16-09-2023, 12:12 PM
Cuando el panda se paró a fumar, se fijó en la evidente presencia de un atún de 50 kilos aleteando en la cubierta del barco, buscando regresar de alguna manera al mar, pero siendo completamente incapaz de ello. Se sacudía y golpeaba el barco con todo su cuerpo. Tiró barriles, tiró cajas e hizo que la embarcación se tambalease, pero pronto la carencia de oxígeno hizo mella en la criatura, que se quedó en un estado de movilidad muy reducida, casi inconsciencia. El atún estaba increíble, sobre todo en el sushi, que era como más le gustaba, y Don Bambú ya estaba imaginándose los platos que prepararía el peliblanco con aquella criatura. No podía negarlo, cocinaba muy bien. No faltaba a una de las comidas y se ofrecía a ayudar a pelar patatas o lo que fuera si eso facilitaba el trabajo del espadachín. Tener al chef contento era lo mejor que se podía hacer. Derya, por su parte, parecía contenta con la lista en general, sobre todo con la idea de los Den Den Mushis. Aquellos caracoles con auriculares le parecían imprescindibles para todo revolucionario con un mínimo de organización. Don Bambú ya imaginaba que iría con ella o con el otro oso a comprar cosas, porque ¿a quién se le ocurriría emparejarle con el peliblanco para hacer compras como si fueran los mejores amigos? Casi se rio ante la idea en su cabeza. El barco llegó a su destino en alrededor de 10 minutos, aunque el panda en su ignorancia había anticipado todavía un par de horas. Quedó patente su ignorancia en todo lo que pertenece al arte de la navegación. El panda fue a por su mochila y metió de cualquier manera sus pertenencias. Si alguien pretendía encontrar algo ahí dentro, menuda se iba a encontrar. Se presentó en cubierta de nuevo, listo para iniciar el viaje con el oso o con Derya. Sin embargo, para su infinita desgracia, Derya había tenido la idea de que así fuera. Don Bambú y Kovashi juntos por Loguetown.
Sería un milagro que la ciudad permaneciese intacta tras la catástrofe que se avecinaba.
La reacción de Kovashi no se hizo esperar, aunque el panda se la había imaginado más agresiva. —Tenemos todo el día, podemos pasar por un bar, o una tienda de licores. —Le daba igual hacer eso antes o después, porque ya había planeado comprar una cantidad de alcohol ridícula. Cuando el barco llegó al puerto, saltó de la cubierta a tierra y esperó pacientemente a su compañero de viaje.
Sería un milagro que la ciudad permaneciese intacta tras la catástrofe que se avecinaba.
La reacción de Kovashi no se hizo esperar, aunque el panda se la había imaginado más agresiva. —Tenemos todo el día, podemos pasar por un bar, o una tienda de licores. —Le daba igual hacer eso antes o después, porque ya había planeado comprar una cantidad de alcohol ridícula. Cuando el barco llegó al puerto, saltó de la cubierta a tierra y esperó pacientemente a su compañero de viaje.
