09-06-2025, 04:01 PM
El talón bajó como un martillo, cortó el aire y… nada. Vacío. El lunarian se me había doblado hacia atrás con la calma de una rama flexible, dejándome pasar rozando su nariz. Durante un par de pulsos estuvimos pegados, yo con la pierna aún en alto, él inclinado como si la gravedad no le importara. Me miró de frente, guiñó un ojo y murmuró algo que acabó en un “todavía te falta”. Lo habría aplaudido de no estar colgado en mitad del giro.
Aterricé con un chasquido seco, las plantas hundiéndose en el musgo apachurrado. El corazón bombeaba como tambor de bloco; podía oír mi propia sangre silbando dentro de los oídos. Iba a reírme, a responderle con otra lanzada para ver hasta dónde llegaba esa elasticidad suya, cuando un crujido distinto perforó el claro. Algo tenso y áspero rompiéndose. No madera. No hueso. Un latigazo.
Kelo parpadeó, la sonrisa se le ennegreció un matiz y murmuró el nombre de su gigante:
-Beto
-Ouvi, sim. -respondí, pasándome el antebrazo por el morro para limpiarme la sangre que seguía goteando. -Mas não faço ideia de quem é esse tal Beto.-
Apreté los dedos sobre el muslo magullado; el codazo que me había llevado seguía pulsando allí, recordándome que las bromas se pagan. Por un segundo calculé: si aquel “Beto” era amigo suyo y estaba en problemas, lo lógico sería que el lunarian saliera disparado a socorrerlo. Me tocaría decidir si seguía la fiesta o me largaba a mis asuntos. Pero Kelo no dio un paso. Ni uno. Mantuvo la postura relajada, garras aún fuera, pero sin prender el fuego, como si esperara el mínimo gesto para lanzarse o relajarse. Inspiré despacio, dejando que el aire frío me llenara los pulmones. De pronto aquel retintín lejano se repitió, más apagado. Algo metálico balanceándose... pero sabes que, que por el momento me la sudaba vastísimo, quería seguir danzando con este personaje por lo menos unos segundos mas. Por lo que aprovechando que se encontraba distraído. Me giré sobre mi mismo, dando un pequeño salto antes sobre mi mismo, girando para tratar de golpearle con fuera directamente en la cara a forma de venganza.
-Agora, caramba, vamos ver o teu amigo. Woof.
Aterricé con un chasquido seco, las plantas hundiéndose en el musgo apachurrado. El corazón bombeaba como tambor de bloco; podía oír mi propia sangre silbando dentro de los oídos. Iba a reírme, a responderle con otra lanzada para ver hasta dónde llegaba esa elasticidad suya, cuando un crujido distinto perforó el claro. Algo tenso y áspero rompiéndose. No madera. No hueso. Un latigazo.
Kelo parpadeó, la sonrisa se le ennegreció un matiz y murmuró el nombre de su gigante:
-Beto
-Ouvi, sim. -respondí, pasándome el antebrazo por el morro para limpiarme la sangre que seguía goteando. -Mas não faço ideia de quem é esse tal Beto.-
Apreté los dedos sobre el muslo magullado; el codazo que me había llevado seguía pulsando allí, recordándome que las bromas se pagan. Por un segundo calculé: si aquel “Beto” era amigo suyo y estaba en problemas, lo lógico sería que el lunarian saliera disparado a socorrerlo. Me tocaría decidir si seguía la fiesta o me largaba a mis asuntos. Pero Kelo no dio un paso. Ni uno. Mantuvo la postura relajada, garras aún fuera, pero sin prender el fuego, como si esperara el mínimo gesto para lanzarse o relajarse. Inspiré despacio, dejando que el aire frío me llenara los pulmones. De pronto aquel retintín lejano se repitió, más apagado. Algo metálico balanceándose... pero sabes que, que por el momento me la sudaba vastísimo, quería seguir danzando con este personaje por lo menos unos segundos mas. Por lo que aprovechando que se encontraba distraído. Me giré sobre mi mismo, dando un pequeño salto antes sobre mi mismo, girando para tratar de golpearle con fuera directamente en la cara a forma de venganza.
-Agora, caramba, vamos ver o teu amigo. Woof.
casinha de cachorro
