15-05-2025, 08:51 PM
Escuché con curiosidad las palabras de aquel buen amigo. Se acercó a mi oído como si de un secreto se tratase. Sus palabras estaban cargadas de una exageración notable. No pude saber si me estaba haciendo una broma o si de verdad lo decía en serio. Si era una broma tenía que admitir que era alguien con gran imaginación.
— Kukukukukukukukukuku —no pude evitar tener un ataque de risa ante las palabras de Kelo—. ¿Un dinosaurio con piel de lobo? Kukukuku. ¿Un demonio? Kukukuku. La última vez que pensé así terminó siendo usted quien estaba frente a mi.
Probablemente solo estaba tratando de seducirme para ir al bosque. El señor Kelo tenía un espíritu aventurero y siempre quería arrastrarme a sus supuestas aventuras. Bastaba con pedirme que lo acompañara pero parece que disfrutaba crear su propia versión de la aventura.
— Está bien. Lo acompañaré al Bosque. Pero por favor ayúdeme a no perderme. Me cuesta orientarme en el bosque —le respondí mientras extendía mi nuevo látigo “Uzziel” para azotar la tierra y usarlo de guía— Vayamos a ver a ese supuesto Rey del Bosque. Kukukuku.
Tomé rumbo al bosque esperando que Kelo me ayudara a no perderme. El camino al bosque no era tan lejano. Los animales siempre notaban fácilmente mi presencia. Debido a mi peso cada paso que doy genera un gran estruendo, los que tienen buen oído notan mi llegada a metros. Incluso aquellos con buen olfato, ya que por las horas que pasaba en la cocina el aroma de las especias formaba parte de mi olor corporal.
— Señor Kelo. Tengamos cuidado con esa extraña criatura. Kukukuku. Si llego a escuchar algo se lo haré saber. Que Dios nos bendiga. Amen —le dije al señor Kelo mientras caminaba azotando el látigo rítmicamente una y otra vez contra el suelo.
— Kukukukukukukukukuku —no pude evitar tener un ataque de risa ante las palabras de Kelo—. ¿Un dinosaurio con piel de lobo? Kukukuku. ¿Un demonio? Kukukuku. La última vez que pensé así terminó siendo usted quien estaba frente a mi.
Probablemente solo estaba tratando de seducirme para ir al bosque. El señor Kelo tenía un espíritu aventurero y siempre quería arrastrarme a sus supuestas aventuras. Bastaba con pedirme que lo acompañara pero parece que disfrutaba crear su propia versión de la aventura.
— Está bien. Lo acompañaré al Bosque. Pero por favor ayúdeme a no perderme. Me cuesta orientarme en el bosque —le respondí mientras extendía mi nuevo látigo “Uzziel” para azotar la tierra y usarlo de guía— Vayamos a ver a ese supuesto Rey del Bosque. Kukukuku.
Tomé rumbo al bosque esperando que Kelo me ayudara a no perderme. El camino al bosque no era tan lejano. Los animales siempre notaban fácilmente mi presencia. Debido a mi peso cada paso que doy genera un gran estruendo, los que tienen buen oído notan mi llegada a metros. Incluso aquellos con buen olfato, ya que por las horas que pasaba en la cocina el aroma de las especias formaba parte de mi olor corporal.
— Señor Kelo. Tengamos cuidado con esa extraña criatura. Kukukuku. Si llego a escuchar algo se lo haré saber. Que Dios nos bendiga. Amen —le dije al señor Kelo mientras caminaba azotando el látigo rítmicamente una y otra vez contra el suelo.
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