29-05-2025, 10:02 AM
(Última modificación: 29-05-2025, 10:03 AM por Beto Matashita.)
Aparentemente algunas de mis palabras habían sido mal interpretadas y mal recibidas por la señorita Berry. Que Dios me perdone por ofender involuntariamente a otra persona. Las lágrimas no pudieron detenerse de mis mejillas, ahora no solo por imaginar la vida solitaria de la mink, sino por la culpa de haber herido sus sentimientos.
— Te ruego que disculpes mis palabras. Y que no me guardes rencor en tu corazón, amén —le dije antes de que ella se refiriera acerca del señor Kelo— El señor Kelo no pertenece a la revolución por la que yo lucho. Él tiene su propio concepto de libertad. Al igual que probablemente tú tienes el tuyo. Me gustaría ayudarte a encontrar un lugar y así podamos, a la vez, ayudar al bosque. Pero debes demostrarme cuan fuerte eres, demuéstrame un poco más si te apetece.
Pude sentir un golpe en el cráneo, ligeramente doloroso, un segundo golpe en la región occipital de mi cabeza y un tercero en la nuca. El tercer golpe fue mucho más fuerte, y doloroso, incluso hizo que me quejara del dolor. Fue impresionante, tres golpes en tres zonas distintas en tan solo un instante. Era una chica prometedora.
— Tus patadas Berrylosas están a punto de convencerme, sigue así, amén. Kukuku —le dije a Berry luego de aquellas tres patadas. Además, pude sentir como se aferraba a mi espalda.
Realice dos latigazos hacia mi propia espalda, buscando impactar sobre la curiosa mink. Esos latigazos, si fallaban, me servirían igual de castigo por haberla ofendido antes. Merecía recibir un centenar de latigazos por mi insolencia y falta de tacto.
— Me pregunto si el señor Kelo se encuentra bien. Es raro que no haya venido a buscarme. Supongo que no debo preocuparme —pensé—. Que mi Dios lo proteja.
Mientras pensaba en el señor Kelo también pensé si Berry se encontraba bien tras mis latigazos. Ojala entendiera que era una simple prueba y que no era nada personal.
— Te ruego que disculpes mis palabras. Y que no me guardes rencor en tu corazón, amén —le dije antes de que ella se refiriera acerca del señor Kelo— El señor Kelo no pertenece a la revolución por la que yo lucho. Él tiene su propio concepto de libertad. Al igual que probablemente tú tienes el tuyo. Me gustaría ayudarte a encontrar un lugar y así podamos, a la vez, ayudar al bosque. Pero debes demostrarme cuan fuerte eres, demuéstrame un poco más si te apetece.
Pude sentir un golpe en el cráneo, ligeramente doloroso, un segundo golpe en la región occipital de mi cabeza y un tercero en la nuca. El tercer golpe fue mucho más fuerte, y doloroso, incluso hizo que me quejara del dolor. Fue impresionante, tres golpes en tres zonas distintas en tan solo un instante. Era una chica prometedora.
— Tus patadas Berrylosas están a punto de convencerme, sigue así, amén. Kukuku —le dije a Berry luego de aquellas tres patadas. Además, pude sentir como se aferraba a mi espalda.
Realice dos latigazos hacia mi propia espalda, buscando impactar sobre la curiosa mink. Esos latigazos, si fallaban, me servirían igual de castigo por haberla ofendido antes. Merecía recibir un centenar de latigazos por mi insolencia y falta de tacto.
— Me pregunto si el señor Kelo se encuentra bien. Es raro que no haya venido a buscarme. Supongo que no debo preocuparme —pensé—. Que mi Dios lo proteja.
Mientras pensaba en el señor Kelo también pensé si Berry se encontraba bien tras mis latigazos. Ojala entendiera que era una simple prueba y que no era nada personal.
resumen
bélico
inventario
karmas usados
gastos y daños
