06-08-2025, 12:26 PM
Se me escapaba algo.
Tras devolver la reverencia jocosa, el revolucionario contestó diciendo que ciertamente las circunstancias no ameritaban una buena relación. ¿Cómo? ¿Pensaba que me refería a nosotros? No pude evitar reírme a carcajada abierta. — JA JA JA NO NO, ¡me refería a que no me llevo bien con tu espada! — dije tapándome la boca con la zurda mientras me doblaba ligeramente hacia atrás de la risa. No obstante, si estaba en lo cierto, no se me iba a escapar nada en el mundo y era la razón por la que lo había encontrado. El navegante de los Toros negros prosiguió mi debate sobre las espadas hablando sobre su voluntad, su personalidad... La capacidad de volcar parte de tu alma en ella cuando son hechas para ti de manera explícita. Sí, puede que la cosa fuera por ahí. Sonreí ampliamente, esta vez en silencio mientras observaba y escuchaba al espadachín divagar como yo hice segundos atrás sobre un tema que parecía apasionarle tanto como a mí.
Finalmente, el hombre cuestionó sobre si yo mismo estaba versado en esta clase de armas y sobre lo que buscaba. — ¿Qué buscaba? — me pregunté a mi mismo, dubitativo mientras echaba una mirada al cielo estrellado. — ¿Quién sabe? Depende del momento. — contesté sin bajar la mirada — Durante el día, bañado por el sol, busco ser fuerte, acumular todo el poder posible para proteger a quienes estén conmigo y destruir a quienes estén en mi contra. Bañado por el sol soy un guerrero y cualquier territorio es un campo de guerra esperando bañarlo con sangre. — contesté con un tono firme — Pero cuando cae la noche, cuando todo se apaga y me quedo solo y a oscuras, las cosas cambian. Y donde había guerra, anhelo la paz. Donde había entrenamiento, busco la tranquilidad. Donde derramaba sangre, solo hay silencio. Qué se yo... Supongo que cuando sale la luna, un lobo muestra su verdadero ser. — finalicé bajando la vista a mi interlocutor. Suspiré y guardé silencio durante unos instantes, compartiendo con el revolucionario el sonido del mar en mitad de la oscura noche.
Cuando ya conocía del viaje de los revolucionarios, asumí que el tiempo de Yamigiri junto a mi había finalizado. En la forja, donde cambié su estructura y la grabé, la desenfunde una última vez para darle el debido mantenimiento. Primero la limpié un paño limpio y la golpeé con la herramienta para esparcir el polvo de piedra de pulido. Froté con el paño de manera suave y repetida hasta lucirla como si fuera nueva. Retiré los restos de polvo y fino metal para posteriormente esparcir aceite choji y así prevenir su oxidación. Observé el grabado en sus laterales. Por un lado 闇, Oscuridad, muestra de la negra hoja de Yamigiri. Por otro lado, 敵, enemigo o adversario, muestra de la relación que solo Kisuke podría decidir tener conmigo cuando recibiera esta espada de nuevo.
Tras comprobar la espada una última vez la enfundé. Cogí una tira de telas finas y realicé un sello a su empuñadura. Las telas blancas, que bien parecían vendas, eran finas y firmes, ajustando el mango, guardia y funda de la espada para que no se pudiera abrir de manera inintencionada pero sí con un firme tirón que mostrara la determinación de su portador. Para finalizar, até con una fina cuerda de fibras un amuleto rectangular en la tela. Este rezaba 宿敵, que al contrario del lomo, significaba Archienemigo, simbolizando su relación con Saba, mi espada, pues su dualidad Yin y Yang eran incompatibles y tendrían qque cruzarse infinitamente hasta vencer una de las dos.
— Lo que sí sé es que tienes parte de razón, y ciertas espadas no pueden responder si no es ante su dueño. Quizá es por eso que tu espada no parece amoldarse a mi mano. — dije mientras elevaba la diestra, mostrando a Yamigiri. — Así que he decidido que era momento de devolverla con su dueño, al que creo que añora de cierta manera. — dije, lanzando la espada hasta su posición, asumiendo que tenía la capacidad para cogerla al vuelo sin problemas. — Le he hecho algunas mejoras, estoy seguro de que un espadachín de tu talla sabrá apreciarlas. — gesticulé orgulloso y realicé y un gesto de aprobación juntando mi pulgar e índice derechos — Ahora te llevas parte de mi fuerza y, si me aceptas el consejo, úsala cuando te sea imprescindible. — argumenté señalándole con el mísmo índice — La próxima vez, quizá tengamos que volver a cruzar aceros, pero para eso... Falta tiempo. — dije girándome hacia el interior del Kaiser Panzer y andando unos pasos antes de detenerme para despedirme. — Y por cierto, Kageyama. — llamé su atención con un tono mucho más desafiante pero no agresivo — Mi nombre es Viktor Evans. Y voy a romper los sueños de todo aquel que quiera convertirse en el mejor espadachín del mundo. Así que si esa es tu meta, tendrás que pasar por encima de mí. — sentencié girándome un poco y apuntándome con el pulgar mientras sonreía para finalmente volverme y despedirme con los dos dedos en V.
Tras devolver la reverencia jocosa, el revolucionario contestó diciendo que ciertamente las circunstancias no ameritaban una buena relación. ¿Cómo? ¿Pensaba que me refería a nosotros? No pude evitar reírme a carcajada abierta. — JA JA JA NO NO, ¡me refería a que no me llevo bien con tu espada! — dije tapándome la boca con la zurda mientras me doblaba ligeramente hacia atrás de la risa. No obstante, si estaba en lo cierto, no se me iba a escapar nada en el mundo y era la razón por la que lo había encontrado. El navegante de los Toros negros prosiguió mi debate sobre las espadas hablando sobre su voluntad, su personalidad... La capacidad de volcar parte de tu alma en ella cuando son hechas para ti de manera explícita. Sí, puede que la cosa fuera por ahí. Sonreí ampliamente, esta vez en silencio mientras observaba y escuchaba al espadachín divagar como yo hice segundos atrás sobre un tema que parecía apasionarle tanto como a mí.
Finalmente, el hombre cuestionó sobre si yo mismo estaba versado en esta clase de armas y sobre lo que buscaba. — ¿Qué buscaba? — me pregunté a mi mismo, dubitativo mientras echaba una mirada al cielo estrellado. — ¿Quién sabe? Depende del momento. — contesté sin bajar la mirada — Durante el día, bañado por el sol, busco ser fuerte, acumular todo el poder posible para proteger a quienes estén conmigo y destruir a quienes estén en mi contra. Bañado por el sol soy un guerrero y cualquier territorio es un campo de guerra esperando bañarlo con sangre. — contesté con un tono firme — Pero cuando cae la noche, cuando todo se apaga y me quedo solo y a oscuras, las cosas cambian. Y donde había guerra, anhelo la paz. Donde había entrenamiento, busco la tranquilidad. Donde derramaba sangre, solo hay silencio. Qué se yo... Supongo que cuando sale la luna, un lobo muestra su verdadero ser. — finalicé bajando la vista a mi interlocutor. Suspiré y guardé silencio durante unos instantes, compartiendo con el revolucionario el sonido del mar en mitad de la oscura noche.
Varias noches atrás...
Cuando ya conocía del viaje de los revolucionarios, asumí que el tiempo de Yamigiri junto a mi había finalizado. En la forja, donde cambié su estructura y la grabé, la desenfunde una última vez para darle el debido mantenimiento. Primero la limpié un paño limpio y la golpeé con la herramienta para esparcir el polvo de piedra de pulido. Froté con el paño de manera suave y repetida hasta lucirla como si fuera nueva. Retiré los restos de polvo y fino metal para posteriormente esparcir aceite choji y así prevenir su oxidación. Observé el grabado en sus laterales. Por un lado 闇, Oscuridad, muestra de la negra hoja de Yamigiri. Por otro lado, 敵, enemigo o adversario, muestra de la relación que solo Kisuke podría decidir tener conmigo cuando recibiera esta espada de nuevo.
Tras comprobar la espada una última vez la enfundé. Cogí una tira de telas finas y realicé un sello a su empuñadura. Las telas blancas, que bien parecían vendas, eran finas y firmes, ajustando el mango, guardia y funda de la espada para que no se pudiera abrir de manera inintencionada pero sí con un firme tirón que mostrara la determinación de su portador. Para finalizar, até con una fina cuerda de fibras un amuleto rectangular en la tela. Este rezaba 宿敵, que al contrario del lomo, significaba Archienemigo, simbolizando su relación con Saba, mi espada, pues su dualidad Yin y Yang eran incompatibles y tendrían qque cruzarse infinitamente hasta vencer una de las dos.
Vuelta a la actualidad...
— Lo que sí sé es que tienes parte de razón, y ciertas espadas no pueden responder si no es ante su dueño. Quizá es por eso que tu espada no parece amoldarse a mi mano. — dije mientras elevaba la diestra, mostrando a Yamigiri. — Así que he decidido que era momento de devolverla con su dueño, al que creo que añora de cierta manera. — dije, lanzando la espada hasta su posición, asumiendo que tenía la capacidad para cogerla al vuelo sin problemas. — Le he hecho algunas mejoras, estoy seguro de que un espadachín de tu talla sabrá apreciarlas. — gesticulé orgulloso y realicé y un gesto de aprobación juntando mi pulgar e índice derechos — Ahora te llevas parte de mi fuerza y, si me aceptas el consejo, úsala cuando te sea imprescindible. — argumenté señalándole con el mísmo índice — La próxima vez, quizá tengamos que volver a cruzar aceros, pero para eso... Falta tiempo. — dije girándome hacia el interior del Kaiser Panzer y andando unos pasos antes de detenerme para despedirme. — Y por cierto, Kageyama. — llamé su atención con un tono mucho más desafiante pero no agresivo — Mi nombre es Viktor Evans. Y voy a romper los sueños de todo aquel que quiera convertirse en el mejor espadachín del mundo. Así que si esa es tu meta, tendrás que pasar por encima de mí. — sentencié girándome un poco y apuntándome con el pulgar mientras sonreía para finalmente volverme y despedirme con los dos dedos en V.
Resumen
Off

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