El agradable sonido de los pájaros cantando y entrando por mi ventana me lo decía todo. Eran las 06:30 de la mañana. Ya era la hora de levantarse y ponerse al día. Primero de todo me pegué una buena ducha con agua caliente, no había nada mejor para coger fuerzas y energías por la mañana. Terminé de asearme completamente y fui al armario. Me puse una camisa, mi pantalón favorito y mis zapatos y salí por la puerta. Me dirigía al comedor, estaba deseando ver qué había hoy para desayunar.
Mientras avanzaba y me aproximaba al comedor, terminaba de vestirme completamente, pues lo último que siempre hago es ajustarme las mangas y el cuello de la camisa. Y por supuesto, el olor proveniente de la cocina. Hoy había varias cosas, desde huevos revueltos con bacon, pan tostado en su justa medida, incluso podía oler la cantidad de azúcar que tienen siempre los bollos en este lugar: Exagerada, pero bueno, siempre hay gente más dulce que otra. Ah, y el olor del café recién terminado, inconfundible. Llegué al comedor, y hoy me decidí por pan tostado con mantequilla y mermelada natural triturada junto a un zumo de naranja recién exprimido y un café solo. Había llegado pronto, puesto que había poca gente. Decidí apartarme un poquito al lado de la ventana, para estar tranquilo y de paso que me entrase la brisa del aire fresco de ese día.
Al cabo de unos minutos, una fragancia muy bien perfumada invadió mi olfato, miré a la puerta - Aquí está - Pensé. Directamente, por la puerta apareció Sephiroth dispuesto a tomar su desayuno. Esbocé una pequeña sonrisa, puesto a que había acertado. Decidí dejarle coger su alimento y esperar a que me viera. Y así fue. Le hice un pequeño gesto para que se sentase conmigo. Me estuvo contando que hoy tenía pensado ayudar a un pescador del pueblo al que su humilde velero, el cual tenía el trinquete y armazón deteriorados. A su vez me pidió que si no tenía nada que hacer, si le podía echar una mano a la vez que se iba para allá. Terminé de desayunar, recoger todo en la bandeja, dejarla en su sitio para comodidad de los trabajadores y fui a ayudar al joven.
Al llegar allí, Sephiroth ya estaba al lío mirando bien todo. Desde lejos ya se veía un poco el desastre. El velero estaba bastante mal. Me pareció impresionante que el viejo siguiera usando este barco. El joven y yo nos pusimos a reparar poco a poco el barco, sin prisa ninguna. De vez en cuando parábamos para conversar con el anciano, un tipo agradable, se notaba que llevaba años en esto y nos contaba sus batallitas con la mar. Todo parecía ir bien. Íbamos reparando de abajo hacia arriba, no empezar la casa por el tejado.
De pronto, sin previo aviso, el mástil se partió en 2. Sephiroth y yo estábamos hablando mientras reparábamos lo demás y no nos percatamos del desastre justo a tiempo. Cuando ya escuchamos el ruido de la madera caer, alzamos la cabeza y lo vimos. El mástil empezó a caer por la gravedad e iba directo hacia el anciano que estaba de espaldas sentado en unas cajas de madera vacías mientras leía el periódico. Un hombre de su edad no podía percibir el peligro de ninguna manera. Iba a impactarle de lleno en la cabeza, y a nosotros nos no nos iba a dar tiempo.
- ¡CUIDADO! ¡APÁRTESE! - le grité al anciano, intentando un milagro, pero parecía que era demasiado tarde.
Mientras avanzaba y me aproximaba al comedor, terminaba de vestirme completamente, pues lo último que siempre hago es ajustarme las mangas y el cuello de la camisa. Y por supuesto, el olor proveniente de la cocina. Hoy había varias cosas, desde huevos revueltos con bacon, pan tostado en su justa medida, incluso podía oler la cantidad de azúcar que tienen siempre los bollos en este lugar: Exagerada, pero bueno, siempre hay gente más dulce que otra. Ah, y el olor del café recién terminado, inconfundible. Llegué al comedor, y hoy me decidí por pan tostado con mantequilla y mermelada natural triturada junto a un zumo de naranja recién exprimido y un café solo. Había llegado pronto, puesto que había poca gente. Decidí apartarme un poquito al lado de la ventana, para estar tranquilo y de paso que me entrase la brisa del aire fresco de ese día.
Al cabo de unos minutos, una fragancia muy bien perfumada invadió mi olfato, miré a la puerta - Aquí está - Pensé. Directamente, por la puerta apareció Sephiroth dispuesto a tomar su desayuno. Esbocé una pequeña sonrisa, puesto a que había acertado. Decidí dejarle coger su alimento y esperar a que me viera. Y así fue. Le hice un pequeño gesto para que se sentase conmigo. Me estuvo contando que hoy tenía pensado ayudar a un pescador del pueblo al que su humilde velero, el cual tenía el trinquete y armazón deteriorados. A su vez me pidió que si no tenía nada que hacer, si le podía echar una mano a la vez que se iba para allá. Terminé de desayunar, recoger todo en la bandeja, dejarla en su sitio para comodidad de los trabajadores y fui a ayudar al joven.
Al llegar allí, Sephiroth ya estaba al lío mirando bien todo. Desde lejos ya se veía un poco el desastre. El velero estaba bastante mal. Me pareció impresionante que el viejo siguiera usando este barco. El joven y yo nos pusimos a reparar poco a poco el barco, sin prisa ninguna. De vez en cuando parábamos para conversar con el anciano, un tipo agradable, se notaba que llevaba años en esto y nos contaba sus batallitas con la mar. Todo parecía ir bien. Íbamos reparando de abajo hacia arriba, no empezar la casa por el tejado.
De pronto, sin previo aviso, el mástil se partió en 2. Sephiroth y yo estábamos hablando mientras reparábamos lo demás y no nos percatamos del desastre justo a tiempo. Cuando ya escuchamos el ruido de la madera caer, alzamos la cabeza y lo vimos. El mástil empezó a caer por la gravedad e iba directo hacia el anciano que estaba de espaldas sentado en unas cajas de madera vacías mientras leía el periódico. Un hombre de su edad no podía percibir el peligro de ninguna manera. Iba a impactarle de lleno en la cabeza, y a nosotros nos no nos iba a dar tiempo.
- ¡CUIDADO! ¡APÁRTESE! - le grité al anciano, intentando un milagro, pero parecía que era demasiado tarde.
