04-08-2025, 05:48 PM
El movimiento de aquel sujeto fue seguramente el peor que pudo hacer. Sin pararse a mirar siquiera a su adversario, con un gesto torpe e impulsivo, lanzó un giro desesperado, ciego por la rabia.
Krysser ya lo había visto antes, muchas veces. La rabia estaba bien, siempre que aprendieras a enfocarla. No era su caso.
El Mink podía leer la intención en los hombros, en la tensión del cuello, incluso en la forma en que el muchacho apretaba los dientes. El golpe no era táctico, no era frío. Era puro instinto, el tipo de reacción que uno tiene cuando siente que su autoridad es cuestionada o cuando, por primera vez, alguien no se arruga ante su voz.
No le hizo falta realizar grandes movimientos para bloquear aquel simple ataque. El codo venía a la altura de su torso, demasiado centrado y sin apuntar a ningún lugar en concreto. Era un error táctico, y Krysser lo aprovechó. Sin perder un segundo, levantó su brazo izquierdo y lo pegó al torso con un movimiento sutil, casi elegante, y el codo del muchacho chocó contra él como una piedra contra un árbol. El bíceps del tigre absorbió gran parte del golpe, y aunque hizo algo de daño, Krysser ni siquiera se tambaleó.
Son embargo, el abusón había cometido el mismo error que aquel joven karateka cometió pocos días antes. Lo había llamado "bestia".
El insulto no lo hirió, no del modo en que tal vez el chico esperaba. No provocó que rugiera, ni que lo embistiera como un animal desatado, no. Provocó algo mucho más peligroso. Que Krysser se enfocara.
Sus ojos se entrecerraron apenas, como si evaluara al chico no como un enemigo, sino como una presa. Una mal entrenada en el arte de huir de los depredadores mayores.
La fuerza del impacto se había disipado con facilidad, y en ese mismo instante, justo en el punto ciego del chico, aprovechando la inercia que él mismo se había dado al girar sobre su pie, Krysser movió el brazo derecho.
No fue un gesto con una violencia desmedida ni una rabia desatada, ni era fruto de la ira. No necesitaba eso. Su cuerpo simplemente fluyó con la precisión de un cazador, como un resorte bien enrasado y automatico. La derecha subió en línea recta, como parte del movimiento mismo de su guardia. El puño cerrado se lanzó directo al rostro del chico, no como un castigo, sino como una importante lección.
No buscaba romperle los dientes, ni aplastarle el orgullo con furia. Solo demostrarle, con brutal claridad, cuán débil era su fuerza cuando se usaba para aplastar a otros, y lo realmente temible que era la fuerza cuando se usaba para proteger a los demás.
No dijo nada. De momento, las palabras le parecían innecesarias. Dejaría que su puño hablara por él, ya había demostrado ser el método de comunicación más eficiente en aquella isla.
Krysser ya lo había visto antes, muchas veces. La rabia estaba bien, siempre que aprendieras a enfocarla. No era su caso.
El Mink podía leer la intención en los hombros, en la tensión del cuello, incluso en la forma en que el muchacho apretaba los dientes. El golpe no era táctico, no era frío. Era puro instinto, el tipo de reacción que uno tiene cuando siente que su autoridad es cuestionada o cuando, por primera vez, alguien no se arruga ante su voz.
No le hizo falta realizar grandes movimientos para bloquear aquel simple ataque. El codo venía a la altura de su torso, demasiado centrado y sin apuntar a ningún lugar en concreto. Era un error táctico, y Krysser lo aprovechó. Sin perder un segundo, levantó su brazo izquierdo y lo pegó al torso con un movimiento sutil, casi elegante, y el codo del muchacho chocó contra él como una piedra contra un árbol. El bíceps del tigre absorbió gran parte del golpe, y aunque hizo algo de daño, Krysser ni siquiera se tambaleó.
Son embargo, el abusón había cometido el mismo error que aquel joven karateka cometió pocos días antes. Lo había llamado "bestia".
El insulto no lo hirió, no del modo en que tal vez el chico esperaba. No provocó que rugiera, ni que lo embistiera como un animal desatado, no. Provocó algo mucho más peligroso. Que Krysser se enfocara.
Sus ojos se entrecerraron apenas, como si evaluara al chico no como un enemigo, sino como una presa. Una mal entrenada en el arte de huir de los depredadores mayores.
La fuerza del impacto se había disipado con facilidad, y en ese mismo instante, justo en el punto ciego del chico, aprovechando la inercia que él mismo se había dado al girar sobre su pie, Krysser movió el brazo derecho.
No fue un gesto con una violencia desmedida ni una rabia desatada, ni era fruto de la ira. No necesitaba eso. Su cuerpo simplemente fluyó con la precisión de un cazador, como un resorte bien enrasado y automatico. La derecha subió en línea recta, como parte del movimiento mismo de su guardia. El puño cerrado se lanzó directo al rostro del chico, no como un castigo, sino como una importante lección.
No buscaba romperle los dientes, ni aplastarle el orgullo con furia. Solo demostrarle, con brutal claridad, cuán débil era su fuerza cuando se usaba para aplastar a otros, y lo realmente temible que era la fuerza cuando se usaba para proteger a los demás.
No dijo nada. De momento, las palabras le parecían innecesarias. Dejaría que su puño hablara por él, ya había demostrado ser el método de comunicación más eficiente en aquella isla.
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