16-05-2025, 04:37 AM
Inventario
OST
Primero fue el sonido de la voz del viejo Ragnar. Y luego… el peso de cada palabra.
—Ivar...Skadi...—pensé para mi mismo.
Mi cuerpo entero se quedó quieto.
Sentí cómo la garganta se me cerraba y el pecho se me endurecía.
Ragnar hablaba del pasado como quien desempolva reliquias sagradas.
Mi padre liberó a los míos...
Se enamoró de mi madre.
Ayudó a construir nuestro hogar.
Y entonces... todo ardió.
Cuando mencionó que llegaron al día siguiente, sentí que el aire se me escapaba.
Que él llegó... y me buscó. Entre escombros. Como un loco.
Que gritó. Que lloró. Que se lanzó a vengarnos a todos.
Y que murió.
Las lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos, aún en silencio.
Las pupilas se me perdieron en el símbolo que aún tenía en las manos.
Entonces, bajito, con un hilo de voz que apenas reconocí como mío, pregunté:
—Viejo... ¿Murió aquel día? ¿Tuvo algo que ver aquello... con lo que arrasó mi aldea? ¿Sabes cómo fue?
No sé si buscaba una respuesta... o sólo necesitaba preguntar.
Me dolía la garganta. Como si una piedra me creciera dentro.
Y fue entonces que miré a Djangus...
Mi hermano.
Mi puto hermano.
Lo observé un instante más, y me derrumbé.
No con gritos. No con aspavientos.
Solo con lágrimas. Las que llevaban años esperando salir.
Lloré por todo lo que me faltó.
Por lo que no supe.
Por lo que me fue arrebatado sin explicaciones.
Djangus. Ragnar. Astrid.
Era mi familia.
Todo el tiempo.
Y yo… perdido. Con el corazón medio muerto.
Cuando Ragnar cayó al suelo, pidiendo perdón entre sollozos, no lo dudé. Me acerqué y me arrodillé frente a él.
Apoyé la mano con suavidad sobre su espalda encorvada, y con ternura, incliné la cabeza hasta que nuestras frentes se tocaron.
—No tienes por qué disculparte, viejo... —susurré.
—Mírame...
Una lágrima me rodó por la mejilla. Pero esta vez... iba acompañada de una media sonrisa.
—Estoy aquí... Vivo. Con mi familia.
Tragué saliva.
Y bajando los párpados, añadí con el corazón en la voz:
—Lo has hecho genial, tío Ragnar, gracias por cuidar de Djangus todo este tiempo.
Pausé.
—Y perdóname tú a mí... Por desaparecer durante quince años.
Volví a girarme hacia Djangus.
Lo observé con la garganta hecha nudos y el alma abierta de par en par.
—Mi padre... Un Revolucionario...
—No sé si me parezco en algo a él... Pero si de verdad luchó por los suyos hasta el final, entonces quiero pensar que algo de eso sí me corre por las venas.
—Si la cosa se complica aquí en Korossasu... Si Muzán o los suyos se ponen tontos, o si necesitáis un sitio seguro para Djangus mientras se recupera...
—Tengo una casa en el viejo Yasu. Nadie se mete allí. Lo único que ronda por esos lares son algún que otro pescador al que le saco bebida a cambio de historias viejas. Se está tranquilo, escondido entre colinas y árboles... y no hay trajeados con malas pulgas husmeando.
—No es una fortaleza... pero es un hogar.
—Y lo que es mío, ahora también es vuestro.
Y entonces, me incorporé.
Me limpié la cara con el dorso del brazo, respiré hondo y, mirando al viejo directamente a los ojos, dejé salir lo que ardía por dentro.
—Esta vez es personal, viejo.
—Pienso coger a ese soplapollas trajeado y arrancarle la cabeza.
Off
