18-09-2023, 10:34 PM
(Última modificación: 18-09-2023, 10:55 PM por Mihasy Junsho.)
La mujer parecía nerviosa, no entraba en si, estaba ida y se notaba que no era capaz de centrar sus pensamientos en lo que estábamos diciéndole. Para colmo había mucha gente por los alrededores, Terence guió a la mujer hacia el interior de la casa, donde tras relajarse unos instantes, la señora comenzó a hablar algo más, Terence, tras estar investigando la casa y las fotos familiares le preguntó por su marido, al parecer es un marine que está fuera en algún tipo de misión, no era muy relevante al parecer, pero sirvió para que la mujer volviera en sí y comenzara a hablar, aunque tan solo fuera un poco, por que después le volvió a preguntar por su hijo, y parece ser que ella no sabía en realidad que había ocurrido, solamente había desaparecido sin dejar rastro tras escuchar unos gritos. Todo parecía indicar un secuestro.
Tal vez si pudiera haber alguna relación, tal vez unos maleantes que no les gustaba la marina, a saber qué podría ser, pero estábamos en blanco, no teníamos nada por donde buscar ni pista alguna que seguir. Terence abandonó la casa de la mujer que se sentaba, parecía estar completamente ida, abatida, conocía esa sensación, hacía mucho que había olvidado lo que era, y ahora esos recuerdos volvían a mí con terribles punzadas de dolor. El pasado es doloroso, siempre lo es, pero no puedo dejarme llevar ahora, el presente es lo que importa, y tal vez yo no consiguiera ayudar a mi madre, pero si estaba en mi mano poder ayudar a esta mujer a no perder a su hijo, haría todo lo que estuviera en mi mano para ello.
Miré a Legan, cruzamos una mirada cómplice donde él asintió, por una vez, tal vez la primera desde que le conocía, pensábamos igual, tal vez le sorprendiese verme tan implicado en este tema, al fin y al cabo nunca he hablado de mi pasado con él. Ni con nadie. Siempre he huído de los problemas estando con él, en esta ocasión pareciera como si los estuviese buscando, ni yo mismo me reconocía. Tras esa mirada simplemente se marchó de la casa junto con Terence. Mi pasado no era lo único que le había ocultado a Legan, también había algo que ni siquiera me gustaba de mí mismo, aquella habilidad extraña, no recordaba cuánto hacía que se hallaba en mí. Miré la palma de mi mano derecha, sus consecuencias no me gustan para nada, por útil que pueda resultar. Pero debía hacerlo, y ahora no había nadie para verlo.
Me aproximé a la señora, me arrodillé delante de ella, comprendía por lo que estaba pasando, le puse mi mano en su hombro y le miré fijamente, tal vez fuera por la cercanía de los sentimientos que estaba experimentando ella, tal vez por empatía de comprender y compartir uno de los mayores dolores que puede haber en esta vida, pero por una vez sentí que alguien no me miraba con miedo ni desprecio, sino con esperanza y complicidad, no nos conocíamos de nada, pero sentí que esa mujer confiaba en nosotros, seguramente pensando que podría ser la única esperanza de encontrar a su hijo, producto de la desesperación, o tal vez sea esa misma desesperación que la llevaba a resignarse a la posibilidad de volver a ver a su hijo. Tal ves ella supiera algo más de lo que ella misma creía. Solo había una forma de saberlo.
-No se preocupe. Traeremos a Ezequiel.
La señora sin mediar una sola palabra comenzó a soltar lágrimas, ni siquiera su expresión facial cambiaba. Comenzaba a sumirse en el caos del desaliento ante la idea de no volver a ver a su hijo nunca más. No lo iba a permitir. La silla donde estaba sentada estaba próxima a una mesa, vendría perfecto. Llevé mi mano hacia su cabeza con suavidad. Era el momento de hacer aquello que hacía mucho tiempo que renegaba de poder hacer.
Salí de la casa, mi gesto habitualmente serio pero firme había pasado a estar con un claro gesto de enfado, no se si se darían cuenta de ello mis compañeros, Estaba Legan hablando, tratando de elaborar un plan, se quedó mirándome mientras me hablaba, sospechaba que en los barcos podría haber algo de información, quería que fuera hacia allí para averiguar lo que pudiera en el muelle, pero no era allí donde íbamos a ir, tal vez no se habría dado cuenta, puesto que tras aquello preguntó si íbamos a ello. Yo simplemente me detuve, mirando en dirección hacia donde habíamos venido.
-No. -Contesté enfurecido.
Avancé unos pasos sin apartar la mirada del astillero donde habíamos estado al principio. Donde nos habíamos encontrado con aquellos tipos que parecían claramente piratas. Ahora tenía claro lo que eran, y no se trataba de piratas, tal vez en el mejor de los casos serían simples mercenarios, pero solamente parecía ser maleantes cercanos, posiblemente gente con deudas pendientes.
-Aquellos tipos tienen al muchacho. -Me giré hacia Legan y Terence.- Los que se nos quedaron mirando, los que entraron en ese barco. Acechaban al muchacho y a la mujer, ellos lo tienen. -Volví a girarme hacia adelante y comencé a andar.- Los voy a matar.
Comencé a correr en dirección hacia los astilleros, ni siquiera consciente de si Legan y Terence vendrían detrás de mí, no me importaba lo más mínimo, solo iba a ir a por ellos, si ya estaban en aquél barco y habían subido al chaval no podíamos perder el tiempo con explicaciones, si querían que vinieran, sino iría yo solo si hacía falta. No podía permitir que eso ocurriese. Una leve punzada de dolor cruzó mi cabeza por un instante. No me gustaba pero debía hacerlo. A veces uno debe renunciar a sus deseos por el bien común, ese niño todavía es muy joven, tiene tan solo ocho años, menos de los que tenía yo mismo. No iba a dejar que se repitiese nada similar a ello.
Llegué a estar próximo al barco, el mismo tipo que había salido a vernos correr hacia fuera, ahora estaba mirándome directamente mientras una mirada de pánico le invadía, parecía que quería dar una voz de alarma a sus compañeros. Estaba claro lo que iba a ocurrir ahí mismo, sin pensarlo dos veces desenvainé mi espada, sujetándola con firmeza mientras iba corriendo hacia el barco que todavía estaba atracado.
Tal vez si pudiera haber alguna relación, tal vez unos maleantes que no les gustaba la marina, a saber qué podría ser, pero estábamos en blanco, no teníamos nada por donde buscar ni pista alguna que seguir. Terence abandonó la casa de la mujer que se sentaba, parecía estar completamente ida, abatida, conocía esa sensación, hacía mucho que había olvidado lo que era, y ahora esos recuerdos volvían a mí con terribles punzadas de dolor. El pasado es doloroso, siempre lo es, pero no puedo dejarme llevar ahora, el presente es lo que importa, y tal vez yo no consiguiera ayudar a mi madre, pero si estaba en mi mano poder ayudar a esta mujer a no perder a su hijo, haría todo lo que estuviera en mi mano para ello.
Miré a Legan, cruzamos una mirada cómplice donde él asintió, por una vez, tal vez la primera desde que le conocía, pensábamos igual, tal vez le sorprendiese verme tan implicado en este tema, al fin y al cabo nunca he hablado de mi pasado con él. Ni con nadie. Siempre he huído de los problemas estando con él, en esta ocasión pareciera como si los estuviese buscando, ni yo mismo me reconocía. Tras esa mirada simplemente se marchó de la casa junto con Terence. Mi pasado no era lo único que le había ocultado a Legan, también había algo que ni siquiera me gustaba de mí mismo, aquella habilidad extraña, no recordaba cuánto hacía que se hallaba en mí. Miré la palma de mi mano derecha, sus consecuencias no me gustan para nada, por útil que pueda resultar. Pero debía hacerlo, y ahora no había nadie para verlo.
Me aproximé a la señora, me arrodillé delante de ella, comprendía por lo que estaba pasando, le puse mi mano en su hombro y le miré fijamente, tal vez fuera por la cercanía de los sentimientos que estaba experimentando ella, tal vez por empatía de comprender y compartir uno de los mayores dolores que puede haber en esta vida, pero por una vez sentí que alguien no me miraba con miedo ni desprecio, sino con esperanza y complicidad, no nos conocíamos de nada, pero sentí que esa mujer confiaba en nosotros, seguramente pensando que podría ser la única esperanza de encontrar a su hijo, producto de la desesperación, o tal vez sea esa misma desesperación que la llevaba a resignarse a la posibilidad de volver a ver a su hijo. Tal ves ella supiera algo más de lo que ella misma creía. Solo había una forma de saberlo.
-No se preocupe. Traeremos a Ezequiel.
La señora sin mediar una sola palabra comenzó a soltar lágrimas, ni siquiera su expresión facial cambiaba. Comenzaba a sumirse en el caos del desaliento ante la idea de no volver a ver a su hijo nunca más. No lo iba a permitir. La silla donde estaba sentada estaba próxima a una mesa, vendría perfecto. Llevé mi mano hacia su cabeza con suavidad. Era el momento de hacer aquello que hacía mucho tiempo que renegaba de poder hacer.
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Salí de la casa, mi gesto habitualmente serio pero firme había pasado a estar con un claro gesto de enfado, no se si se darían cuenta de ello mis compañeros, Estaba Legan hablando, tratando de elaborar un plan, se quedó mirándome mientras me hablaba, sospechaba que en los barcos podría haber algo de información, quería que fuera hacia allí para averiguar lo que pudiera en el muelle, pero no era allí donde íbamos a ir, tal vez no se habría dado cuenta, puesto que tras aquello preguntó si íbamos a ello. Yo simplemente me detuve, mirando en dirección hacia donde habíamos venido.
-No. -Contesté enfurecido.
Avancé unos pasos sin apartar la mirada del astillero donde habíamos estado al principio. Donde nos habíamos encontrado con aquellos tipos que parecían claramente piratas. Ahora tenía claro lo que eran, y no se trataba de piratas, tal vez en el mejor de los casos serían simples mercenarios, pero solamente parecía ser maleantes cercanos, posiblemente gente con deudas pendientes.
-Aquellos tipos tienen al muchacho. -Me giré hacia Legan y Terence.- Los que se nos quedaron mirando, los que entraron en ese barco. Acechaban al muchacho y a la mujer, ellos lo tienen. -Volví a girarme hacia adelante y comencé a andar.- Los voy a matar.
Comencé a correr en dirección hacia los astilleros, ni siquiera consciente de si Legan y Terence vendrían detrás de mí, no me importaba lo más mínimo, solo iba a ir a por ellos, si ya estaban en aquél barco y habían subido al chaval no podíamos perder el tiempo con explicaciones, si querían que vinieran, sino iría yo solo si hacía falta. No podía permitir que eso ocurriese. Una leve punzada de dolor cruzó mi cabeza por un instante. No me gustaba pero debía hacerlo. A veces uno debe renunciar a sus deseos por el bien común, ese niño todavía es muy joven, tiene tan solo ocho años, menos de los que tenía yo mismo. No iba a dejar que se repitiese nada similar a ello.
Llegué a estar próximo al barco, el mismo tipo que había salido a vernos correr hacia fuera, ahora estaba mirándome directamente mientras una mirada de pánico le invadía, parecía que quería dar una voz de alarma a sus compañeros. Estaba claro lo que iba a ocurrir ahí mismo, sin pensarlo dos veces desenvainé mi espada, sujetándola con firmeza mientras iba corriendo hacia el barco que todavía estaba atracado.
