[Presente relativo-Entrenamiento]Un perro guía andaluz pero que ni Guía ni dice Illo.
#2
Día 39 de Otoño, Año 15.
Korossasu, Pueblo Yasu.
Inventario


El sol aún no había trepado del todo por el cielo cuando abrí los ojos. La luz entraba sesgada por la ventana alta de mi habitación, filtrándose entre las cortinas improvisadas de tela áspera que colgaban de un marco de madera tres veces más grande que yo. Otra mañana en Yasu, el pueblo dormido de los gigantes.

Mi casa era una de esas antiguas moles de piedra y madera, techos altísimos, escaleras talladas como si las hubieran hecho para elefantes. Pero con el tiempo la había ido amoldando a mi escala. No necesitaba lujo. Solo lo justo: una cocina baja encajada en un hueco de chimenea, estanterías que parecían cajas colgadas, un futón bien doblado sobre una plataforma hecha con viejos tablones. Paredes desnudas, olor a madera seca y té tostado. Mi hogar.

Con los músculos aún tibios, me estiré como un felino y me acerqué a la cocina. Preparé un par de bentos sencillos con arroz, y algo de caballa seca. Siempre iban bien con té, y calenté una tetera con un silbido lento. Eché el té en dos botellitas de metal. Una para mí. Otra para el grandullón de al lado. Amarré a Kurimuzon en mi fajín y salí. 

Beto vivía ahora en la casa contigua, otra de esas estructuras ciclópeas que por dentro parecían ecos de otro tiempo. Él dormía como un tronco, así que decidí llevárselo volando.

Salí por la puerta lateral, extendí las alas con un leve rugido de fuego y ascendí en línea recta hasta su ventana, una de esas ventanucas absurdamente altas. Dejé los bentos y el té en el alféizar con cuidado.

Tac-tac-tac.

Golpeé el cristal con los nudillos.

—¡Vamos, Beto! Hora de ser útil, o al menos de dejar de roncar como si el techo te lo hubiera hecho Dios a martillazos. ¡Desayuno en ventana, gentileza del demonio alado de al lado!

Con una media sonrisa y sin esperar respuesta inmediata, bajé planeando. Iba rumbo al embarcadero de piedra cuando me crucé con tres tipos de Pueblo Cobo, cargados con redes y cubos, camino al arrecife. Gente recia, de manos curtidas y piel que huele a sal y a risas viejas.

—¡Eh, Lunaria! —me saludó uno, alzando la mano.

—Hoy no vienes a pescar, ¿o es que te da miedo mojarte la melena?

—Me la lava la lluvia, y la seca el fuego. —le respondí con sorna.

Nos reímos un rato, como siempre, hasta que uno de ellos, un viejo con barba como soga enrollada, soltó entre sorbo y sorbo de agua:

—Dicen que hay algo raro por los bosques.

—¿Raro cómo? —pregunté, con una ceja en alto.

—Grande. Muy peludo. Lo vieron entre las secuoyas, moviéndose en silencio. Algunos piensan que es un oso enorme, otros que es un dinosaurio salvaje. Pero nadie se atreve a acercarse mucho.

—¿¡¡Un puto Dino en Korossasu!!?
—Si es así, pienso comerme a ese cabrón. —dije recordando mis tiempos de joven, cuando los cazaba para almorzar. 

Rieron, pero no del todo tranquilos. Tenían esa risa que viene con la duda.

Yo no dije nada más. Solo bajé la mirada, luego giré la cabeza y miré hacia los árboles que se extendían más allá de los límites de Yasu.

Algo se movía dentro. No solo hojas.

Korossasu es mi hogar. Si algo acecha en sus márgenes, no iba a quedarme cruzado de brazos.

Volví a extender las alas y tomé rumbo directo a la casa de Beto. Esta vez no era para dejarle comida.

Era para darle una razón para levantarse.

Aterrizando en el porche, me enchufé un cigarro y golpeé la puerta con fuerza.

—¡Beto! ¡Mueve ese culo sagrado! He oído algo que huele a aventura, a peligro... o a ambas cosas. Vamos, Padre, que si nos quedamos aquí parados, seguro que la historia se nos escapa.


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RE: [Presente relativo] Un perro guía andaluz pero que ni Guía ni dice Illo. - por RedSmoke Kelo - 13-05-2025, 10:05 PM

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