Estaba allí en la baranda, apenas sosteniéndome en pie y preguntando a nuestro navegante Krunch qué hacía falta para poder zarpar, cuando de pronto como alma que lleva el diablo, la nube de Ashura cayó en la cubierta y empezó a preguntar por un tal Paco. No sé quién sea ese Paco que busca, pero me alegra que oyera mi mensaje y hubiera regresado. Todo iba bien, bueno, más o menos. Yo me estaba desarmando, el Lunarian estaba muerto -muerto o enfermo, ya no me acuerdo- la ranita estaba tan hecha verga como yo, y el Dr. Había llegado igual a duras penas. Nos habían dado hasta por el blanco del ojo y ciertamente nos dejaron claro que nos faltaba calle - al menos en mi caso así fue- y que debíamos ser mejores que esos perros de la marina.
Cuando Ashura preguntó quién nos había dejado en ese estado, yo simplemente entrechoqué mis puños con frustración y mostré la chaqueta que llevaba en mis manos “El Héroe de la marina pudo conmigo, Capitán-Gin. No volverá a suceder” fueron mis palabras. A lo que el capitán continuó con sus alaridos diciendo que a los Mushoku no se les derrota. Tenía razón. Mi desempeño había sido más que cuestionable. Sentí el peso del collar de Goopaw y pensé por un momento en si valía la pena sobrevivir con semejante derrota a cuestas.
Ben por su parte explicó que había caído derrotado por una comodoro, una tal Smartwatch o algo así. La ranita por otro lado asumió el regaño, pero con honor aceptó la orden de no volver a caer. Acto seguido el capitán saltó a negociar a los gritos con los carpinteros y se puso a decir que si tanto dinero era mucho y que no se qué más, cuando en mi mente la sombra del Yonko aún resonaba en mi cabeza, recordándome la urgencia de la situación.
De repente, mientras veía por la baranda sentí algo que jamás había sentido en mi vida. Muchas veces había sido presa de depredadores, pero esto era algo mil veces peor, era una sensación indescriptible. Si tuviera que hacer el esfuerzo de plasmarlo en palabras, se sintió como una ola de imponencia. Era como si el propio mundo me estuviera doblegando. De inmediato me giré, cuando ya estaba en la rampa de abordaje un extraño ser con cara de oso pero como si mezclaron a un oso blanco y uno negro a lo bruto, porque no era ni uno ni otro. Era claramente un Mink. ¿Era acaso su presencia lo que me hacía sentir así? El tipo me superaba por un metro, pero algo le hacía sentirse mucho más grande que eso... ¿O acaso yo era el que se estaba haciendo más pequeño? cada célula de mi cuerpo quedó allí en el sitio, incapaz de moverse, mientras el extraño ser comenzaba a hablar, diciendo nosequé cosas de negociar y un dinero y que nosotros le hicimos daño a un mariscal... "¿otro más?" Era lo mismo que aquel cerdo. Este tipo era un revolucionario. Otro más. ¿Acaso la isla estaba plagada de ellos? El tipo aparte nos avisó que la isla Gyojin es territorio suyo y nos ofrecía salvoconducto.
Estos revolucionarios como que sí eran los comunistas que Ashura nos explicó que eran. Estaban totalmente locos y seguían insistiendo en que les herimos al tipo ese, como si él no se hubiera lanzado de jeta contr la espada del Demonio.
En cuanto el oso monocromático terminó su berborrea, la sensación de peligro que emanaba su presencia desapareció de alguna forma y pude sentir que me volvía a mover. Allí mismo desde la baranda pude ver que en el barco de los Nalgas Negras había otro tipo nuevo tratando de hablarles. Seguramente otro de los revos negociando para salvar el culo.
Apunté con mi mano izquierda a su barco, el que estaba al lado nuestro a unos 20 metros y con mis dedos corazón y anular engatillados con el pulgar, formé dos esferas sísmicas en ellos, y listas a disparar, respondí:
Ahí estás bien, Oso. Si sabes quiénes somos, no tengo que explicarme-Gin. Un paso más cerca y desde aquí te vuelo el barco, a tu gente y al otro barco donde está tu amigo mendigando plata. ¿Estamos? No me gustaría condenar a dos tripulaciones por una imprudencia ajena-Gin. Mi tono de voz era neutro como siempre, pero mis palabras retumbaban en determinación.
Luego de esto, Krunch saltó a dialogar, dejando claro al mink comunista la situación y el por qué su amigo había terminado como estaba. Como contraoferta le propuso darnos un brazo para Keropi, lo cual todos sentíamos que le debíamos al chico. Era una buena oferta y por mi madre, que si estos cerdos nos cagaban, ya sería algo personal el ir a saldar cuentas. No se juega con la vida de un niño así.
El propio Keropi, haciendo gala de su honor de guerrero ofreció su propio dinero como parte de la ayuda para el grupo revolucionario, cuando fue entonces Ashura quien intervino y ofreció pagar el recubrimiento de los rojos fumadores de tabaco a cambio no solo del brazo para la ranita, sino de las espadas de un tipo que no me sonaba de nada, no sin antes dejarle claro que el tuerto estaba vivo porque se lo había permitido y que venía de salvarle el culo al tipo ese que le quería sacar las espadas de su pelea con... ¿El Almirante? Mierda. Nos tocó increiblemente mal esta aventura. Y lo peor de todo es que Ashura regresó sin mi pastel de cumpleaños. Todo mal. Solo quedaba esperar a ver si llegaría a celebrarlo siquiera.
Cuando Ashura preguntó quién nos había dejado en ese estado, yo simplemente entrechoqué mis puños con frustración y mostré la chaqueta que llevaba en mis manos “El Héroe de la marina pudo conmigo, Capitán-Gin. No volverá a suceder” fueron mis palabras. A lo que el capitán continuó con sus alaridos diciendo que a los Mushoku no se les derrota. Tenía razón. Mi desempeño había sido más que cuestionable. Sentí el peso del collar de Goopaw y pensé por un momento en si valía la pena sobrevivir con semejante derrota a cuestas.
Ben por su parte explicó que había caído derrotado por una comodoro, una tal Smartwatch o algo así. La ranita por otro lado asumió el regaño, pero con honor aceptó la orden de no volver a caer. Acto seguido el capitán saltó a negociar a los gritos con los carpinteros y se puso a decir que si tanto dinero era mucho y que no se qué más, cuando en mi mente la sombra del Yonko aún resonaba en mi cabeza, recordándome la urgencia de la situación.
De repente, mientras veía por la baranda sentí algo que jamás había sentido en mi vida. Muchas veces había sido presa de depredadores, pero esto era algo mil veces peor, era una sensación indescriptible. Si tuviera que hacer el esfuerzo de plasmarlo en palabras, se sintió como una ola de imponencia. Era como si el propio mundo me estuviera doblegando. De inmediato me giré, cuando ya estaba en la rampa de abordaje un extraño ser con cara de oso pero como si mezclaron a un oso blanco y uno negro a lo bruto, porque no era ni uno ni otro. Era claramente un Mink. ¿Era acaso su presencia lo que me hacía sentir así? El tipo me superaba por un metro, pero algo le hacía sentirse mucho más grande que eso... ¿O acaso yo era el que se estaba haciendo más pequeño? cada célula de mi cuerpo quedó allí en el sitio, incapaz de moverse, mientras el extraño ser comenzaba a hablar, diciendo nosequé cosas de negociar y un dinero y que nosotros le hicimos daño a un mariscal... "¿otro más?" Era lo mismo que aquel cerdo. Este tipo era un revolucionario. Otro más. ¿Acaso la isla estaba plagada de ellos? El tipo aparte nos avisó que la isla Gyojin es territorio suyo y nos ofrecía salvoconducto.
Estos revolucionarios como que sí eran los comunistas que Ashura nos explicó que eran. Estaban totalmente locos y seguían insistiendo en que les herimos al tipo ese, como si él no se hubiera lanzado de jeta contr la espada del Demonio.
En cuanto el oso monocromático terminó su berborrea, la sensación de peligro que emanaba su presencia desapareció de alguna forma y pude sentir que me volvía a mover. Allí mismo desde la baranda pude ver que en el barco de los Nalgas Negras había otro tipo nuevo tratando de hablarles. Seguramente otro de los revos negociando para salvar el culo.
Apunté con mi mano izquierda a su barco, el que estaba al lado nuestro a unos 20 metros y con mis dedos corazón y anular engatillados con el pulgar, formé dos esferas sísmicas en ellos, y listas a disparar, respondí:
Ahí estás bien, Oso. Si sabes quiénes somos, no tengo que explicarme-Gin. Un paso más cerca y desde aquí te vuelo el barco, a tu gente y al otro barco donde está tu amigo mendigando plata. ¿Estamos? No me gustaría condenar a dos tripulaciones por una imprudencia ajena-Gin. Mi tono de voz era neutro como siempre, pero mis palabras retumbaban en determinación.
Luego de esto, Krunch saltó a dialogar, dejando claro al mink comunista la situación y el por qué su amigo había terminado como estaba. Como contraoferta le propuso darnos un brazo para Keropi, lo cual todos sentíamos que le debíamos al chico. Era una buena oferta y por mi madre, que si estos cerdos nos cagaban, ya sería algo personal el ir a saldar cuentas. No se juega con la vida de un niño así.
El propio Keropi, haciendo gala de su honor de guerrero ofreció su propio dinero como parte de la ayuda para el grupo revolucionario, cuando fue entonces Ashura quien intervino y ofreció pagar el recubrimiento de los rojos fumadores de tabaco a cambio no solo del brazo para la ranita, sino de las espadas de un tipo que no me sonaba de nada, no sin antes dejarle claro que el tuerto estaba vivo porque se lo había permitido y que venía de salvarle el culo al tipo ese que le quería sacar las espadas de su pelea con... ¿El Almirante? Mierda. Nos tocó increiblemente mal esta aventura. Y lo peor de todo es que Ashura regresó sin mi pastel de cumpleaños. Todo mal. Solo quedaba esperar a ver si llegaría a celebrarlo siquiera.
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