02-06-2025, 04:48 PM
El capitán tenía razón. No habíamos cumplido los objetivos, pero también es cierto que no esperábamos que las otras bandas piratas, los comunistas y los putos marines llegásemos todos a la vez a aquella isla. Realmente había sido una serie de catastróficas desdichas que nos habían jugado una mala pasada. Si todo hubiese sido como debería, seguramente hubiésemos cumplido los objetivos con creces. El zorro explosivo podría haber ido a por el otro barco, que resultaba ser de los Alas Negras y explotar llevándose a alguno de ellos por delante, en lugar del brazo de nuestro reciente espadachín... Pero las cosas suceden por algo. Quizá no hubiésemos salido vivos si no nos hubieran interrumpido constantemente. -Un almirante son palabras mayores. Piensa que éramos tres para matar a un simple capitan. Yo me crucé con un pájaro llameante llamada Comodoro Karlglass. También estaba Tobías Murray. Intentamos hacer equipo, pero fue complicado. La marine era más rápida de lo que podía afrontar incluso con mis rayos. - Mi mirada se perdía ahora en el infinito entre la butaca donde se sentaba el demonio hecho persona y mis ojos. - Hay gente realmente fuerte ahí fuera, pero nadie nos pudo matar aún. Quizá no hayamos conseguido los objetivos que nos habíamos planteado, pero nadie nos ha podido matar tampoco. Volvamos con más fuerza. Con más Haki. Con más velocidad y con toda la sed de sangre que nos dejó ese puto archipiélago. - Mi voz sonaba como antes, pero ahora mis ojos se dirigían hacia los del capitán y emanaban seguridad y decisión. Con un brillo que solo podía hacer pensar que lo único que quería en el mundo era matar a todo ser inferior a mi.
Volví a cerrar los ojos y me concentré en el diminuto navegante. Era complicado, pero inspeccioné cada rincón con mi mente, buscando dentro del niebla de guerra. Busqué desde la blanca quilla bajo nuestros pies hasta la punta del palo mayor, donde reposaban las velas moradas moradas en la verga mayor. Busqué el la cocina, en los camarotes y, finalmente lo encontré, apoyado al lado del timón echando una siesta. Sonreí sin decir una palabra. Menudo navegante. Debería estar más atento. Aunque, realmente nos estábamos hundiendo, no avanzando. Era una situación extraña tras otra.
Volví a cerrar los ojos y me concentré en el diminuto navegante. Era complicado, pero inspeccioné cada rincón con mi mente, buscando dentro del niebla de guerra. Busqué desde la blanca quilla bajo nuestros pies hasta la punta del palo mayor, donde reposaban las velas moradas moradas en la verga mayor. Busqué el la cocina, en los camarotes y, finalmente lo encontré, apoyado al lado del timón echando una siesta. Sonreí sin decir una palabra. Menudo navegante. Debería estar más atento. Aunque, realmente nos estábamos hundiendo, no avanzando. Era una situación extraña tras otra.
Resumen
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