27-06-2025, 08:36 PM
El bosque crujía y algunos animales rugían o aullaban en la distancia. Entre tantos sonidos una voz familiar llegó a mis oídos, en claro tono de regaño. Era la voz del señor Kelo. Aparentemente, el ruido de antes se trataba de él y no de Berry.
— ¿Señor Kelo? ¿Se encuentra bien? Espero no haberle causado ningún daño. Parece que siempre estoy causando problemas debido a mi torpeza, amén. Dígame, por favor, que no le he causado daño —dije mientras mis ojos empezaban a ponerse acuosos—. Que Dios tenga piedad de mí.
Tomé de nuevo mi látigo y ya me disponía a autoflagelarme cuando escuché la pregunta del señor Kelo. Me preguntó por una enemiga. Seguramente se estaba refiriendo a Berry. Eso queria decir que se encontraba bien, aunque me empezó a extrañar que no hiciera ruido alguno y que no volviera a cruzar palabras conmigo
— ¿Te refieres a Berry? No es un peligro. De hecho pretendo llevarla a mi cabaña y presentársela a Ken. Si no tiene un lugar al que ir, siempre puede encontrar un lugar en las filas de la armada —le respondí a mi querido vecino—. Estaba poniéndola a prueba porque ya sabes como es Ken con el tema de la fuerza, amén.
Intenté caminar hacia el señor Kelo siguiendo su voz, sin embargo en el camino tropecé con uno de los troncos esparcidos en el suelo. Mi pie izquierdo resbaló con dicho tronco y terminé cayendo de espaldas, lo que causó de nuevo un gran estruendo.
La caída fue dolorosa, sobre todo por el hecho de caer sobre todos los fragmentos de rocas y arboles que ahora se encontraban debajo de mi. Quizá era el castigo que el cielo me estaba imponiendo por mis actos violentos. Me lo merecia, probablemente.
— Señor Kelo, creo que será mejor irnos a casa por ahora. Hoy me encargo yo de cocinar —dije desde el suelo mientras metía mi mano derecha entre mis ropas para sacar una bolsa con monedas—. Usen esto como presente para que compren ingredientes de lo que deseen comer hoy. Cocinaré con gusto.
— ¿Señor Kelo? ¿Se encuentra bien? Espero no haberle causado ningún daño. Parece que siempre estoy causando problemas debido a mi torpeza, amén. Dígame, por favor, que no le he causado daño —dije mientras mis ojos empezaban a ponerse acuosos—. Que Dios tenga piedad de mí.
Tomé de nuevo mi látigo y ya me disponía a autoflagelarme cuando escuché la pregunta del señor Kelo. Me preguntó por una enemiga. Seguramente se estaba refiriendo a Berry. Eso queria decir que se encontraba bien, aunque me empezó a extrañar que no hiciera ruido alguno y que no volviera a cruzar palabras conmigo
— ¿Te refieres a Berry? No es un peligro. De hecho pretendo llevarla a mi cabaña y presentársela a Ken. Si no tiene un lugar al que ir, siempre puede encontrar un lugar en las filas de la armada —le respondí a mi querido vecino—. Estaba poniéndola a prueba porque ya sabes como es Ken con el tema de la fuerza, amén.
Intenté caminar hacia el señor Kelo siguiendo su voz, sin embargo en el camino tropecé con uno de los troncos esparcidos en el suelo. Mi pie izquierdo resbaló con dicho tronco y terminé cayendo de espaldas, lo que causó de nuevo un gran estruendo.
¡BOOOOM!
La caída fue dolorosa, sobre todo por el hecho de caer sobre todos los fragmentos de rocas y arboles que ahora se encontraban debajo de mi. Quizá era el castigo que el cielo me estaba imponiendo por mis actos violentos. Me lo merecia, probablemente.
— Señor Kelo, creo que será mejor irnos a casa por ahora. Hoy me encargo yo de cocinar —dije desde el suelo mientras metía mi mano derecha entre mis ropas para sacar una bolsa con monedas—. Usen esto como presente para que compren ingredientes de lo que deseen comer hoy. Cocinaré con gusto.
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bélico
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karmas usados
gastos y daños
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