04-05-2025, 11:08 PM
Eché otro vistazo, sin poder moverme con todo crujiendo a mi alrededor aún, hacia el barco en el que seguía ondeando la bandera que lo identificaba como el hogar de los Alas Negras. La mujer que acababa de aparecer y parecía agarrar a Sasha de pronto desapareció con la jovencísima cornuda y, tras esto, el resto de los antiguos Shogun Gari, yacían tendidos en el suelo. No me hacía ni puta gracia dejar a esa gente tirados a merced de la zumbada aquella, pero prefería salvar mi vida, o lo que quedaba de ella, que lanzarme a morir por ellos. Ciertamente estaba agradecido a Tobías Murray por la ayuda de antes con la Comodoro y me alegraba ver que él también se había librado de ir preso. Pero en verdad, estaban en una tripulación pirata distinta a la mía, y, excepto que tuvieran una alianza directa con Ashura, deberían ser tomados como enemigos directos. De todas formas, seguramente me tendría que enfrentar a ellos en algún momento, y si otro se encargaba de ello, mejor. Es duro, pero la vida nunca consistió en tomar decisiones fáciles. Miré a mi capitán entonces, descubriendo que me podía mover de nuevo con la libertad que me daban mis heridas.
Ashura estaba en las últimas. Prácticamente nadaba en sangre. Me dirigí hacia él mientras empezaba a dar órdenes a los demás. No creo que se hubiera olvidado de mí. De hecho creo que sabía perfectamente canto trabajo estaba a punto de darme. Casi prefería que perdiera la consciencia para que no se acordara del dolor que le iba a causar cosiendo esa herida. Llegué a su lado cuando, tras recoger con sus brazos la pasarela que nos conectaba a tierra, decía al pequeño pistolero que era hora de marcharse. Era completamente cierto, pero que hubiera hecho ese último esfuerzo, el cual le había hecho sangrar un poco más, había hecho que mi ira se desatara sin control. – Pero vamos a ver, puto inconsciente. ¿Qué pollas te planteas estando aún aquí de pie? Sabemos que nos tenemos que ir. Pon el puto barco a cargo del enano navegante y deja de dar esta mierda de ejemplo como capitán. Te vas a matar al final. Tira para tu cuarto, que el mío está ocupado con el hombre pájaro, que ya bastante trabajo me dio. Ponte una toalla o algo debajo del cuerpo para no manchar todo de sangre, aunque con toda la que ya perdiste no sé si te quedará algo en el cuerpo. Hasta las bolas de nieve me teneis hoy. Aunque si prefiere su calamidad, te coso aquí, delante de todos, expuesto a infecciones. Pero ya me jodería ue me matase un microbio despues de haber matado a aquel capitán pelirrojo en Neur. - Lo miraba con furia, pero aquel discurso de madre había sonado calmo y profundo, como un agradable monólogo en un día apacible.
Ashura estaba en las últimas. Prácticamente nadaba en sangre. Me dirigí hacia él mientras empezaba a dar órdenes a los demás. No creo que se hubiera olvidado de mí. De hecho creo que sabía perfectamente canto trabajo estaba a punto de darme. Casi prefería que perdiera la consciencia para que no se acordara del dolor que le iba a causar cosiendo esa herida. Llegué a su lado cuando, tras recoger con sus brazos la pasarela que nos conectaba a tierra, decía al pequeño pistolero que era hora de marcharse. Era completamente cierto, pero que hubiera hecho ese último esfuerzo, el cual le había hecho sangrar un poco más, había hecho que mi ira se desatara sin control. – Pero vamos a ver, puto inconsciente. ¿Qué pollas te planteas estando aún aquí de pie? Sabemos que nos tenemos que ir. Pon el puto barco a cargo del enano navegante y deja de dar esta mierda de ejemplo como capitán. Te vas a matar al final. Tira para tu cuarto, que el mío está ocupado con el hombre pájaro, que ya bastante trabajo me dio. Ponte una toalla o algo debajo del cuerpo para no manchar todo de sangre, aunque con toda la que ya perdiste no sé si te quedará algo en el cuerpo. Hasta las bolas de nieve me teneis hoy. Aunque si prefiere su calamidad, te coso aquí, delante de todos, expuesto a infecciones. Pero ya me jodería ue me matase un microbio despues de haber matado a aquel capitán pelirrojo en Neur. - Lo miraba con furia, pero aquel discurso de madre había sonado calmo y profundo, como un agradable monólogo en un día apacible.
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