24-05-2025, 06:04 PM
Las olas acarician la arena con calma tras el derrumbe del navío, y siento como si el mar entero hubiera soltado un suspiro de alivio.
Me siento en la orilla, con las piernas aún temblando por el esfuerzo y el gas, pero con la cabeza clara. El Corazón del Mar ya no está. Solo queda el polvo resbalando entre los dedos de Charel, el eco de la canción todavía en el aire… y un silencio que, por primera vez en mucho tiempo, no siento vacío.
- Keehkekeke… vaya final - Comento en voz baja tras unos segundos, más para mi que para el resto, con unas últimas bocanadas de veneno escapando de mis pulmones.
A mi lado, Casca y Charel guardan el mismo silencio. Parece que no hace falta decir nada. La canción ya lo ha dicho todo. No sé qué magia contenía ese artefacto, pero durante esos tres minutos he sentido una paz y camaradería que no recordaba desde hace mucho… o quizás nunca. Como si esa melodía nos envolviera a los tres, cerrando una historia que empezamos juntos casi por accidente tras aquel encuentro fortuito en “La Vieja Gloria”.
“Aunque habíamos trabajado juntos las últimas semanas, tenía la sensación de que no terminábamos de encajar y la coordinación entre nosotros era bastante escasa. Compañeros de trabajo por obligación más que amigos en un viaje… pero en este viaje, entre explosiones, trampas venenosas y fantasmas ausentes keehkekeke… algo ha cambiado y creo que para bien.
No ha sido el tesoro que nos llenará un poco los bolsillos. Es todo lo que ha venido con él.
Charel, resuelta y superviviente, con esa mente ágil y unos ojos que no dejan nada sin revisar, siempre buscando una pista, una salida, una ventaja. Casca, con un temple helado y su cigarro colgando, como si nada en este mundo pudiera alterarle porque ya ha visto o perdido demasiado… por mi parte… me he preocupado de más, he rimado una canción y he partido la pared cuando no había más camino keehkekeke… pero me he sentido parte de algo por lo que merece la pena seguir esforzándose.
El Corazón del Mar no ha sido oro ni gloria. Era esto: una canción en la costa, un momento compartido, la sensación de que algo más grande nos ha unido por un instante. Y aunque el artefacto ya no exista, la música se queda. No puedo sacarla de la cabeza. Ni quiero.”
Respiro hondo, dejo que el aire salado me limpie los pulmones y miro el horizonte.
- Keehkekeke… ¿quién quiere otra aventura?
Digo en voz alta, levantándome con esfuerzo. El cuerpo duele, sí, pero el corazón está más ligero que nunca.
Me siento en la orilla, con las piernas aún temblando por el esfuerzo y el gas, pero con la cabeza clara. El Corazón del Mar ya no está. Solo queda el polvo resbalando entre los dedos de Charel, el eco de la canción todavía en el aire… y un silencio que, por primera vez en mucho tiempo, no siento vacío.
- Keehkekeke… vaya final - Comento en voz baja tras unos segundos, más para mi que para el resto, con unas últimas bocanadas de veneno escapando de mis pulmones.
A mi lado, Casca y Charel guardan el mismo silencio. Parece que no hace falta decir nada. La canción ya lo ha dicho todo. No sé qué magia contenía ese artefacto, pero durante esos tres minutos he sentido una paz y camaradería que no recordaba desde hace mucho… o quizás nunca. Como si esa melodía nos envolviera a los tres, cerrando una historia que empezamos juntos casi por accidente tras aquel encuentro fortuito en “La Vieja Gloria”.
“Aunque habíamos trabajado juntos las últimas semanas, tenía la sensación de que no terminábamos de encajar y la coordinación entre nosotros era bastante escasa. Compañeros de trabajo por obligación más que amigos en un viaje… pero en este viaje, entre explosiones, trampas venenosas y fantasmas ausentes keehkekeke… algo ha cambiado y creo que para bien.
No ha sido el tesoro que nos llenará un poco los bolsillos. Es todo lo que ha venido con él.
Charel, resuelta y superviviente, con esa mente ágil y unos ojos que no dejan nada sin revisar, siempre buscando una pista, una salida, una ventaja. Casca, con un temple helado y su cigarro colgando, como si nada en este mundo pudiera alterarle porque ya ha visto o perdido demasiado… por mi parte… me he preocupado de más, he rimado una canción y he partido la pared cuando no había más camino keehkekeke… pero me he sentido parte de algo por lo que merece la pena seguir esforzándose.
El Corazón del Mar no ha sido oro ni gloria. Era esto: una canción en la costa, un momento compartido, la sensación de que algo más grande nos ha unido por un instante. Y aunque el artefacto ya no exista, la música se queda. No puedo sacarla de la cabeza. Ni quiero.”
Respiro hondo, dejo que el aire salado me limpie los pulmones y miro el horizonte.
- Keehkekeke… ¿quién quiere otra aventura?
Digo en voz alta, levantándome con esfuerzo. El cuerpo duele, sí, pero el corazón está más ligero que nunca.
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