Nunca imaginé que pudiéramos tener oportunidad contra un barco de aquellas dimensiones y a tantísima distancia. Pero aquel jovencito miembro del trío de almirantes de la Marina parecía tener muchos más recursos y poder de lo que a priori sugería su imberbe apariencia. La verdad es que honestamente mirándolo de cerca tenía una presencia muy similar a la de mi compañero Viktor... así como flacucho, estirado, blanquito de pelo y piel. Aunque este parecía más soso y no le veía libro de poemas o mierdas de esas por ningún lado. La espada era bonita, eso sí.
Gracias a sus habilidades las mías pudieron hacer algo, y de sobremanera. Ya que mi ataque Fall Ball era un ataque de corta distancia ideado para afectar áreas próximas a mí, y dañará enemigos molestos o rápidos, al cubrir una zona en abanico. Pero renunciando a esa dispersión e introducidas en aquel torrente del viento - y combinadas, ganando tamaño - tuvieron otra finalidad completamente distinta, que me dio ideas para más adelante. Para cuando volviera a tener tiempo de practicar, si es que se daba el caso.
Sonreía desde la ocultación de mi yelmo mirando como el viento empujaba aquella franja carmesí de llamas ardientes hasta impactar con las velas de aquel majestuoso navío, comenzando a quemarlas, como la chispa del brasero que saltaba y agujereaba el mantel que cubría la mesa en las casas de las islas de invierno, y poco a poco se iba extendiendo hasta generar un boquete por el que te cupía un dedo. Solo que a escala. El dedo que podía caber en aquellos agujeros era más grande que el de alguno de los gigantes que en su momento mi familia tuvo esclavizados en Tierra Santa. Un instante después acompañado por la negativa del Almirante, un torrente inmenso de arena entró en el túnel de viento y se desplazó por este hasta impactar las brasas de las telas, apagandolas. Fruncí el ceño y desapareció la sonrisa de mi rostro por completo ¿quién cojones había sido tan subnormal de hacer eso? Mire fijamente las velas para discernir que al menos el daño - aunque pudiera haber sido mucho mayor - estaba hecho, y las velas se habían rajado y agujereado, impidiendo el barco avanzar con el favor eólico, y hasta viéndose detenido por el resto del viento emitido por el almirante. Chasque la lengua y me giré en derredor buscando al culpable, el guaperas que había aparecido formándose en arena sobre los hombros de una de las hojalatas, hasta que lo vi volando algunos metros sobre nosotros.
— ¡OYE GILIPOLLAS! — grité visiblemente molesto señalándole con el índice de mi mano derecha, extendiendo el brazo en su dirección — ¿¡Por qué no te metes la arena por el culo?! — vociferé con ira señalándole, entonces el sonido de un trueno hizo que por un instante se me parase el corazón. Por primera vez en varios años, sentía frío.
Fue la misma sensación tras recibir un chispazo de alguien cargado con electricidad estática, pero maximizada. Una sacudida. Rápida, certera... como un tirón que te quita un objeto de las manos. Mi mundo se convirtió un reloj sin minutero, sólo movido por los segundos. Unos segundos que se tornaban eternos, casi una vida cada uno de ellos. Un foco punzante se había alojado en mi flanco derecho.
Cuando gire mi cabeza en esa dirección para ver lo sucedido, encontré la nada, seguida de una explosión sanguinolenta proveniente de mi propio hombro, o del final de este. Mis ojos se abrieron como platos al observar como danzaba por el aire girando mi brazo derecho, haciendo mi cuerpo girar ciento ochenta grados por la inercia y salir desplazado hacia donde ahora tenía la espalda. ¿Qué coño había pasado? Sentí como una fuerza trataba de frenar mi caída ejerciendo una ligera presión en mi espalda, desapareciendo un instante después, mientras me veía lanzado varios pares de metros, cayendo de espaldas al suelo.
Cuando mi cuerpo tocó tierra firme, el tiempo volvió a su cauce normal. Gire mi rostro de nuevo hacia la derecha para ver la ausencia de mi brazo a raíz de mi bíceps, brotando sangre a la par que los bombeos de mi corazón emitían alguna que otra pequeña erupción puntual salpicandolo todo.
Bramé con una mezcla de dolor y furia, llevando la mano izquierda hacia el muñón ensangrentado — ¡¡ HIJO DE MIL PUTAS !! — grité de nuevo atragantándome con mi propia sangre, expulsada en una bocanada roja y densa, mientras notaba como comenzaba a marearme, y escuchaba otro trueno más, sintiendo a mi alrededor con voces enlatadas y ralentizadas, de forma cacofónica, a diversas personas moverse y reaccionar.
Durante un par de segundos dudé si el segundo trueno había ido a por mí también, hasta que Viktor apareció en mi campo de visión mirándome con condescendencia y frustración, diciéndome que dejase que él se encargara. Pero podía verlo jadear. Sabía que se estaba sobre esforzando en el mismo momento que abandonó mi vista. Entonces, descartando nuevos dolores que el que ya tenía, mis años de supervivencia en la intemperie salieron a flote: estaba perdiendo sangre a una velocidad muy alarmante y tenía que cortar la hemorragia, así que calentando al máximo posible a la izquierda que apretaba el muñón recién creado, gruñí con todas mis fuerzas — ¡¡WAR SCAR!! — empezando a quemar y cauterizar mi propia carne mientras el sonido - y el olor - de carne quemándose empezaban a invadir el lugar, al mismo tiempo que emitía con toda la potencia posible mi Haoshoku, sin controlarlo ni en intensidad ni en distancia, furioso, rabioso, iracundo y presa completamente de la frustración y mis instintos más bajos. Cuando dejé de sentir dolor y había quemado todos mis nervios, me dejé caer extendiendo el brazo - y medio - de nuevo, respirando agitadamente, escuchando la voz de Joe y la de Viktor cerca, junto con el sonido de unas explosiones en la lejanía.
¡Me acababan de amputar el puto brazo! ¡Alguien a bordo del barco de ese hijo de puta del Yonko me había volado el brazo de un tiro! ¡¡Qué asco le tenía a los tiradores!! ¡¡¡Puta Chloe!!!. Volví a chasquear la lengua y tosí una bocanada enorme de sangre nuevamente, girando sobre mi mismo y mirando hacia lo que había a mi espalda: Varios cuerpos atendiendo a uno herido, tumbado sobre algunos restos de arena — ¡¡JODER!! — grité de nuevo enfadado, apoyándome con gran esfuerzo sobre mi mano izquierda y alzándome, con las piernas temblando ligeramente, consiguiendo ver con la altura que el cuerpo en el suelo, con meda cabeza abierta, era el del chaval de arena — ¡¡Esto es culpa tuya puto subnormal!! — escupí al aire dando un paso hacia él, culpándole de haber lanzado esa arena que me hizo bajar la guardia y girarme a recriminarle. Entonces seguí caminando llevando la mano hacia Ein Hauch para empuñarlo, aun algo tambaleante pero con fuerzas mas que de sobra para estar de pie y poder dar un golpe si fuera necesario, parándome al verle la cara arrancada de cuajo en su hemisferio derecho.
Me quedé mirándolo unos segundos, tratando de contener la ira para no abrirle la cabeza - o lo que le quedaba de ella - en ese momento, y de nuevo mis instintos combativos me hicieron pensar que la prioridad ahora era no bajar la guardia, así que respirando profundamente y tosiendo un poco más de sangre, apoyé el kanabo en el suelo para sujetarme en él — Ya ajustaremos cuentas — sentencié, mientras giraba sobre mi mismo y veía a Viktor y Joe delante del Almirante, frente a la escena de esas hojalatas volando en la distancia disparando a aquel buque a diestro y siniestro, y un nuevo salpicón de sangre me devolvió al presente — ¡¡SHOTO!! ¡¡VEN AQUÍ Y CIERRA ESTO!! — grité, ordenando a mi subordinado que terminase de tratar mi herida, mientras calmaba mi aura y contenía mi Haoshoku, dejando a aquellos tres marines a mi espalda, al almirante al frente, y a aquellos dos que conocía de hacía tanto tiempo, en la vanguardia más suicida de la historia.
Necesitábamos un plan.
Gracias a sus habilidades las mías pudieron hacer algo, y de sobremanera. Ya que mi ataque Fall Ball era un ataque de corta distancia ideado para afectar áreas próximas a mí, y dañará enemigos molestos o rápidos, al cubrir una zona en abanico. Pero renunciando a esa dispersión e introducidas en aquel torrente del viento - y combinadas, ganando tamaño - tuvieron otra finalidad completamente distinta, que me dio ideas para más adelante. Para cuando volviera a tener tiempo de practicar, si es que se daba el caso.
Sonreía desde la ocultación de mi yelmo mirando como el viento empujaba aquella franja carmesí de llamas ardientes hasta impactar con las velas de aquel majestuoso navío, comenzando a quemarlas, como la chispa del brasero que saltaba y agujereaba el mantel que cubría la mesa en las casas de las islas de invierno, y poco a poco se iba extendiendo hasta generar un boquete por el que te cupía un dedo. Solo que a escala. El dedo que podía caber en aquellos agujeros era más grande que el de alguno de los gigantes que en su momento mi familia tuvo esclavizados en Tierra Santa. Un instante después acompañado por la negativa del Almirante, un torrente inmenso de arena entró en el túnel de viento y se desplazó por este hasta impactar las brasas de las telas, apagandolas. Fruncí el ceño y desapareció la sonrisa de mi rostro por completo ¿quién cojones había sido tan subnormal de hacer eso? Mire fijamente las velas para discernir que al menos el daño - aunque pudiera haber sido mucho mayor - estaba hecho, y las velas se habían rajado y agujereado, impidiendo el barco avanzar con el favor eólico, y hasta viéndose detenido por el resto del viento emitido por el almirante. Chasque la lengua y me giré en derredor buscando al culpable, el guaperas que había aparecido formándose en arena sobre los hombros de una de las hojalatas, hasta que lo vi volando algunos metros sobre nosotros.
— ¡OYE GILIPOLLAS! — grité visiblemente molesto señalándole con el índice de mi mano derecha, extendiendo el brazo en su dirección — ¿¡Por qué no te metes la arena por el culo?! — vociferé con ira señalándole, entonces el sonido de un trueno hizo que por un instante se me parase el corazón. Por primera vez en varios años, sentía frío.
Fue la misma sensación tras recibir un chispazo de alguien cargado con electricidad estática, pero maximizada. Una sacudida. Rápida, certera... como un tirón que te quita un objeto de las manos. Mi mundo se convirtió un reloj sin minutero, sólo movido por los segundos. Unos segundos que se tornaban eternos, casi una vida cada uno de ellos. Un foco punzante se había alojado en mi flanco derecho.
Cuando gire mi cabeza en esa dirección para ver lo sucedido, encontré la nada, seguida de una explosión sanguinolenta proveniente de mi propio hombro, o del final de este. Mis ojos se abrieron como platos al observar como danzaba por el aire girando mi brazo derecho, haciendo mi cuerpo girar ciento ochenta grados por la inercia y salir desplazado hacia donde ahora tenía la espalda. ¿Qué coño había pasado? Sentí como una fuerza trataba de frenar mi caída ejerciendo una ligera presión en mi espalda, desapareciendo un instante después, mientras me veía lanzado varios pares de metros, cayendo de espaldas al suelo.
Cuando mi cuerpo tocó tierra firme, el tiempo volvió a su cauce normal. Gire mi rostro de nuevo hacia la derecha para ver la ausencia de mi brazo a raíz de mi bíceps, brotando sangre a la par que los bombeos de mi corazón emitían alguna que otra pequeña erupción puntual salpicandolo todo.
— ¡¡¡AAAARRGGRH!!! —
Bramé con una mezcla de dolor y furia, llevando la mano izquierda hacia el muñón ensangrentado — ¡¡ HIJO DE MIL PUTAS !! — grité de nuevo atragantándome con mi propia sangre, expulsada en una bocanada roja y densa, mientras notaba como comenzaba a marearme, y escuchaba otro trueno más, sintiendo a mi alrededor con voces enlatadas y ralentizadas, de forma cacofónica, a diversas personas moverse y reaccionar.
Durante un par de segundos dudé si el segundo trueno había ido a por mí también, hasta que Viktor apareció en mi campo de visión mirándome con condescendencia y frustración, diciéndome que dejase que él se encargara. Pero podía verlo jadear. Sabía que se estaba sobre esforzando en el mismo momento que abandonó mi vista. Entonces, descartando nuevos dolores que el que ya tenía, mis años de supervivencia en la intemperie salieron a flote: estaba perdiendo sangre a una velocidad muy alarmante y tenía que cortar la hemorragia, así que calentando al máximo posible a la izquierda que apretaba el muñón recién creado, gruñí con todas mis fuerzas — ¡¡WAR SCAR!! — empezando a quemar y cauterizar mi propia carne mientras el sonido - y el olor - de carne quemándose empezaban a invadir el lugar, al mismo tiempo que emitía con toda la potencia posible mi Haoshoku, sin controlarlo ni en intensidad ni en distancia, furioso, rabioso, iracundo y presa completamente de la frustración y mis instintos más bajos. Cuando dejé de sentir dolor y había quemado todos mis nervios, me dejé caer extendiendo el brazo - y medio - de nuevo, respirando agitadamente, escuchando la voz de Joe y la de Viktor cerca, junto con el sonido de unas explosiones en la lejanía.
¡Me acababan de amputar el puto brazo! ¡Alguien a bordo del barco de ese hijo de puta del Yonko me había volado el brazo de un tiro! ¡¡Qué asco le tenía a los tiradores!! ¡¡¡Puta Chloe!!!. Volví a chasquear la lengua y tosí una bocanada enorme de sangre nuevamente, girando sobre mi mismo y mirando hacia lo que había a mi espalda: Varios cuerpos atendiendo a uno herido, tumbado sobre algunos restos de arena — ¡¡JODER!! — grité de nuevo enfadado, apoyándome con gran esfuerzo sobre mi mano izquierda y alzándome, con las piernas temblando ligeramente, consiguiendo ver con la altura que el cuerpo en el suelo, con meda cabeza abierta, era el del chaval de arena — ¡¡Esto es culpa tuya puto subnormal!! — escupí al aire dando un paso hacia él, culpándole de haber lanzado esa arena que me hizo bajar la guardia y girarme a recriminarle. Entonces seguí caminando llevando la mano hacia Ein Hauch para empuñarlo, aun algo tambaleante pero con fuerzas mas que de sobra para estar de pie y poder dar un golpe si fuera necesario, parándome al verle la cara arrancada de cuajo en su hemisferio derecho.
Me quedé mirándolo unos segundos, tratando de contener la ira para no abrirle la cabeza - o lo que le quedaba de ella - en ese momento, y de nuevo mis instintos combativos me hicieron pensar que la prioridad ahora era no bajar la guardia, así que respirando profundamente y tosiendo un poco más de sangre, apoyé el kanabo en el suelo para sujetarme en él — Ya ajustaremos cuentas — sentencié, mientras giraba sobre mi mismo y veía a Viktor y Joe delante del Almirante, frente a la escena de esas hojalatas volando en la distancia disparando a aquel buque a diestro y siniestro, y un nuevo salpicón de sangre me devolvió al presente — ¡¡SHOTO!! ¡¡VEN AQUÍ Y CIERRA ESTO!! — grité, ordenando a mi subordinado que terminase de tratar mi herida, mientras calmaba mi aura y contenía mi Haoshoku, dejando a aquellos tres marines a mi espalda, al almirante al frente, y a aquellos dos que conocía de hacía tanto tiempo, en la vanguardia más suicida de la historia.
Necesitábamos un plan.
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