[Aventura T-2] El sueño de ser libres.
#8
Inventario



No tardamos en salir pitando de la taberna. Aún sentía en los nudillos el crujir de huesos ajenos y en el pecho esa vibración de la música que Astrid había cantado... Corrimos por varias calles, preguntamos en vano, buscamos a esos malnacidos que se largaron con el mapa y el dinero, pero fue como perseguir humo. Y al final, con el pulso bajando y el sudor pegado a la frente, acabamos en un callejón lo bastante ancho para esconder cuerpos… o perder la calma.

Fue Djangus quien se acercó primero. Me miró con intensidad, con algo más que respeto en los ojos. Era como si me viera… de verdad. Levantó la mano y me soltó una frase en nuestra lengua, cargada de pasado.

—"ᚷᚱᚨᚲᛋ ᛈᛟᚱ ᛞᚨᚱ ᛚᚨ ᚲᚨᚱᚨ ᛈᛟᚱ ᛗᛁ ᛗᚢᚾᚨᚱ, ᚺᛖᚱᚨᚾᛟ."

Sentí un nudo en el estómago. Levante mi mano y agarre la suya saludando. Y sin pensarlo, le respondí:

—"ᛋᛟᛗᛟᛋ ᚻᛖᚱᚨᚾᛟᛋ ᛞᛖ ᛋᛒᚨᚾᚷᛖ ᛁ ᚠᛖᚲᛟ, ᛚᚨ ᚠᚨᛗᛁᛚᛁᚨ ᛞᛖ ᛈᚱᛟᛏᛖᛒᛖ. ᛗᛖ ᛚᚨᛗᛟ ᚱᛖᛞᛋᛗᛟᚲᛖ ᚴᛖᛚᛟ. ᛃᚨᛗᚨᛋ ᛈᛖᚾᛏᛖ ᛒᛟᛚᚢᛖᛚ ᛏᛟ ᚡᛖᚱ ᚢᚾᛟ ᛞᛖ ᛗᛟᚢᚱᛋ."

No recordaba la última vez que había hablado así con alguien. Quizá nunca. Pero me salió de dentro...

Y entonces rugió la voz del viejo Ragnar, cortando el momento como una hacha en la mesa:

—¡Cálmate! Te han vuelto a robar el mapa… y el dinero para la boda.

¿Te han vuelto...?— pensé...

Giré la cabeza hacia él, clavando la mirada. Esa frase. “Te han vuelto”. Esto ya había pasado. Algo me decía que ese mapa... no era el primero. ¿Acaso traficaban con rutas a la Gran Line? Interesante.
Pero no era momento de preguntas.

Astrid rompió el silencio con una voz temblorosa pero decidida:

—¡Basta ya! Fue culpa mía, no debí cantar esa canción delante de esos racistas…

La miré. Seguía con los ojos cargados de lágrimas, pero había algo en ella, una firmeza entre el miedo que me hizo respetarla.

Dijo algo más y se rompió ahí mismo. Las lágrimas brotaron sin disimulo. Djangus la abrazó enseguida, y yo... me acerqué con paso tranquilo, sin espada, sin fuego, solo con verdad.

Puse una mano en su hombro.

—Si bien ha sido una estupidez alentar a toda una taberna de racistas a que os partan la cara... jamás tengas miedo de cantar lo que sientes, o de ser quien eres. En este mundo nadie nace para ser esclavo. Ni la puta de uno.

Me miró con los ojos grandes, dudando entre soltar una carcajada o abofetearme. Me encogí de hombros con una sonrisa traviesa.

—Perdóname, ¿sí? Por lo ocurrido. Por poner en riesgo a tu chico. Ten.

Saqué el pañuelo de los Arpegios del Mar, ese trozo de tela con notas bordadas y olor a ron, a sal y a canciones desafinadas.

—Esto me lo regalaron unos piratas músicos. Unos auténticos bribones y fiesteros. Ahora es tuyo. Límpiate esas lágrimas… y no te preocupes. No pienso dejar que nadie arruine esa bonita boda.

No hubo tiempo para más. Aplausos secos, entrecortados, empezaron a sonar a unos metros. Me giré, sin prisas. No hay necesidad de temer cuando ya has estado en el infierno.

Pero sí de estar listo.

Ahí estaba. Dos metros, máscara de pico, capa con plumas negras… y esa presencia turbia. Como sangre estancada.

Astrid palideció.

El tipo habló con una lengua afilada:

—Vaya… vaya… vaya… ¿qué tenemos aquí? Un viejo… un piratucho… dos lunaria… y la puta de un esclavo.

Aplaudía entre cada frase. Lo hacía para oírse, para intimidar. Fracasaba conmigo, pero no con todos. Lo sentí.

—¿Diez de mis hombres? ¿Y se me recompensa así?

Las dagas aparecieron. Sus ojos se afilaron. Lo entendí todo al instante.

Korossasu estaba podrida.

Más de lo que pensaba.

Di un paso al frente. El metal de Kurimuzon cantó cuando la desenvainé. El filo se encendió con un destello carmesí. Me coloqué entre él y Sigurd. A mi izquierda, Djangus ya protegía a Astrid y estaba situado delante de Ragnar.

El tipo se quedó parado a 20 metros. Enfrente nuestra. Delante nuestra, en el callejón no habia gran cosa, tan solo un par de palets apilados contra la pared de la izquierda y dos grandes balas de eno a su lado, justo al lado de Djangus. Medirían unos 4 metros de ancho y alto. El callejón era grande, en total sería 40 metros de largo y 10 metros de ancho, nosotros estábamos justo en el centro. 

Le hablé por lo bajo, sin apartar la vista del Cuervo.

—"ᛈᚱᛟᛏᛖᚷᛖ ᛏᚢ ᚠᚨᛗᛁᛚᛁᚨ. ᛈᛟᛞᚱᛁᚨᚾ ᚺᚨᛒᛖᚱ ᛗᚨᚱ ᛖᚾᛖᛗᛁᛒ. ᛃᛟ ᛗᛖ ᛖᚾᚲᚨᚱᛟ ᛞᛖ ᛖᛋᛏᛖ ᚲᚢᚱᚹᛟ ᛁᚾᚨᚾᛟ."

Y ahí me planté.
No me moví ni un milímetro.

El tipo no me gustaba… no porque fuera fuerte, eso aún estaba por ver, sino porque hablaba con demasiada seguridad, como si el guion ya estuviera escrito y nosotros fuéramos los idiotas que aún no sabíamos en qué acto nos mataban.

Así que no le perdí la mirada. Ni un parpadeo. Mi pulso estaba tranquilo, la hoja de Kurimuzon en guardia baja, lista para interceptar lo que fuera. Djangus entendía la situación igual que yo. Esto no era solo un tipejo con plumas.

No. Esto apestaba a trampa.

Así que, sin alterar la respiración, y con media sonrisa clavada en los labios, dejé que mi voz saliera como un filo envainado… suave, pero con veneno dentro:

—Entonces… ¿cuánto me pagarán si les llevo tu cabeza?

Me enchufé el cigarro con una llama que se deslizó desde mi espalda y di un paso lento, solo uno, sin romper la guardia. Y añadí, con una mueca:

—¿¡Eh!? ¡Cuervo enano de los cojones!



Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1030 + 0 = 1030
Energia: 869 + 28 = 897
Espiritu: 195 + 0 = 195


Mensajes en este tema
[Aventura T-2] El sueño de ser libres. - por Zorak - 27-04-2025, 02:06 PM
RE: [Aventura T-2] El sueño de ser libres. - por RedSmoke Kelo - 03-05-2025, 06:01 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)