20-05-2025, 04:47 PM
Ashura se enfureció como una tormenta de humo cuando le di mi posible diagnóstico. Se hinchó y me gritó lleno de ira. En ningún momento había dicho que fuese culpa suya, simplemente, que esos que se llaman a sí mismos revolucionarios, pueden ser más peligrosos de lo que aparentan. O puede que solamente estén enfermos y por eso se comportan de ese modo. De cualquier manera, no iba a ser un diagnostico que volviera a plantearle a Ashura, pero sí debía buscar una cura por si acaso alguno más caía en este tremendo mal.
El capitán dijo, deshinchándose de este enfado, que iba a contagiarme. Puede que una pequeña parte de la enfermedad, ligeramente controlada, pueda hacer que mi cuerpo genere anticuerpos para poder defenderme de él en un futuro. Me parecía bien y asentí. Cerré mis ojos y, calmé mi mente. En el fondo seguía preocupado por el demonio, al cual no lo notaba como siempre, aunque ese instante de enfado desmedido, me había hacho mantener la esperanza en él.
No necesitaba ni cerrar los ojos ni mantener la mente en calma para saber lo que quería Ashura. Lo conozco bien y sé que en lo que piensa constantemente es en destruir el mundo a su paso. Esa es nuestra misión. Pero ciertamente, me intrigaba el hecho de que me pidiera adivinar sus intenciones, por lo que me cubrí con ambos brazos dejando las manos a la altura de las orejas por si me venía una hostia de alguno de los lados. – Haz lo que quieras, pero deja la katana quietecita, que no me apetece que me dejes sin cabeza a estas alturas. Recuerda que necesitáis un médico para seguir adelante por si pasan cosas como las de Sabaody. Nunca se sabe qué nos podemos encontrar. – Mis palabras salieron tranquilas y profundas, pero sin un ápice de miedo. Era un recordatorio de por qué me necesitaba. No temía al capitán. Solo que no me apetecía morir así, cayendo en una simple treta para que cerrara los ojos y me clavase el filo de la espada sin poder defenderme.
El capitán dijo, deshinchándose de este enfado, que iba a contagiarme. Puede que una pequeña parte de la enfermedad, ligeramente controlada, pueda hacer que mi cuerpo genere anticuerpos para poder defenderme de él en un futuro. Me parecía bien y asentí. Cerré mis ojos y, calmé mi mente. En el fondo seguía preocupado por el demonio, al cual no lo notaba como siempre, aunque ese instante de enfado desmedido, me había hacho mantener la esperanza en él.
No necesitaba ni cerrar los ojos ni mantener la mente en calma para saber lo que quería Ashura. Lo conozco bien y sé que en lo que piensa constantemente es en destruir el mundo a su paso. Esa es nuestra misión. Pero ciertamente, me intrigaba el hecho de que me pidiera adivinar sus intenciones, por lo que me cubrí con ambos brazos dejando las manos a la altura de las orejas por si me venía una hostia de alguno de los lados. – Haz lo que quieras, pero deja la katana quietecita, que no me apetece que me dejes sin cabeza a estas alturas. Recuerda que necesitáis un médico para seguir adelante por si pasan cosas como las de Sabaody. Nunca se sabe qué nos podemos encontrar. – Mis palabras salieron tranquilas y profundas, pero sin un ápice de miedo. Era un recordatorio de por qué me necesitaba. No temía al capitán. Solo que no me apetecía morir así, cayendo en una simple treta para que cerrara los ojos y me clavase el filo de la espada sin poder defenderme.
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Inventario
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