20-05-2025, 06:59 PM
(Última modificación: 20-05-2025, 07:02 PM por Atlas Gomes Lupus.)
El cabezazo me golpea pleno en el puente del hocico: un chasquido sordo, como si la bóveda del cielo me estallara dentro de la cabeza. Todo se vuelve fugazmente blanco y luego rojo. Oigo mi propio gruñido, grave y entrecortado, pero suena lejano, como filtrado bajo el agua. La vista se me parte en dos; veo al lunarian duplicado, los dos con la espada aún alzada y ese fuego danzando en la espalda. Un hilillo caliente me baja del morro y me tiñe el labio de cobre. Instinto: dar un paso atrás para no caer de bruces. El claro se tambalea, los árboles giran y el ritmo del bosque mi ritmo se descuadra.
Aprieto el collar entre los dedos; el metal frío me clava al presente. Respiro por la boca, hondo, y dejo que el aire helado me queme los pulmones. Sabe a madera húmeda y a orgullo herido. La zumbadera en la cabeza late con cada latido; sé que me he llevado un buen recuerdo de su cráneo de piedra. Conmocionado, sí, pero vivo. Parpadeo fuerte. Una silueta, ahora solo una, ya no dos se mantiene firme frente a mí, espada centrada, ojos encendidos por la adrenalina. Sonríe. Quiere más.
Me relamo la sangre antes de hablar; la voz me sale ronca, pero firme.
-Porra… cabeça de pedra mesmo, hein? arf arf arf- escupo media carcajada mientras sacudo la melena para despejar el mareo y flexiono las rodillas -Tá bom. Samba continua.- No sé si es valentía o pura terquedad de perro grande, pero la energía regresa en oleadas. El zumbido se convierte en tambor. Bajo el centro de gravedad y dejo que el mundo se estabilice; la cadera describe el vaivén mínimo de la ginga, los pies buscan otra vez el compás sobre la alfombra de hojas.
Mi pie izquierdo raspa la hojarasca, arrastra tierra y polvo hacia sus ojos ardientes; no espero cegarlo... y su su fuego quizá aguante eso... pero oye, ¡por intentar no queda nada! Tras eso, trataría de hundir mi pie de nuevo en su caja torácica, intentado clavarlo contra el tronco que crujió antes. Esta vez no hay proyección elegante; sólo pura presión de cuerpo a cuerpo, mi frente pegada a la suya, respiraciones mezcladas... -Agora dançamos no mesmo compasso… ou paramos por aqui?-
Aprieto el collar entre los dedos; el metal frío me clava al presente. Respiro por la boca, hondo, y dejo que el aire helado me queme los pulmones. Sabe a madera húmeda y a orgullo herido. La zumbadera en la cabeza late con cada latido; sé que me he llevado un buen recuerdo de su cráneo de piedra. Conmocionado, sí, pero vivo. Parpadeo fuerte. Una silueta, ahora solo una, ya no dos se mantiene firme frente a mí, espada centrada, ojos encendidos por la adrenalina. Sonríe. Quiere más.
Me relamo la sangre antes de hablar; la voz me sale ronca, pero firme.
-Porra… cabeça de pedra mesmo, hein? arf arf arf- escupo media carcajada mientras sacudo la melena para despejar el mareo y flexiono las rodillas -Tá bom. Samba continua.- No sé si es valentía o pura terquedad de perro grande, pero la energía regresa en oleadas. El zumbido se convierte en tambor. Bajo el centro de gravedad y dejo que el mundo se estabilice; la cadera describe el vaivén mínimo de la ginga, los pies buscan otra vez el compás sobre la alfombra de hojas.
Mi pie izquierdo raspa la hojarasca, arrastra tierra y polvo hacia sus ojos ardientes; no espero cegarlo... y su su fuego quizá aguante eso... pero oye, ¡por intentar no queda nada! Tras eso, trataría de hundir mi pie de nuevo en su caja torácica, intentado clavarlo contra el tronco que crujió antes. Esta vez no hay proyección elegante; sólo pura presión de cuerpo a cuerpo, mi frente pegada a la suya, respiraciones mezcladas... -Agora dançamos no mesmo compasso… ou paramos por aqui?-
Caseta de Rol
