[Presente Absoluto - Aventura T2] La bandera de la justicia.
#2
Aquellos también estaban aquí. Aquellos a quienes se nos encargó el peso del mundo y de nuestras propias torpezas. No recuerdo exactamente la calidez de sus voces, ni los incontables cabellos que tenía cada uno, pero sus rostros los llevo grabados a fuego. Amigos, si es que así les puedo decir, tal vez lo eran. Un grupo de gente de a pie que, por primera vez, me permitió caminar a su lado. Entendieron el peso de mi máscara, la calidez de un papel doblado, el instante sereno de un silencio que habla más que las palabras absurdas. Juntos de nuevo.
Un trámite más, escrito en un estúpido papel manchado, pero que cargaba la solidez de un experimentado. No eran ideas sueltas, sino el entramado de aquel hombre que nos guiaba hacia la nada, o hacia el todo. Ryker. El hombre que apuesta. La verdad, llevaba bastante lejos la idea... o tal vez la recompensa era lo suficientemente valiosa como para que se interesara de más por este grupo de rotos.

El lugar no me era ajeno. Tiempo atrás estuvimos aquí, por lo que se suponía era una plaga. El viejo hermoso y la rubia tal vez seguían en este sitio. Tal vez, si recorría lo suficiente, si caminaba por las migajas que dejamos aquel día, podríamos vivir las mismas emociones.

Éramos tres ahora, también. No sabía muy bien por qué. El más cercano a sargento, Cooperstein y yo. La noche estaba serena, calma. Y en ese eco mudo, el caracol de alguno de ellos rompió la tranquilidad. La orden, desde otra parte de los mares, nos llegó como por arte de magia. Patrullar. Acto casi dictatorial, disciplinado y de presencia. No éramos útiles para nada más que para mostrar los uniformes que, por norma, debíamos llevar planchados e inmaculados.

- ¿Qué te parece?

Le susurré a mi bufanda, buscando ser escuchado por nadie. Se me había hecho habitual esta manía de hablarle al pasado, a restos ambarinos de hilos que parecían más la cuerda que me colgó en un intento fallido de darme muerte, y que ahora eran, en fin, un abrigo. Un viejo y gastado conjunto de hilos.

El colorado habló en serio. En sus palabras cargaba una información extra, como si en aquel tranquilo pueblo hubiera algo más peligroso que simples hormigas. Estábamos al norte. En un pueblo. No podía imaginar una situación que ameritara “pensar antes”. Ciertamente no me importaba demasiado seguir al pie de la letra aquella oración escueta descripta por Ryu. En fin, él siempre fue un hombre como yo, que se mantenía a la deriva, al borde inmediato de ideas que hablaba con una acción excelentemente realizada. No había necesidad de cuestionar. Tendría sus razones.

Extendí la diestra sobre mi frente, como si aquella orden, o más bien recordatorio, necesitara la aprobación de un gesto, una veña de mis dedos en orden sobre el final superior de mi máscara. No dije nada y acompañé desde atrás la caminata de mis compañeros. No por cobardía. Hace mucho tiempo dejé de ser el mismo. Aquel cachorro de mar que levantó la mano para rendirse. Iba atrás por precaución. Para actuar desde el cuidado.

En mi espalda iba colgado Grau, el que siempre está. El que, si vuela, vuelve por evidencia, por costumbre. El que pesa lo suficiente para darme equilibro, para mantenerme enormemente erguido, estético. Pero que es cálido, como si sus simples pliegues me hicieran sentir más libre, más protegido. En este mundo militar, bandido y de piratería, tener la destreza de cargar un arma es una estúpida utilidad de supervivencia. Mas útil que doblar papel, de dar forma al plano para ver imágenes que solo habitan en mi cabeza, y por costumbre, por esas ganas alocadas de que Grau, el mundo, incluyo yo se cambiado, compense a doblar de memoria un papel que llevaba en mi bolsillo.

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RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La bandera de la justicia. - por Caelum Drift - 24-05-2025, 01:06 PM

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