05-08-2025, 12:04 AM
Como la mosca en la tela de la araña.
Kisuke, que bien pudo haberme detectado con la misma facilidad si es que había logrado desarrollar sus habilidades en el haki de la observación, decidió acercar su barco hacia el nuestro en aras de charlar conmigo. Movimiento terriblemente arriesgado pues, o sus capacidades de observar mis intenciones excedían la que yo mismo podía medir de él, o simplemente era muy confiado y asumía que podrían derrotarnos en caso de ser un acercamiento hostil. Sea como fuere, el barco del escuadrón Revolucionario de los Toros negros se aproximó al Kaiser Panzer hasta ubicarse relativamente cerca, a escasos diez metros, y tras plegar sus velas y echar ancla, se detuvo en seco. El hombre se acercó hacia estribor -de su barco- y mientras encendía un cigarro en la oscuridad, saludó como quien se encontraba a un viejo amigo. Nada más lejos de la realidad. — "Las sendas de los justos convergen justo al final." — recité mientras me acercaba a la baranda del barco en dirección a Kisuke. — Estoy bromeando. — dije cambiando el tono a uno mucho más distendido y sonriendo sin mostrar los dientes. — Es un honor encontrarme con usted en esta noche tan oscura, Gran Líder. — dije con cierto ritintín mientras hacía un gesto de reverencia muy irónico con la zurda, manteniendo la diestra bajo la baranda, sin que se viera.
Estaba claro que el nivel de pelea del espadachín revolucionario había aumentado. Yo mismo podía sentirlo y era normal, si había pasado un par de años en el ejército ya debería haber aprendido varias habilidades útiles. Habría que ver cuál era el repertorio de ellas. — Creo que no nos llevamos bien. — dije mientras me giraba sobre mí mismo dando la espalda al revolucionario, apoyando las lumbares en la baranda de cubierta. — Ciertas espadas son reacias a abandonar a su portador y no asumen la autoridad de otros espadachines. — expliqué mirando por encima del hombro izquierdo hacia Kisuke mientras apagaba mi haki poco a poco hasta llegar a los cincuenta metros de distancia. — O eso creo, pero...¿Qué se yo, verdad? JA JA JA JA — reí mientras miraba al artista marcial por encima del hombro izquierdo. — Dime... ¿Tú que piensas? — finalicé retornando al tono serio y seco habitual y apagando mi sonrisa esperando que la respuesta del revolucionario satisficiera mi sed de conversación.
Kisuke, que bien pudo haberme detectado con la misma facilidad si es que había logrado desarrollar sus habilidades en el haki de la observación, decidió acercar su barco hacia el nuestro en aras de charlar conmigo. Movimiento terriblemente arriesgado pues, o sus capacidades de observar mis intenciones excedían la que yo mismo podía medir de él, o simplemente era muy confiado y asumía que podrían derrotarnos en caso de ser un acercamiento hostil. Sea como fuere, el barco del escuadrón Revolucionario de los Toros negros se aproximó al Kaiser Panzer hasta ubicarse relativamente cerca, a escasos diez metros, y tras plegar sus velas y echar ancla, se detuvo en seco. El hombre se acercó hacia estribor -de su barco- y mientras encendía un cigarro en la oscuridad, saludó como quien se encontraba a un viejo amigo. Nada más lejos de la realidad. — "Las sendas de los justos convergen justo al final." — recité mientras me acercaba a la baranda del barco en dirección a Kisuke. — Estoy bromeando. — dije cambiando el tono a uno mucho más distendido y sonriendo sin mostrar los dientes. — Es un honor encontrarme con usted en esta noche tan oscura, Gran Líder. — dije con cierto ritintín mientras hacía un gesto de reverencia muy irónico con la zurda, manteniendo la diestra bajo la baranda, sin que se viera.
Estaba claro que el nivel de pelea del espadachín revolucionario había aumentado. Yo mismo podía sentirlo y era normal, si había pasado un par de años en el ejército ya debería haber aprendido varias habilidades útiles. Habría que ver cuál era el repertorio de ellas. — Creo que no nos llevamos bien. — dije mientras me giraba sobre mí mismo dando la espalda al revolucionario, apoyando las lumbares en la baranda de cubierta. — Ciertas espadas son reacias a abandonar a su portador y no asumen la autoridad de otros espadachines. — expliqué mirando por encima del hombro izquierdo hacia Kisuke mientras apagaba mi haki poco a poco hasta llegar a los cincuenta metros de distancia. — O eso creo, pero...¿Qué se yo, verdad? JA JA JA JA — reí mientras miraba al artista marcial por encima del hombro izquierdo. — Dime... ¿Tú que piensas? — finalicé retornando al tono serio y seco habitual y apagando mi sonrisa esperando que la respuesta del revolucionario satisficiera mi sed de conversación.
Resumen
Off

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