13-05-2025, 02:11 PM
(Última modificación: 13-05-2025, 11:46 PM por Atlas Gomes Lupus.
Razón: Cambiar el titulo
)
Un par de amaneceres han pasado desde que mantuve a raya aquel alud en la cantera del noreste. Desde entonces, el viejo sendero que bordea el pueblo gigante me llama como un tambor lejanísimo. No es que vaya a cruzar sus puertas hoy... já mais!. Pero algo en esos muros enormes me empuja a merodear por los bosques que los custodian. Así que esta madrugada, antes siquiera de que el gallo bostece, me ciño los pantalones, ajusto las Esporas de Monte Branco en los tobillos y dejo el cobertizo sin desayunar. El aire huele a tierra mojada y madera recién cortada; se pega al pelaje y me eriza los bigotes.
El camino se encoge entre robles y secuoyas viejas, cada paso que doy provoca ligeros crujidos. -Crack, crack- Lo normal vamos, al caminar levanto hojas ocres que flotan unos segundos antes de volver a caer siendo arrastradas por la gravedad. por la derecha puedo distinguir los tejados ciclópeos asomando entre las nieblas de la mañana... ¡Parecen como sombras de ballenas aereas!. ¿Y si me acerco...? Es lo que quiero, pero algo en mi pecho me dice: -calma, parceiro; hoy se mira, no se toca- Así que simplemente no lo hago, solo me mantengo entre los troncos, donde la luz se filtra por las hojas...
¡Había venido a entrenar un poco! a si que busco un claro pequeño, cubierto de aguja de pino.. puedo sentir como el suelo está frio y húmedo por el rocío mañanero, pero oye, Que estoy muy peludo y muy alto así que cuanto mas fresquete para este perrete pues mejor ¿no? -Prepare as pernas, estamos começando!- Empiezo a poco, pie delante, pie detrás.... con la cintura suelta mientras empiezo a controlar mi respiración, dejo que la gravedad tire de mi, flexiono las rodillas y me dejo caer hacia atrás, posicionando las manos en el suelo y reboto en un arco que me pone de pie de nuevo. Giro sobre el talón levantando la pierna en un barrido amplio, cortando el aire a la altura de mi cabeza provocando que las hojas se empiecen a arremolinar a mi alrededor... despues lanzo el talón contrario en un latigo que rozaría la corteza de uno de los arboles que me rodeaban.. Siento la torsión de mi columna, la torsión de los isquios... -Arf arf arf- ¡esto solo comienza! Woof-
El ritmo sube sin orden: encajo los antebrazos, apoyo una mano en la tierra y me impulso en una voltereta lateral, describiendo un arco bajo donde mis piernas pasan zumbando a la altura de la hojarasca. Al caer, planto los pies y deslizo el torso casi paralelo al suelo mientras la pierna libre barre en un semicírculo desde atrás, como la cola de un gran felino buscando derribar lo que se cruce.
El camino se encoge entre robles y secuoyas viejas, cada paso que doy provoca ligeros crujidos. -Crack, crack- Lo normal vamos, al caminar levanto hojas ocres que flotan unos segundos antes de volver a caer siendo arrastradas por la gravedad. por la derecha puedo distinguir los tejados ciclópeos asomando entre las nieblas de la mañana... ¡Parecen como sombras de ballenas aereas!. ¿Y si me acerco...? Es lo que quiero, pero algo en mi pecho me dice: -calma, parceiro; hoy se mira, no se toca- Así que simplemente no lo hago, solo me mantengo entre los troncos, donde la luz se filtra por las hojas...
¡Había venido a entrenar un poco! a si que busco un claro pequeño, cubierto de aguja de pino.. puedo sentir como el suelo está frio y húmedo por el rocío mañanero, pero oye, Que estoy muy peludo y muy alto así que cuanto mas fresquete para este perrete pues mejor ¿no? -Prepare as pernas, estamos começando!- Empiezo a poco, pie delante, pie detrás.... con la cintura suelta mientras empiezo a controlar mi respiración, dejo que la gravedad tire de mi, flexiono las rodillas y me dejo caer hacia atrás, posicionando las manos en el suelo y reboto en un arco que me pone de pie de nuevo. Giro sobre el talón levantando la pierna en un barrido amplio, cortando el aire a la altura de mi cabeza provocando que las hojas se empiecen a arremolinar a mi alrededor... despues lanzo el talón contrario en un latigo que rozaría la corteza de uno de los arboles que me rodeaban.. Siento la torsión de mi columna, la torsión de los isquios... -Arf arf arf- ¡esto solo comienza! Woof-
El ritmo sube sin orden: encajo los antebrazos, apoyo una mano en la tierra y me impulso en una voltereta lateral, describiendo un arco bajo donde mis piernas pasan zumbando a la altura de la hojarasca. Al caer, planto los pies y deslizo el torso casi paralelo al suelo mientras la pierna libre barre en un semicírculo desde atrás, como la cola de un gran felino buscando derribar lo que se cruce.
La caseta
