17-05-2025, 03:21 PM
(Última modificación: 17-05-2025, 04:29 PM por Atlas Gomes Lupus.)
Me pilló a medio giro, con el pie aún suspendido y el eco de mi propio canto retumbando entre los troncos, cuando una voz nueva me cortó la nota. La silueta que salió del sotobosque llevaba alas de fuego a la espalda y un filo que brillaba al nivel de mi cuello. Detrás de mi, un chaval del pueblo Cobo temblaba, encogido; lo tenía agarrado del codo para que no se fuese de bruces después del susto que le pegué con el baile.
—¡¡Eeeh!! Bola de pelo, se acabó el juego, suéltalo. Tienes cinco segundos- gruñó el de las llamas, contando mentalmente mientras la espada respiraba en horizontal. El leñador chirrió como un ratón, y yo levanté ambas manos en paz. Dejé que el chaval se escurriese tras de mí para esconderse.
-Calma, parceiro! Ele só tropeçou quando comecei a cantar. Não machuquei ninguém- las palabras salieron rápidas, antes de que incluso pasara algún que otro segundo... Apreté el collar con los dedos para recordarme que la tranquilidad va primero. Bajé la voz, mostrando las palmas abiertas...
La hoja siguió quieta, suspendida a la altura de mi torso, y los segundos se alargaron como chicle caliente. Esa mirada en llamas no era de quien busca charla; era la invitación clara de un duelista que espera respuesta. El mensaje me llegó más rápido que cualquier palabra: -Si no bajas tu hoja, tendremos que bailar....- Solté el aire en un bufido breve y dejé que el pulso pasara de ritmo de samba a tambor de guerra al mismo tiempo que me acercaba a el, paso a paso. -Então é luta que tu quer… beleza.- Mis orejas se alzaron, tensas pero aún juguetonas. No iba a matar a nadie, pero si el lunarian quería medir fuerzas, no le iba a negar el gusto. Sin previo aviso al estar cerca de el. hundí el pie izquierdo, clavándolo como pivote en la tierra húmeda, y el derecho describió un barrido ancho que levantó un arco de hojas secas. Con el giro, mi torso se inclinó justo lo necesario para que la punta de su espada resbalara por encima de mi hombro sin tocar pelaje. Sentí el aire arder al filo del metal, tan cerca que me erizó la piel. Trate de aprovechar mi tamaño antes de que pudiera recolocar el arma, aprovechando la inercia del giro: mi cadera siguió la rotación, y el talón que venía barriendo subió, dibujando un latigazo ascendente directo a la muñeca del espadachín. No buscaba romper huesos, solo apartar la hoja.
-Meu nome é Atlas Gomes Lupus. Tô longe de ser ameaça pra vocês...... ¿No deberias ayudar a tu amigo?.
—¡¡Eeeh!! Bola de pelo, se acabó el juego, suéltalo. Tienes cinco segundos- gruñó el de las llamas, contando mentalmente mientras la espada respiraba en horizontal. El leñador chirrió como un ratón, y yo levanté ambas manos en paz. Dejé que el chaval se escurriese tras de mí para esconderse.
-Calma, parceiro! Ele só tropeçou quando comecei a cantar. Não machuquei ninguém- las palabras salieron rápidas, antes de que incluso pasara algún que otro segundo... Apreté el collar con los dedos para recordarme que la tranquilidad va primero. Bajé la voz, mostrando las palmas abiertas...
La hoja siguió quieta, suspendida a la altura de mi torso, y los segundos se alargaron como chicle caliente. Esa mirada en llamas no era de quien busca charla; era la invitación clara de un duelista que espera respuesta. El mensaje me llegó más rápido que cualquier palabra: -Si no bajas tu hoja, tendremos que bailar....- Solté el aire en un bufido breve y dejé que el pulso pasara de ritmo de samba a tambor de guerra al mismo tiempo que me acercaba a el, paso a paso. -Então é luta que tu quer… beleza.- Mis orejas se alzaron, tensas pero aún juguetonas. No iba a matar a nadie, pero si el lunarian quería medir fuerzas, no le iba a negar el gusto. Sin previo aviso al estar cerca de el. hundí el pie izquierdo, clavándolo como pivote en la tierra húmeda, y el derecho describió un barrido ancho que levantó un arco de hojas secas. Con el giro, mi torso se inclinó justo lo necesario para que la punta de su espada resbalara por encima de mi hombro sin tocar pelaje. Sentí el aire arder al filo del metal, tan cerca que me erizó la piel. Trate de aprovechar mi tamaño antes de que pudiera recolocar el arma, aprovechando la inercia del giro: mi cadera siguió la rotación, y el talón que venía barriendo subió, dibujando un latigazo ascendente directo a la muñeca del espadachín. No buscaba romper huesos, solo apartar la hoja.
-Meu nome é Atlas Gomes Lupus. Tô longe de ser ameaça pra vocês...... ¿No deberias ayudar a tu amigo?.
Caseta
