17-05-2025, 04:05 PM
(Última modificación: 17-05-2025, 04:06 PM por Max D. Bambú.)
La decepción que provocaron las palabras del panda en su camarada era evidente. Le entendía bien. Quería progresar cuanto antes para lograr sus objetivos más rápido. No tenía tiempo que perder y cada día que no lograse dominar el haki sería un día más que tendría a sus espaldas sin haber llegado a la altura de sus grandes enemigos. Ashura, Sohem, Kovashi... Tres entidades abominables ante las cuales cualquiera perecería de no estar perfectamente preparado. Ni siquiera una preparación absoluta era garante de supervivencia, sólo abría la posibilidad de lograrlo. La lista de enemigos se ensanchaba con cada nueva aventura. Un almirante, un enano pirata en apariencia inofensivo... ¿Quién podría imaginar qué les deparaba la Isla Gyojin? Los problemas habían perseguido al trío revolucionario a lo largo del último año y aunque la presencia de Comilón era un soplo de aire fresco no podían bajar la guardia ni por un instante.
Kisuke regresó al ejercicio espiritual siguiendo las instrucciones del panda. Observó en silencio cómo acumulaba su energía espiritual y cómo, de nuevo, su espada se volvía negra. Sintió en el aire una cierta electricidad, como si la frecuencia espiritual fuese más adecuada que en otras ocasiones, y se preparó para recibir un impacto considerable. Endureció con fuerza los músculos de su brazo izquierdo y recibió el espadazo del samurái con expectación. El suelo bajo los pies de Don Bambú se tambaleó ante la fuerza del impacto, pero su haki armadura proporcionaba una defensa excelente. Estaba orgulloso de su progreso con el mismo y era perfectamente consciente de que se había convertido en un maestro en aquel arte. Desconocía si había todavía espacio para la mejora en su control del haki, pero no desdeñaría la posibilidad de llevar el mismo a su forma final de una vez por todas. La espada rebotó contra su brazo, pero emitió un sonido estridente y agudo. El choque había sido brutal y ni siquiera se trataba de lo mejor que podía hacer Kisuke. A penas era lo más débil, de hecho.
Estaba satisfecho con el resultado.
—Fantástico camarada honhonhon. —Agitó su brazo izquierdo como si intentase deshacerse de una sensación desagradable. Sentía un ligero hormigueo recorriendo sus músculos, pero no era de dolor, sino de emoción. Su cuerpo le pedía acción, pero no estaba ahí para pelearse con su amigo, sino para ayudarle. Además, una pelea entre dos personas de tal poder sólo podría desenlazar en el hundimiento irremediable del barco. La pompa no soportaría un combate entre Kisuke y Don Bambú por amistoso que fuera. —¿Puedes seguir? Inténtalo una vez más, a ver si lo mantienes después del ataque y después haremos una pequeña pausa para comer. Te vendrá bien, ya verás. —Siempre que había entrenado el haki de forma intensiva sus maestros le ofrecieron comida entre entrenos. Y la comida siempre le ayudaba a restablecer su espíritu y renovar sus fuerzas. Era impresionante lo que podían hacerle un par de bocados a una persona agotada espiritualmente.
Kisuke regresó al ejercicio espiritual siguiendo las instrucciones del panda. Observó en silencio cómo acumulaba su energía espiritual y cómo, de nuevo, su espada se volvía negra. Sintió en el aire una cierta electricidad, como si la frecuencia espiritual fuese más adecuada que en otras ocasiones, y se preparó para recibir un impacto considerable. Endureció con fuerza los músculos de su brazo izquierdo y recibió el espadazo del samurái con expectación. El suelo bajo los pies de Don Bambú se tambaleó ante la fuerza del impacto, pero su haki armadura proporcionaba una defensa excelente. Estaba orgulloso de su progreso con el mismo y era perfectamente consciente de que se había convertido en un maestro en aquel arte. Desconocía si había todavía espacio para la mejora en su control del haki, pero no desdeñaría la posibilidad de llevar el mismo a su forma final de una vez por todas. La espada rebotó contra su brazo, pero emitió un sonido estridente y agudo. El choque había sido brutal y ni siquiera se trataba de lo mejor que podía hacer Kisuke. A penas era lo más débil, de hecho.
Estaba satisfecho con el resultado.
—Fantástico camarada honhonhon. —Agitó su brazo izquierdo como si intentase deshacerse de una sensación desagradable. Sentía un ligero hormigueo recorriendo sus músculos, pero no era de dolor, sino de emoción. Su cuerpo le pedía acción, pero no estaba ahí para pelearse con su amigo, sino para ayudarle. Además, una pelea entre dos personas de tal poder sólo podría desenlazar en el hundimiento irremediable del barco. La pompa no soportaría un combate entre Kisuke y Don Bambú por amistoso que fuera. —¿Puedes seguir? Inténtalo una vez más, a ver si lo mantienes después del ataque y después haremos una pequeña pausa para comer. Te vendrá bien, ya verás. —Siempre que había entrenado el haki de forma intensiva sus maestros le ofrecieron comida entre entrenos. Y la comida siempre le ayudaba a restablecer su espíritu y renovar sus fuerzas. Era impresionante lo que podían hacerle un par de bocados a una persona agotada espiritualmente.
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