15-05-2025, 07:34 PM
(Última modificación: 16-05-2025, 12:07 AM por RedSmoke Kelo.)
Inventario
Llegamos por fin al edificio. El camino me había dejado con el cuerpo agotado, pero la cabeza aún más cargada. En cuanto llegué al lugar vi a Sigurd y Astrid salir a ayudarnos.
Bajaron a Djangus con cuidado, y a Ragnar también, que soltó una queja ronca por el movimiento.
Yo me incorporé despacio, girando la cabeza hacia el fondo del callejón del que habíamos salido.
Me quedé quieto.
La mirada fija en la nada, el ceño fruncido.
Esa clase de silencio que huele a revancha.
—Esto no ha terminado... —pensé.
Porque lo sabía. Esa voz gritando que nos mataría a todos no era la de un tipo que se resigna.
Era la de un monstruo herido.
Y los monstruos heridos son un peligro.
Volví a mi forma original. El fuego de mi espalda se apagó en un parpadeo y las alas aparecieron de nuevo. Me sentía más ligero, más Lunaria, pero no más tranquilo.
Ayudé a Sigurd como pude a atender a Djangus. No sabía una mierda de medicina, pero al menos le alcanzaba vendas y aguantaba peso. El pobre estaba inconsciente, pero vivo. Eso bastaba por ahora.
Astrid trajo comida.
Un gesto sencillo que, después de todo lo vivido, se sintió como un banquete.
—Gracias, de verdad. —le dije.
—Me has salvado más de lo que imaginas.
Me senté junto al viejo. Ragnar comía como podía con la izquierda, haciendo muecas de dolor.
Entonces comenzó a hablar.
Sus palabras me atravesaron. Una a una.
Cuando mencionó el grito de Muzán, lo sentí retumbar en el pecho.
Cuando nombró a Ivar, y cómo se enfrentaba al miedo sin retroceder, sentí que hablaba de algo más grande que él mismo.
Fue cuando sacó el símbolo... cuando todo se detuvo.
Un trozo de tela. Verde militar.
Y ese emblema.
Dos alas cruzadas.
Una oscura y la otra blanca como la nieve.
Lo miré. Y lo sentí.
Un escalofrío me subió por la nuca.
—¿De qué coño me suena esto...? —pensé.
Era como un eco. Una imagen atrapada bajo toneladas de memoria.
Pero se escapó. Como el humo.
No me acordaba. Pero algo dentro de mí sí lo hacía.
Cogí el retazo y lo observé en silencio.
Levanté la mirada y se la clavé al viejo.
—ᚷᚱᚨᚲᛁᚨᛋ... —susurré.
—ᛈᛟᚱᛏᚨᚱᛖ ᛖᛋᛏᛟ ᚲᛟᚾ ᛟᚾᛟᚱ.
El viejo sonrió.
—Por tu dialecto, comprendo que eres nativo de este lugar, ¿cierto? Incluso te sorprendiste al ver a otro de tu raza, así que, como agradecimiento, contestaré cualquier pregunta sobre los de tu raza.
Me quedé unos segundos más mirando ese símbolo entre mis manos.
Me enchufé un cigarro... Dejé que el humo invadiera el lugar.
Y entonces hablé.
—Me llamo Redsmoke Kelo…
—…y soy hijo de Redsmoke Skadi, viejo.
Hice una pausa.
La primera vez que decía eso en voz alta.
Y dolía.
—Crecí en una isla salvaje del East Blue. Una aldea perdida. Distinta. Mi madre era Lunaria. De mi padre... Nunca supe nada. Ella no hablaba de él. Solo tengo retazos, sueños...
Imágenes borrosas de un Lunaria enorme con el pecho atravesado por una cicatriz vinieron a mí mente.
Una barba frondosa y sin trenzar. Un hacha descomunal con el filo rojo.
Y su pelo… blanco. Brillante como plata. De niño soñaba con que ese ser.. era mi padre y que no podía estar con nosotros por algún motivo... Pero tan solo son vagos recuerdos de tiempos mejores.
—Una noche llegaron. Monstruos. No sé qué eran… pero lo arrasaron todo.
—Mi madre murió protegiendo a mí hermana. Y yo... me quedé solo. Tenía quince años. Desde entonces he vivido en Korossasu. Llevo otros quince aquí.
—Nunca entendí por qué sobreviví.
Bajé la vista hacia el símbolo.
—Y ahora, de pronto, todo esto... Otro Lunaria, una red de esclavismo, un mundo que desprecia nuestra raza...
Y una llama.
—Una llama que aún está viva.
Me quedé pensando...
—Pienso encargarme de ese hijo de puta de Muzán, no dejaré que os haga ningún daño. Antes de salir al mar pienso dejar Korossasu en paz, libre de toda esta basura. Una Korossasu tranquila.
Volví a mirar al viejo.
—¿Qué sabes de los míos, Ragnar? ¿Qué sucedió?
—Yo pensaba que ya no quedaba nadie como yo.
Pero si tú puedes ayudarme a entenderlo...
aunque sea solo un poco... Entonces me habrás ayudado más de lo que podrás imaginar esta noche.
Me callé.
El silencio llenó la estancia unos segundos.
Había hablado de entrenarme.
—Entrenarme...—pensé.
Una palabra tan simple. Y sin embargo... Algo en mí se encendió. El niño que quedó solo en esa isla se despertó.
Me arrodillé y me incliné hacia Ragnar.
Le cogí su mano buena, la izquierda, con fuerza pero con respeto.
—Será un honor, viejo.
Prometo ser torpe. Y lento. Y cabezón.
Pero también prometo ser el mejor puñetero aprendiz que hayas tenido nunca.
Y por primera vez en mucho tiempo…
sentí que los pedazos de el mapa que era mi vida comenzaban a cuadrar.
Las palabras de Pin vinieron a mí mente...
"Yo no quiero probar nada, colega. Quiero vivir algo que nadie entienda. Ni siquiera yo. Quiero mirar atrás un día y no saber cómo demonios llegué allí. Solo… que lo hice."
Y mi contestación...
"Quiero entender por qué siempre siento que falta algo. Como si la vida me diera pedazos de un mapa, pero nunca el dibujo completo. Quiero que un día todo encaje… aunque sea solo por un instante."
Off
