29-04-2025, 01:15 AM
(Última modificación: 16-05-2025, 12:05 AM por RedSmoke Kelo.)
Inventario
Me recosté levemente contra la barra, dejando que la madera fría me calmara el calor que todavía me abrasaba los hombros.
Mientras lo hacía, no pude evitar mirar de reojo al viejo del whisky.
Tenía esa sonrisa torcida que solo tienen los hombres que han vivido demasiado y han perdido demasiado.
Cuando mencionó que la rubia del escenario era su nieta y el tipo del piano su novio,
no pude evitar que una media sonrisa sincera me cruzara el rostro.
—Su nieta y su chico tienen una voz preciosa, viejo... —murmuré, sin forzar la voz, como compartiendo un secreto— No entiendo cómo no está la taberna hasta los topes solo para verlos a ellos todos los días.
El viejo asintió lentamente, casi como si mis palabras le hubieran reconfortado.
Le dio otro pequeño sorbo al whisky, apoyando el vaso con suavidad en la barra.
Cuando el camarero se acercó, el viejo hizo un gesto pidiéndole que sirviera también uno para mí.
Me miró con esos ojos curtidos y yo asentí despacio.
—Yo no suelo beber... —dije, sacando un cigarrillo de mi camisa y chasqueando los dedos para encenderlo con calma— Pero mi madre solía decir que es de mala educación rechazar la hospitalidad sincera.
Le lancé una sonrisa de medio lado, dejando que el humo se deslizara perezoso hacia el techo.
—Encantado no solo de aceptar su copa caballero si no de compartir también este momento con usted.
—Soy Redsmoke Kelo, a su servicio. —dije inclinando levemente la cabeza hacia un lado a modo de reverencia.
Mientras esperábamos a que sirvieran la copa,
dejé que mis ojos barrieran la barra y los rincones de la taberna.
Vi cómo el tipo de las rastas escondía un pequeño mapa bajo la camisa, y cómo los otros dos parecían aliviados.
El trato estaba cerrado, pero en su tensión había algo más… algo que flotaba en el aire como una mala melodía mal tocada.
De manera instintiva, mientras observaba todo aquello, mis dedos buscaron el mango de Kurimuzon a mi cintura.
La acaricié de forma breve, como quien se asegura de que su sombra sigue ahí,
antes de devolver la mano a la copa que acababa de llegar frente a mí.
Tomé el vaso, sintiendo el frescor del hielo contra mis dedos,
y sin mirar directamente al viejo, murmuré lo justo para que me oyera:
—En sitios como este... siempre hay más historias flotando en el aire que copas en la barra.
Dejé la frase colgando, como una red lanzada al mar,
esperando si el viejo decidía morder el anzuelo o dejarlo pasar.
Mientras tanto, volví a levantar la mirada hacia el escenario. Esas palabras del viejo...
"La gente como tú o como el novio de mi nieta no sois muy bien vistos por algunos de aquí."
Mis ojos se clavaron en el pianista de tez oscura.
El poncho enorme que llevaba ocultaba algo que no todos sabrían ver… pero yo sí.
Bajo esa tela pesada parecía esconderse algo...
Alas? Como las mías?
—Es como yo? —pregunté al viejo en voz baja, casi instintivamente.
No sería yo quien pusiera en evidencia a alguien que había elegido esconder su verdadera naturaleza.
Di un leve trago al whisky, dejando que el fuego bajara lento por mi garganta,
y esperé.
Paciencia.
El mar no revela todos sus secretos de golpe.
Aclaraciones
