[EVENTO FASE 2] El mismo infierno (V) - Solar Karma
#25
Estábamos quietos, pero el aire vibraba con una tensión sutil, como si el océano mismo contuviera la respiración junto a nosotros. Permanecíamos en nuestros puestos, expectantes, a la espera de esa chispa que encendiera la marcha, ese pequeño gesto que convirtiera el silencio en movimiento. Cada uno de nosotros tenía su papel, y aunque el momento parecía congelado, en realidad bullía con una energía contenida. Se podía ver a Tobias concentrado en su tarea de inflar la burbuja que recubriría todo el barco. Triana, por su parte, recorría con los ojos cada rincón del barco, evaluando que todo estuviera en su sitio, y aunque no había dicho una palabra, sabíamos que su voz sería la última que escucharíamos antes de zarpar. Había en su silencio un peso que imponía respeto. Una orden sin palabras. Una promesa de que, cuando ella hablara, nadie titubearía. Sasha, en cambio, era el movimiento en medio de la calma. Iba y venía por la cubierta con la soltura de quien conoce el barco como la palma de su mano, dando instrucciones rápidas. Yo solo observaba. Esperaba. Mi corazón latía lento pero firme, nervioso por salir de aquel lugar y comenzar otra aventura.

Sasha me soltó lo que sería mi tarea para aquel momento crucial. Mi misión era encargarme de la bandera y del ancla. Yo por mi parte, asentí con firmeza, sintiendo cómo una especie de corriente eléctrica me recorría el cuerpo. No era una orden gloriosa ni heroica, pero era mía, y la iba a cumplir con una precisión tan limpia que hasta Triana levantaría una ceja de orgullo. Me giré sin perder tiempo, los pies ligeros, y el corazón ardiendo con una convicción silenciosa. Corrí hasta la base del mástil, donde la bandera aún reposaba enrollada, oculta como un secreto que aguardaba su momento para alzarse al cielo. Mientras la desenrollaba con cuidado, sentí el tejido áspero entre los dedos, casi como si la bandera tuviera memoria propia, como si hubiera estado en mil batallas y ahora me eligiera a mí para sostenerla. Alcé la cabeza para mirar a mis compañeros, para vitorear otra aventura finalizada. Mis ojos recorrieron la cubierta y me percaté del estado en que estaban los demás. Las ojeras, el sudor pegado al cuello, los pasos lentos y torpes. Todos estaban exhaustos, drenados hasta el alma por las tareas previas, por los nervios, por el simple peso de lo que significaba ese instante. Entonces entendí que si alguien tenía que tirar del carro, ser el resorte que ponía todo en marcha, iba a ser yo. No por reconocimiento, sino porque sabía que el barco nos necesitaba enteros. Y yo… yo aún tenía fuerzas.

Me disponía a subir a lo alto del mastil para hacer ondear la bandera. Sentía el cuerpo ágil, el corazón bombeando con fuerza pero sin ansiedad, solo ese zumbido de energía contenida que a veces aparece antes de hacer algo importante. El ruido del mar amortiguado por la burbuja que rodeaba el barco me resultaba casi reconfortante. Pero entonces, como si el destino decidiera recordarnos que no hay plan que sobreviva intacto, todo cambió en un segundo. Un estallido seco, como si el aire hubiese reventado desde dentro, me sacudió de golpe. Algo —alguien— cayó desde el cielo, literalmente, y aterrizó con un estrépito dentro de nuestro barco. El crujido de la madera y el repentino vaivén del suelo bajo mis pies fueron suficientes para hacerme girar de inmediato. No tuve tiempo de pensar, solo de reaccionar. La figura que había irrumpido atravesó sin dificultad la burbuja que Tobias había inflado con ese mecanismo raro suyo, ese que nos protegía del agua, del entorno, de todo lo que no debía estar dentro. Pero esa persona, no solo traspasó esa barrera sin dañarla, sino que llegó con una presencia tan densa, tan abrupta, que el ambiente entero pareció cargarse de una electricidad invisible. Y entonces lo sentí: una especie de onda invisible, como un susurro mental que se filtró por debajo de mi piel, que se enroscó en mi estómago y me apretó el pecho. Era miedo. No pánico, no terror paralizante, pero sí una angustia real, como si mi cuerpo supiera algo que mi mente aún no había comprendido. Me estremecí, lo admito, pero no me detuve. El miedo no me clavó al suelo. Me aferré a la necesidad de actuar, a la certeza de que aún podía moverme, aún podía pensar.

Mis ojos, guiados por aquel estremecimiento invisible que aún vibraba en mis huesos, buscaron de inmediato el origen de esa inquietud casi animal. Y allí estaba. En medio del barco, como si aquel lugar fuera suyo desde siempre, se alzaba la figura que acababa de irrumpir en nuestra burbuja: una mujer de porte extraño, con un aire que desentonaba con todo lo que nos rodeaba, como si la realidad se deformara ligeramente a su paso. Su simple presencia parecía alterar el equilibrio natural de las cosas. No sabría explicar con exactitud por qué lo sentí, pero había algo en ella que rompía la armonía, como un compás que marcaba un ritmo ajeno a nuestra música. La observé con atención, intentando descifrar su rostro, sus gestos, su propósito. No hablaba conmigo, ni siquiera me miraba, pero eso no importaba. Había algo magnético, incómodo, difícil de ignorar. Se había posicionado junto a Sasha con toda la tranquilidad del mundo, como si no hubiera barreras que pudieran contenerla, ni normas que pudieran limitarla. Vi cómo alargaba la mano y tomaba el moflete de nuestra navegante, examinándola con una familiaridad inquietante. No entendía lo que decía, estaba más enfocado en intentar averiguar quién era aquella mujer y qué demonios hacía en nuestro barco, como si de repente hubiésemos dejado de estar solos sin que nadie más lo notara del todo. Fue entonces cuando Garnet apareció, saliendo de la cocina como una tempestad atrapada en forma humana. Al verla, soltó uno de esos comentarios que le brotaban como espinas, pero bastó una sola mirada, una sola imagen de aquella extraña tocando a Sasha, para que todo su cuerpo se transformara. Sin mediar palabra, sin el más mínimo titubeo, se deshizo de su forma humana y se convirtió en la bestia que siempre llevaba oculta bajo la piel. La furia lo envolvía como una segunda piel. Y acto seguido, se lanzó hacia ella, golpeándola con todo el peso de su forma animal. Fue un movimiento tan brutal como repentino, como si el propio barco contuviera la respiración por un instante. Yo solo podía mirar, sin comprender del todo, pero sabiendo que algo importante acababa de comenzar.

El golpe de Garnet resonó como un trueno encerrado bajo la cúpula de nuestra burbuja, y por un instante el aire pareció detenerse, expectante, como si hasta el mismísimo mar aguardara el desenlace de ese momento. Mis músculos se tensaron de inmediato, el corazón comenzó a bombear con más fuerza, y sin necesidad de pensarlo, empecé a generar alcohol en mi interior. Lo sentí fluir por mi cuerpo como un río denso y cálido, una corriente espesa que burbujeaba en mi estómago y subía por la garganta, lista para ser expulsada con violencia si era necesario. No había margen para titubeos. Si esa mujer respondía al ataque o si todo se salía de control, y parecía que íbamos directo hacia eso, se enfrentaría no solo a Garnet, sino a todos los Alas Negras. Conmigo incluido. Mi mirada se desvió hacia Triana. Ella era mi brújula en ese instante. Por más que las emociones me empujaran a la acción, había una línea que no podía cruzar sin su aprobación. Sus decisiones marcaban nuestro compás, y por mucho que mis puños picaran por golpear, no daría un solo paso hasta que su voz me lo ordenara. Apreté los dientes, sintiendo cómo el calor del alcohol me subía por el pecho y me enrojecía las mejillas. Mis manos temblaban no de miedo, sino de tensión acumulada. Como si todo mi cuerpo estuviera en una cuenta regresiva silenciosa, esperando una señal. Una sola palabra bastaría para desatarme. Y mientras tanto, mis pensamientos se agolpaban. ¿Quién era esa mujer? ¿Una amenaza real o solo alguien con una mala forma de presentarse? Lo cierto era que la atmósfera se había vuelto irrespirable, cargada de una electricidad que me ponía los pelos de punta. En mi mente solo había una cosa clara: si Triana daba la orden, no habría vuelta atrás. Todo lo demás se volvería secundario. Lo que fuera que esa extraña viniera a buscar, no lo iba a obtener sin antes probar el filo de nuestras voluntades. Y la mía, en ese momento, ardía como un trago mal guardado en un corazón que no tolera intrusos.

INFO
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RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (V) - Solar Karma - por Kenzo D. Fujiwara - 01-05-2025, 04:42 PM

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