07-05-2025, 02:25 AM
(Última modificación: 07-05-2025, 02:28 AM por Jolyne Jones.)
El ambiente era tan tenso que me daba miedo hasta respirar. Solo quería que esa mujer se diera media vuelta y se largara por donde había venido. Pero el comentario de Sasha no le sentó nada bien, y la intrusa lo acabó pagando con el pobre caracol de Garnet. Lo aplastó sin miramientos, como si fuera una cucaracha. Al ver la escena, solo pude tragar saliva al imaginar que cualquiera de nosotros podía acabar igual. Con toda esta presión en el cuerpo, casi ni me había dado cuenta de que alguien la estaba llamando desde hacía rato. La mujer se acercó a la barandilla como si por fin se fuera, pero cuando todo parecía que iba a terminar por fin, hizo que, de alguna forma, Triana se desplomara contra el suelo. No le hizo falta tener que tocarla igual que pasó en nuestra pelea contra el mono, lo que me hizo rumiar una vez más. ¿Qué clase de monstruo era capaz de hacer algo así?
Tras esto, la mujer se fue tal y como había llegado. Volvió a subir a la barandilla y en un abrir y cerrar de ojos, desapareció de mi vista. Kenzo y Sasha fueron enseguida con Triana mientras yo me ponía la mano en el pecho sintiendo que, al fin, podía volver a respirar de nuevo. — ¡Eso! ¡Corre todo lo que puedas! Por esta vez te has librado… — dije al ver que parecía haberse ido definitivamente. — Por el amor de mis cabras… decidme que no la han palmado — añadí, intentando recomponerme como podía. La cara de alivio de Sasha me tranquilizó un poco al intuir que no sería nada muy grave. — Pero bueno… ¿se puede saber de qué iba esa mujer?
Ahora que la intrusa se había machado, lo primero era poner a todos a salvo y salir de allí por patas. Kenzo cargó con Triana y me pidió que ayudara a meterlos en sus camas. Mientras él se llevaba a la espadachina hacia adentro, yo me ocupé de Garnet. Le agarré del pie y empecé a tirar de él con todas mis fuerzas, igual que hacía con los sacos de garbanzos en mi granja, pero por muchos gruñidos que soltara con mi esfuerzo, no lograba que se moviera ni un centímetro. — Fiuu... Pesan como demonios, mejor que se los lleve Kenzo — susurré secándome la frente con la manga, volviendo a dejar su pie en el suelo con delicadeza, y rematando con dos palmaditas en la pierna a modo de disculpa.
Por suerte, no tardé en tener otra tarea, y es que Sasha necesitaba de mi prodigiosa vista de águila para sacar el barco de allí. — ¡Ah, bueno, eso ya es otra cosa! Yo me encargo. ¿Sabías que en mi pueblo guiaba rebaños de cabras de dos en dos incluso en tormenta? Era como una reina para ellas — dije con orgullo. — Vigilar el camino será pan mascado — añadí. Justo antes de subir por el mástil, miré el Den Den Mushi de Garnet que la intrusa había aplastado con el pie. — Qué lástima, con lo que me gustaba a mí ese caracol... Será mejor que Jimba no lo vea o va a estar picoteándolo durante semanas — mascullé. Una vez que Kenzo metió a todos dentro del barco, ya estábamos listos para ayudar a Sasha a poner rumbo hacia la próxima isla.
Tras esto, la mujer se fue tal y como había llegado. Volvió a subir a la barandilla y en un abrir y cerrar de ojos, desapareció de mi vista. Kenzo y Sasha fueron enseguida con Triana mientras yo me ponía la mano en el pecho sintiendo que, al fin, podía volver a respirar de nuevo. — ¡Eso! ¡Corre todo lo que puedas! Por esta vez te has librado… — dije al ver que parecía haberse ido definitivamente. — Por el amor de mis cabras… decidme que no la han palmado — añadí, intentando recomponerme como podía. La cara de alivio de Sasha me tranquilizó un poco al intuir que no sería nada muy grave. — Pero bueno… ¿se puede saber de qué iba esa mujer?
Ahora que la intrusa se había machado, lo primero era poner a todos a salvo y salir de allí por patas. Kenzo cargó con Triana y me pidió que ayudara a meterlos en sus camas. Mientras él se llevaba a la espadachina hacia adentro, yo me ocupé de Garnet. Le agarré del pie y empecé a tirar de él con todas mis fuerzas, igual que hacía con los sacos de garbanzos en mi granja, pero por muchos gruñidos que soltara con mi esfuerzo, no lograba que se moviera ni un centímetro. — Fiuu... Pesan como demonios, mejor que se los lleve Kenzo — susurré secándome la frente con la manga, volviendo a dejar su pie en el suelo con delicadeza, y rematando con dos palmaditas en la pierna a modo de disculpa.
Por suerte, no tardé en tener otra tarea, y es que Sasha necesitaba de mi prodigiosa vista de águila para sacar el barco de allí. — ¡Ah, bueno, eso ya es otra cosa! Yo me encargo. ¿Sabías que en mi pueblo guiaba rebaños de cabras de dos en dos incluso en tormenta? Era como una reina para ellas — dije con orgullo. — Vigilar el camino será pan mascado — añadí. Justo antes de subir por el mástil, miré el Den Den Mushi de Garnet que la intrusa había aplastado con el pie. — Qué lástima, con lo que me gustaba a mí ese caracol... Será mejor que Jimba no lo vea o va a estar picoteándolo durante semanas — mascullé. Una vez que Kenzo metió a todos dentro del barco, ya estábamos listos para ayudar a Sasha a poner rumbo hacia la próxima isla.
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