14-05-2025, 09:31 AM
Mi mano jabonosa acariciaba cada parte de mi cuerpo dentro de la bañera. El agua fría causaba que cualquier cosa se encogiera, incluso algunas cosas gigantes. No había nada mejor para despertar que un buen baño acompañado del cantar de aves igual de madrugadoras. La naturaleza siempre nos ofrece una sinfonía que solo pudo ser compuesta por la voluntad del cielo.
Al salir de la bañera fue el turno del Sol de bañar mi cuerpo. Sentir el calor de los rayos del Sol en mi piel desnuda me hacían saber que ya era de día. ¿Cómo se vería el Sol? ¿Cómo es el cielo? Eran preguntas a las que probablemente nunca podría darles una respuesta.
Camine a mi habitación, tropezando con todo. Mi sombra me seguía presumiendo de sus tres piernas, algo que yo también era incapaz de ver.
— Hoy de nuevo he sido bendecido con el milagro de la vida, amen —dije en voz alta—. Bendito sea el nom…
De repente algo interrumpió mi plegaria de agradecimiento tocando en la ventana de mi habitación. Era la voz de Kelo. Me había dejado el desayuno en la ventana por lo que pude escuchar. Kelo era un gran vecino y un gran amigo, una bendición más que probablemente yo no merecía
Me acerqué a la ventana y tomé el pequeño plato que había dejado mi gran vecino. Lo importante era el detalle, aunque no satisfaría mi apetito. La comida “instantánea” es mi especialidad por lo que acompañé aquel cálido desayuno con mis propios alimentos.
Tras desayunar y vestirme, pensé en salir a tomar aire fresco. En el mismo instante en que pretendía abrir la puerta alguien del otro lado empezó a tocarla con energía. Era Kelo de nuevo. Escuché sus palabras, curioso, y abrí la puerta.
— Buenos días Señor Kelo. Que mi Dios lo bendiga por el detalle de hace un rato. Personas como usted valen oro, amen —le dije—. ¿Qué podría tenerlo tan preocupado y enérgico a la vez? ¿Qué es eso de aventura o peligro?
Al salir de la bañera fue el turno del Sol de bañar mi cuerpo. Sentir el calor de los rayos del Sol en mi piel desnuda me hacían saber que ya era de día. ¿Cómo se vería el Sol? ¿Cómo es el cielo? Eran preguntas a las que probablemente nunca podría darles una respuesta.
Camine a mi habitación, tropezando con todo. Mi sombra me seguía presumiendo de sus tres piernas, algo que yo también era incapaz de ver.
— Hoy de nuevo he sido bendecido con el milagro de la vida, amen —dije en voz alta—. Bendito sea el nom…
De repente algo interrumpió mi plegaria de agradecimiento tocando en la ventana de mi habitación. Era la voz de Kelo. Me había dejado el desayuno en la ventana por lo que pude escuchar. Kelo era un gran vecino y un gran amigo, una bendición más que probablemente yo no merecía
Me acerqué a la ventana y tomé el pequeño plato que había dejado mi gran vecino. Lo importante era el detalle, aunque no satisfaría mi apetito. La comida “instantánea” es mi especialidad por lo que acompañé aquel cálido desayuno con mis propios alimentos.
Tras desayunar y vestirme, pensé en salir a tomar aire fresco. En el mismo instante en que pretendía abrir la puerta alguien del otro lado empezó a tocarla con energía. Era Kelo de nuevo. Escuché sus palabras, curioso, y abrí la puerta.
— Buenos días Señor Kelo. Que mi Dios lo bendiga por el detalle de hace un rato. Personas como usted valen oro, amen —le dije—. ¿Qué podría tenerlo tan preocupado y enérgico a la vez? ¿Qué es eso de aventura o peligro?
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