[FIC] Chatarra, vapor y secretos. ¡El enorme Sapo de Humo!
#5
Tras vencer a aquella cosa, ese monstruo baboso cubierto de metal y podredumbre, avancé por el pasillo como si mis propios pasos pesaran el doble. Todavía sentía el ardor en los nudillos, la piel despellejada, los músculos vibrando con ese temblor involuntario que llega después de una pelea en la que tu cuerpo da más de lo que tiene. Pero no me detuve. El túnel comenzó a ensancharse, como si estuviera entrando en las fauces abiertas de un titán olvidado, y cuando alcancé la siguiente sala, casi me quedé sin aliento. Allí dentro, la oscuridad era un velo tenue, iluminado por decenas, tal vez cientos de piedras brillantes que sobresalían de las paredes como cristales atrapados en una herida vieja. No eran iguales. Algunas despedían un resplandor azul pálido, otras un rojo casi cálido, y las más extrañas centelleaban con destellos intermitentes, como si respiraran. Había un rumor constante en el ambiente, un zumbido apenas audible, como si la propia cueva estuviera viva. Pero lo que más me golpeó fue el olor. No sabría describirlo con precisión: dulce, empalagoso, pero también ácido, con un deje a fruta podrida mezclada con algún químico extraño. A cada bocanada que inhalaba, sentía que el mundo me daba vueltas, como si el suelo se inclinara hacia los costados y mis rodillas amenazaran con doblarse. Me llevé el antebrazo a la boca, intentando filtrar el aire, pero era inútil. Todo el ambiente estaba saturado. Empecé a tambalearme, con los latidos golpeando mis sienes, cuando una sombra se deslizó junto a mí. Apenas pude reaccionar. Fue un destello de color: trenzas largas, gruesas, de un tono rosa encendido. El chico apareció casi como un espejismo, con movimientos rápidos y precisos. Sin decir palabra, me encajó un respirador en la cara, un artilugio rudimentario hecho con tubos, filtros y cinta. El aire filtrado entró como un río frío en mis pulmones, y sentí el vértigo retroceder poco a poco. Fue entonces cuando lo escuché por fin. Su voz, aguda pero tranquila, rompiendo la tensión como quien apaga una vela. -Me llamo Dailos- Dijo, ladeando la cabeza con curiosidad. -¿Y tú qué diablos haces por aquí?-

IMAGEN DE DAILOS


Le respondí con la verdad, sin adornos ni medias tintas, tal como suelo hacer cuando el instinto me dice que puedo confiar. -Estoy buscando al Gran Sapo de Humo- Solté con la voz algo pastosa aún por el mareo, aunque mis ojos ya estaban más firmes. -Dicen que vive en lo más profundo de esta isla, que es el responsable de todas estas cosas raras… y quiero vencerlo-. Lo dije sin fanfarronear, sin la sonrisa de siempre. Era un objetivo claro en mi cabeza, algo que había nacido del sueño que tuve con los insectos, pero también se había ido convirtiendo en una especie de obsesión. Sentía que derrotarlo iba a probar algo. Tal vez a mí mismo. Tal vez a otros. Aún no lo tenía del todo claro, pero lo necesitaba. Dailos abrió mucho los ojos. No sé si por la osadía de lo que acababa de decir o por el nombre del enemigo en sí, pero de inmediato vi cómo su expresión cambiaba. Pasó de la sorpresa al desconcierto, y luego a un gesto más contenido, como si estuviera guardándose algo. -Mi hermano…- Murmuró, bajando la mirada un instante antes de clavarla en las piedras brillantes del suelo. -Él también vino buscando al Sapo de Humo… y nunca volvió. Fue hace dos años. Todos pensaron que había muerto o escapado, pero yo… yo supe que algo no encajaba.- Sus palabras no eran teatrales. Había un dolor real allí, esa mezcla amarga de esperanza persistente y duelo no resuelto. Sentí un cosquilleo en el pecho, como si esa historia, de algún modo, me tocara más de lo que esperaba. -Entonces estamos los dos buscando al mismo monstruo...- Dije, esbozando una sonrisa ladeada mientras me acomodaba el respirador. -Y si vamos juntos, tenemos más posibilidades de encontrarlo… y de salir enteros, ¿no crees?-. Dailos tardó unos segundos, pero asintió con determinación. Fue un gesto pequeño, pero en su mirada pude ver cómo la duda se convertía en decisión. En ese momento supe que no iba a continuar la travesía solo, y eso, en un sitio tan olvidado como aquel… era un verdadero alivio.

La noche fue corta y pesada, aunque el cansancio era de esos que se clavan profundo en los huesos. Dormimos apoyados contra unas formaciones rocosas que brillaban levemente con un fulgor verdoso, casi fantasmal, como si la propia caverna respirara en silencio. Entre sueños entrecortados y el eco lejano de gotas cayendo desde algún rincón escondido, mi mente no dejaba de vagar, repasando una y otra vez lo que se venía por delante. No era solo el desafío de encontrar a ese maldito Sapo de Humo, sino lo que representaba. Era enfrentar un símbolo de desapariciones, un rumor convertido en amenaza real. No eran cuentos. No eran habladurías. Si ese bicho era responsable de llevarse a la gente, entonces alguien debía ponerle fin. Y si ese alguien era yo, pues mejor. Ya estaba metido hasta el cuello. Cuando abrí los ojos, sentí la rigidez del cuello y los músculos cargados, pero también algo más: determinación. Esa que nace del estómago y se te sube por el pecho como una llama pequeña pero inapagable. Dailos ya estaba despierto también, sentándose a mi lado mientras ajustaba el respirador a su cara. Sus trenzas rosas estaban algo revueltas, y por un segundo parecía un crío normal, sin tragedias ni monstruos de por medio. Pero cuando me miró, vi esa misma chispa que yo sentía dentro. Ambos estábamos decididos. -Hoy va a ser el día- Murmuré mientras me ponía en pie, sacudiendo el polvo de mis botas. Mi voz sonaba segura, pero no era por valentía pura. Era terquedad. Un orgullo estúpido o tal vez una promesa callada a todos esos chicos que nunca regresaron. Dailos asintió sin decir palabra, y juntos comenzamos a recoger nuestras cosas: un par de linternas, algo de cuerda, pequeñas provisiones. Ninguno de los dos dijo lo que pensábamos realmente, pero lo sentí en el aire: sabíamos que no estábamos yendo solo a cazar un animal extraño. Íbamos a pelear contra el miedo mismo de aquel lugar. Íbamos a enfrentarnos a algo que llevaba años devorando a la gente en silencio. Íbamos a hacer ruido. Mucho ruido.
[Imagen: oSgdXs8.png]
Alas Negras
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RE: [FIC] Chatarra, vapor y secretos. ¡El enorme Sapo de Humo! - por Kenzo D. Fujiwara - 23-06-2025, 12:43 PM

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