sacar de aquel aprieto. Una mueca de desagrado cruzó su rostro al ver a lo lejos a los Mushoku y ver a Ashura. De verdad, ¿tenía que encontrarse otra vez con aquel tipo? Automáticamente y por instinto, activó su haki de armamento por si había problemas. Panda dijo que iría a hablar con ellos lo que no le parecía buena idea dada la demencia del pirata, pero sabía de sobra que su amigo mink era fuerte y debía tener algo en mente. Además le pidió a él que fuese en la otra dirección y se dirigiese a los Alas Negras, para ver si podían echarles un cable.
-Ten mucho cuidado con esos lunáticos Panda, a saber con que te salen.
Confiaba plenamente en el juicio y buen hacer de su compañero, además, por lo general, era mucho más diplomático que él. Por lo menos, el tendría que hablar con gente más sensata y receptiva, que además eran amigos del mink, y el propio Kisuke había comprobado que su capitana era alguien sensata y con buen juicio por lo que pudo apreciar en la batalla contra el Almirante Dimípalo. Se giró y vio que allí estaba aquella famosa tripulación, con Triana a la cabeza, y se encaminó hacia ellos. No conocía a nadie de aquella banda pirata, salvo a la capitana, por lo que supuso que sería mejor usar a Panda como comodín para que no sospechasen de él. Se detuvo a unos cinco metros de los piratas y dio una calada al cigarro con su mano izquierda en la que refulgió con un reflejo del sol el log pose en su muñeca que seguía indicando hacia el fondo marino.
-Triana, no esperaba verte tan pronto, pero necesito tu ayuda una vez más y Panda me ha pedido que venga a hablar con vosotros. Nuestro negociador está fuera de juego y necesitamos rebajar el precio que esos cabrones usureros le han puesto al coating, ¿podéis echarnos una mano con eso? Tengo un par de barriles de cerveza que me sobran...
No era alguien acostumbrado a pedir favores, siempre había tratado de valerse por si mismo, pero aquella era una situación crítica, ¿quién sabía que iba a ocurrir ahora en Sabaody tras aquella inmensa explosión, que al parecer había destruido un manglar por completo? Una vez más los miembros del Ejército Revolucionario, del Escuadrón de los Toros Negros, estaban en un aprieto considerable.
-Apareció un puto Almirante de la Marina y aún no sé como he logrado sobrevivir... aunque casi me saca las tripas... kuhahahaha.
Señaló con un gesto el manchurrón de sangre que la herida del costado le había dejado, y que, poco a poco, seguía aumentando, tenía que cortar esa hemorragia cuanto antes, pero lo primero era encontrar al mega marrano y llegar al barco. Una vez allí no sabía que era lo que podían hacer puesto que el barco necesitaba un recubrimiento especial para poder llegar a la isla Gyojin ya que esta se encontraba en el lecho marino, pero no tenía la cabeza tan despejada como para pararse a pensar en ello en aquel momento.
Un rato después, que a Kisuke le parecieron horas, dada su impaciencia natural y el estado en el que se encontraba, se encontraron con el cerdo gigante, que estaba ileso y los tres se encaminaron hacia el manglar 0, donde estaba anclado su hogar, el Saint Fermín. En cuanto llegaron a los astilleros, unos tipos que parecían artesanos, se abalanzaron sobre ellos, ofreciéndose a recubrirles el barco, por el "módico" precio de cinco millones de berries. Kisuke arrugó el ceño, el ni siquiera tenía un millón de berries, y por lo que vio tras la "inspección" de Panda, sus compañeros andaban poco más o menos de dinero que él. Suspiró sacando de nuevo un cigarro y prendiéndolo.
-Estamos jodidos... Tenemos que salir de esta isla, lo que haya sido lo que ha provocado esa explosión es lo suficientemente importante como para que un almirante ignore a tres "criminales" buscados y peligrosos.
Miró en los alrededores por si era capaz de encontrar a algo (o alguien) que les pudiese sacar de aquel aprieto. Una mueca de desagrado cruzó su rostro al ver a lo lejos a los Mushoku y ver a Ashura. De verdad, ¿tenía que encontrarse otra vez con aquel tipo? Automáticamente y por instinto, activó su haki de armamento por si había problemas. Panda dijo que iría a hablar con ellos lo que no le parecía buena idea dada la demencia del pirata, pero sabía de sobra que su amigo mink era fuerte y debía tener algo en mente. Además le pidió a él que fuese en la otra dirección y se dirigiese a los Alas Negras, para ver si podían echarles un cable.
-Ten mucho cuidado con esos lunáticos Panda, a saber con que te salen.
Confiaba plenamente en el juicio y buen hacer de su compañero, además, por lo general, era mucho más diplomático que él. Por lo menos, el tendría que hablar con gente más sensata y receptiva, que además eran amigos del mink, y el propio Kisuke había comprobado que su capitana era alguien sensata y con buen juicio por lo que pudo apreciar en la batalla contra el Almirante Dimípalo. Se giró y vio que allí estaba aquella famosa tripulación, con Triana a la cabeza, y se encaminó hacia ellos. No conocía a nadie de aquella banda pirata, salvo a la capitana, por lo que supuso que sería mejor usar a Panda como comodín para que no sospechasen de él. Se detuvo a unos cinco metros de los piratas y dio una calada al cigarro con su mano izquierda en la que refulgió con un reflejo del sol el log pose en su muñeca que seguía indicando hacia el fondo marino.
-Triana, no esperaba verte tan pronto, pero necesito tu ayuda una vez más y Panda me ha pedido que venga a hablar con vosotros. Nuestro negociador está fuera de juego y necesitamos rebajar el precio que esos cabrones usureros le han puesto al coating, ¿podéis echarnos una mano con eso? Tengo un par de barriles de cerveza que me sobran...
No era alguien acostumbrado a pedir favores, siempre había tratado de valerse por si mismo, pero aquella era una situación crítica, ¿quién sabía que iba a ocurrir ahora en Sabaody tras aquella inmensa explosión, que al parecer había destruido un manglar por completo? Una vez más los miembros del Ejército Revolucionario, del Escuadrón de los Toros Negros, estaban en un aprieto considerable.
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